fbpx
ESPECIALES

La Doctrina Monroe en el siglo XXI: del garrote militar al lawfare y la disputa por el litio

La máxima de "América para los americanos" no es un vestigio del siglo XIX. Está más viva que nunca, pero ha mutado. Ya no se trata de desembarcos de tropas, sino de una sofisticada red de presión económica, judicial y mediática. El objetivo: controlar los recursos estratégicos de América Latina —litio, cobre, tierras raras, agua— y contener el avance de China. Bienvenidos al neocolonialismo de nueva generación.

La formulación de la Doctrina Monroe en diciembre de 1823 por el presidente James Monroe se presentó formalmente como un axioma de protección hemisférica. Pero, como demuestra la historia, la máxima de «América para los americanos» se tradujo operativamente en la reserva del continente para la hegemonía de Estados Unidos.

A lo largo del siglo XX, esta doctrina mutó: el Corolario Roosevelt de 1904 institucionalizó a Washington como «poder de policía internacional», justificando intervenciones militares directas. Luego, en la Guerra Fría, se transformó en la Doctrina de la Seguridad Nacional, propiciando golpes de Estado y el sostén de dictaduras militares.

En el siglo XXI, el proyecto hegemónico no ha abandonado sus premisas, sino que ha sofisticado sus modos de despliegue. El tránsito desde las intervenciones militares abiertas hacia mecanismos de dominación indirecta ha sustituido los desembarcos de tropas por dispositivos económicos, mediáticos e institucionales de alta complejidad.

1. La nueva cara del imperio: lawfare, sanciones y presión diplomática

La preservación de la hegemonía estadounidense se instrumenta mediante tácticas de guerra híbrida diseñadas para alterar los mapas políticos locales sin necesidad de desplegar intervenciones armadas directas.

El lawfare (guerra judicial)

La judicialización de la política se ha erigido como la herramienta de desestabilización institucional de mayor efectividad. Opera como la perversión de los marcos normativos para perseguir, deslegitimar y proscribir a líderes populares y movimientos políticos opuestos a las reformas estructurales de corte neoliberal.

¿Cómo funciona?

  • Modificación de códigos penales: Se introducen herramientas coercitivas como las delaciones premiadas y las prisiones preventivas arbitrarias para coaccionar a procesados y fabricar testimonios.
  • Penetración en el Poder Judicial: Funcionarios formados en redes de cooperación bilateral asumen roles clave para perseguir a actores opuestos a los intereses transnacionales.
  • Manejo del timing: La apertura de causas o la emisión de fallos se sincroniza con coyunturas electorales clave para dañar la imagen de candidatos progresistas.
  • Tribunales paralelos: Grandes conglomerados de comunicación construyen presunciones de culpabilidad mediática que condicionan la actuación penal.

Casos emblemáticos: La persecución procesal y encarcelamiento de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil (Operación Lava Jato), el destituimiento de Dilma Rousseff, el juzgamiento de Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, y procesos en Ecuador y Bolivia.

Estas operaciones abren paso de manera recurrente a administraciones dispuestas a privatizar activos estatales y desregular el control público sobre minerales estratégicos.

Sanciones coercitivas unilaterales

En paralelo, el empleo de medidas coercitivas y bloqueos económicos funciona como una modalidad de asfixia económica sobre los Estados que desafían la línea geopolítica de Washington. Aplicadas extensivamente en Venezuela, Cuba y Nicaragua, estas sanciones buscan inducir colapsos socioeconómicos severos que desarticulen el tejido social y provoquen la fractura interna de las coaliciones de gobierno.

2. La geopolítica de los recursos: el verdadero botín

El eje neurálgico que impulsa la reactivación de la Doctrina Monroe en el presente siglo es la competencia geoeconómica global por los recursos críticos indispensables para la transición energética y la infraestructura tecnológica.

La postura institucional del Comando Sur de los Estados Unidos (USSOUTHCOM) visibiliza una abierta securitización de la riqueza natural regional. El control sobre el denominado «Triángulo del Litio» (Argentina, Bolivia y Chile, que concentra cerca del 60% de las reservas planetarias), así como el acceso a los mayores depósitos de cobre, oro, tierras raras y la cuenca hídrica amazónica, son catalogados explícitamente no como bienes de intercambio comercial libre y soberano, sino como activos estratégicos esenciales para la seguridad nacional estadounidense.

Los recursos en disputa

Recurso estratégicoConcentración en América LatinaRelevancia en la transición energéticaVector de securitización según EE.UU.
Litio~60% de las reservas globales (Argentina, Bolivia, Chile)Baterías de ion-litio para movilidad eléctrica y almacenamiento de renovablesPrevenir el dominio operativo y de procesamiento por parte de empresas estatales de China
CobrePrincipal foco de producción y reservas (Chile, Perú)Redes de electrificación, componentes de energía limpia y microelectrónicaGarantizar la resiliencia de la cadena de suministro industrial y controlar rutas de navegación
Tierras raras y minerales críticosElevado potencial geológico (Brasil y cuencas andinas)Imanes permanentes para turbinas eólicas, microchips y tecnología militarDesplazar la hegemonía del procesamiento chino mediante esquemas preferenciales de financiamiento
Agua dulce y biodiversidadCuenca Amazónica y Acuífero Guaraní (mayores reservas mundiales)Sostenibilidad agroalimentaria, generación hidroeléctrica y capital ecológicoEstablecer controles de supervisión militar indirecta bajo la narrativa de la lucha contra crímenes medioambientales

Esta militarización conceptual responde al rápido avance de la influencia de China en Iberoamérica a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta y la inversión en infraestructura crítica (megapuertos, pasos bioceánicos). Para Washington, el estrechamiento de vínculos comerciales entre Beijing y la región quiebra el principio de exclusividad hemisférica planteado por Monroe.

