Trump y Rubio engañan al mundo: la verdad sobre Cuba que ocultan con mentiras
El presidente de Estados Unidos y su secretario de Estado repiten una y otra vez que el socialismo cubano es un fracaso. Pero omiten un detalle incómodo: llevan 67 años diseñando una guerra económica para provocar ese mismo fracaso. ¿Quién engaña a quién?

Donald Trump y Marco Rubio han convertido la mentira sobre Cuba en un sistema de propaganda. Quieren hacerle creer al mundo que la crisis que sufre el pueblo cubano es culpa del socialismo, cuando la realidad es muy distinta.
Lo que no dicen —y lo que ocultan con cada declaración— es que Estados Unidos ha trabajado sistemáticamente para derrocar a la Revolución Cubana desde antes incluso de que triunfara.
El plan se tramó antes del triunfo
El 23 de diciembre de 1958. Faltaban días para que Fidel Castro entrara en La Habana. En el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, el director de la CIA fue claro:
«Debemos evitar la victoria de Castro».
El secretario de Estado, Christian A. Herter, secundó: «Parece unánime la opinión de no apoyar el régimen de Castro».
Y el presidente Dwight Eisenhower sentenció:
«Tengo la esperanza en una tercera fuerza que crezca en fortaleza e influencia, si se organizara alrededor de un hombre capaz, pertrechado con financiamiento y armamentos».
Todavía no se había nacionalizado ninguna propiedad estadounidense. Todavía no se había declarado el socialismo. El pecado de Cuba ya existía: querer ser independiente.
El Proyecto Cuba lo explica todo
En noviembre de 1961, el Grupo Ampliado del Consejo de Seguridad Nacional aprobó el llamado Proyecto Cuba. Allí se escribió en letras que hoy duelen:
«La acción política será apoyada por una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país. Las operaciones psicológicas acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen».
Esa es la madre de todas las estrategias. Primero, asfixias económicamente a un país. Luego, usas esa asfixia para culpar a su gobierno. Después, presentas el sufrimiento como prueba de que el sistema no funciona.
No es magia. Es propaganda. Y lleva 67 años aplicándose.
La confesión de Allen Dulles
El director de la CIA en los años 60, Allen Dulles, lo explicó sin tapujos ante el Comité de Inteligencia del Senado cuando presentó el plan contra la URSS. Sus palabras parecen escritas hoy para Cuba:
«Gracias a su diversificado sistema propagandístico, Estados Unidos debe imponer su visión, estilo de vida e intereses particulares al resto del mundo.
«El objetivo final de la estrategia a escala planetaria es derrotar en el terreno de las ideas las alternativas a nuestro dominio, mediante el deslumbramiento y la persuasión, la manipulación del inconsciente, la usurpación del imaginario colectivo y la recolonización de las utopías redentoras y libertarias, para lograr un producto paradójico e inquietante: que las víctimas lleguen a comprender y compartir la lógica de sus verdugos».
¿Les suena familiar? Es exactamente lo que Trump y Rubio hacen cada vez que abren la boca.
Las mentiras que repiten (y los datos que esconden)
Marco Rubio y la mafia terrorista de Miami que financia su campaña afirman con total desvergüenza frases como «Quizás ahora haya una oportunidad para el cambio en Cuba», «En Cuba no hay escasez por culpa de sanciones, hay escasez por culpa del sistema», «Las protestas en Cuba no son organizadas desde afuera, son el resultado del hambre y la desesperación» o «El problema de Cuba no es falta de recursos, es falta de libertad».
Si eso fuera cierto, habría que responder una pregunta muy simple: ¿por qué Estados Unidos sigue imponiendo sanciones?
Si el sistema cubano es tan disfuncional como dicen, si está al borde del colapso por sí mismo, ¿para qué mantener el bloqueo más largo de la historia? ¿Para qué impedir que empresas estadounidenses inviertan, que los turistas viajen, que se hagan intercambios académicos y culturales?
La respuesta es obvia: porque sin el bloqueo, Cuba sí podría desarrollarse. Y ese es el miedo real de Washington.
Lo que Rubio «olvida» mencionar
Trump endureció la política contra Cuba desde su primer mandato. Impuso 244 sanciones, especialmente para frenar el turismo y la entrada de divisas. Eliminó la directiva presidencial de Barack Obama. Incluyó nuevamente a Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo. Presionó a gobiernos que contratan médicos cubanos para cortar el flujo de divisas.
Y en 2026 añadió el bloqueo energético: sancionó a cualquier país que suministrara petróleo a Cuba. Una medida que viola el derecho de otras naciones a comerciar libremente.
Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca, declaró el pasado 30 de marzo de 2026 que no hay un cambio formal en la política de sanciones. Solo permitieron, por razones humanitarias, que un petrolero ruso entregara 100 mil toneladas de crudo.
¿Eso es no tener medidas punitivas? Es tener el pie sobre el cuello y llamarlo «asistencia humanitaria».
La trampa final: provocar la rebelión para justificar la invasión
La vuelta de tuerca de la guerra económica tiene un propósito claro: provocar una rebelión popular. Pero como el pueblo cubano no se levanta contra su gobierno —porque sabe quién es el verdadero culpable—, el peligro es otro.
Trump ha perdido popularidad en Estados Unidos por su guerra contra Irán. Sueña con recuperarla con una aventura militar contra Cuba. La estrategia sería la misma: crear las condiciones de descontento, esperar un estallido y luego presentarse como «liberador».
En Irán les salió mal. Mataron al ayatolá, líder espiritual, y los mismos que protestaban se unieron contra los invasores. En Cuba también les saldrá mal. Porque aquí, como allá, la dignidad pesa más que el hambre.
La verdad es una y sencilla
Exacto fue José Martí cuando apuntó:
«La verdad es una y sencilla».
Y la verdad es que existe una guerra económica, comercial y financiera contra Cuba. Está escrita en leyes que cualquiera puede consultar en Internet: desde la Ley de Comercio con el Enemigo (aplicada el 19 de octubre de 1960) hasta la inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo.
El mundo lo sabe. Por eso cada año, en la Asamblea General de la ONU, la abrumadora mayoría de los países vota contra el bloqueo.
Trump y Rubio pueden seguir mintiendo. Pero la historia, los documentos desclasificados y la resistencia del pueblo cubano hablan más fuerte que todas sus campañas mediáticas juntas.