3. La arquitectura legislativa: el Americas Act y las elecciones de medio mandato

La reconfiguración de la Doctrina Monroe se expresa formalmente en iniciativas legislativas destinadas a institucionalizar la subordinación comercial y contener la presencia de competidores extracontinentales.

El proyecto de ley bipartidista Americas Trade and Investment Act (Americas Act), impulsado por legisladores como Bill Cassidy, Michael Bennet, María Elvira Salazar y Adriano Espaillat, contempla la movilización de más de 70.000 millones de dólares en incentivos fiscales, créditos a la exportación y financiamiento del Tesoro.

Sin embargo, el acceso a estos recursos está estrictamente condicionado a:

  • La adopción de normativas de gobernanza digital vinculantes.
  • La homogeneización de regulaciones continentales.
  • El compromiso explícito de expulsar el capital de empresas estatales chinas de los sectores de infraestructura y telecomunicaciones.

Instrumentos de injerencia

InstrumentoMecanismo principalÁmbito de aplicaciónObjetivo geopolítico
LawfarePersecución penal mediática, manipulación procesalEstamentos judiciales y ministerios públicos (Brasil, Argentina, Ecuador)Desarticular proyectos soberanistas y revertir regulaciones estatales
Americas ActFinanciamiento para nearshoring ($70B), homogeneización normativaAcuerdos comerciales bilaterales e infraestructuraExpulsar inversiones chinas y monopolizar cadenas de minerales críticos
Despliegue del USSOUTHCOMAsistencia en seguridad, interoperabilidad de fuerzas armadasRutas de navegación clave (Canal de Panamá, Estrecho de Magallanes) y zonas minerasEstablecer la securitización militar de los bienes comunes y desplazar la diplomacia civil
Sanciones coercitivasBloqueo de transacciones financieras, embargos, presiones extraterritorialesEconomías con gobiernos hostiles (Venezuela, Cuba)Provocar crisis socioeconómicas para desestabilizar regímenes no alineados

El diseño y debate de estas normativas se intensifica en el marco de las elecciones de medio mandato (midterm elections) en Estados Unidos. La competencia partidista por mostrar un perfil intransigente frente a China consolida un consenso bipartidista que endurece la política exterior hacia América Latina.

4. La respuesta regional: el No Alineamiento Activo

Frente a la reactivación de la Doctrina Monroe y el riesgo de ser arrastrada como un actor subordinado a la disputa bipolar entre Estados Unidos y China, han emergido alternativas conceptuales encaminadas a preservar la autonomía soberana.

La propuesta del No Alineamiento Activo (NAA), formulada por intelectuales como Carlos Fortín, Jorge Heine y Carlos Ominami, rechaza tanto la neutralidad pasiva del siglo XX como la subordinación dogmática a cualquiera de los polos en pugna.

En un contexto donde la economía china constituye el principal destino exportador de las materias primas del cono sur y una fuente clave de financiamiento de infraestructura, la imposición de un alineamiento automático con Washington representaría una deconstrucción del desarrollo regional.

El NAA defiende una postura pragmática guiada estrictamente por los intereses propios de cada nación, impulsando:

  • La diversificación de socios diplomáticos.
  • La industrialización local de los minerales críticos como el litio.
  • La reconstrucción de los bloques de integración regional (CELAC, UNASUR) para negociar colectivamente.

Sin embargo, su viabilidad tropieza con la fragmentación ideológica y la inestabilidad política de Iberoamérica. La presencia de gobiernos que optan por alineamientos incondicionales con Washington dificulta la articulación de un frente regional unificado, reduciendo el margen de maniobra para fijar precios del litio, condicionar inversiones a la transferencia de tecnología y proteger los recursos hídricos y la biodiversidad.

Conclusión: la Doctrina Monroe no ha muerto, solo cambió de piel

El examen riguroso de las dinámicas internacionales demuestra que la Doctrina Monroe no constituye un vestigio del siglo XIX, sino un dispositivo ideológico y operativo en constante adaptación que reincide en asegurar la subordinación del hemisferio occidental a la estrategia de seguridad e industrialización de Estados Unidos.

Durante el siglo XXI, la injerencia estadounidense se ha diversificado para privilegiar mecanismos de coacción de carácter normativo, legal y judicial. Aunque la presencia del Comando Sur preserva el rol de disuasión y vigilancia sobre zonas ricas en litio, cobre y agua dulce, la desestabilización política activa se ejecuta predominantemente a través del lawfare y las sanciones coercitivas.

Las elecciones de medio mandato y las iniciativas legislativas como el Americas Act operan como aceleradores de la presión hemisférica, exigiendo a los gobiernos iberoamericanos distanciarse de los flujos de inversión provenientes de Eurasia a cambio de una integración económica subordinada.

Para América Latina, el dilema geopolítico del futuro cercano exige superar la fragmentación política interna y construir esquemas efectivos de soberanía colectiva. La adopción del No Alineamiento Activo y la consolidación de estrategias regionales para el procesamiento local de los recursos de la transición energética emergen como las únicas vías viables para frenar la renovada embestida monroísta y garantizar el desarrollo autónomo en el nuevo orden multipolar.

Redacción Razones de Cuba

Trabajos periodísticos que revelan la continuidad de las acciones contra Cuba desde los Estados Unidos.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba