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La factura de la guerra contra Irán: 1.500 millones de dólares al día (y los paga el que menos puede)

Lo que comenzó como una "operación quirúrgica" contra instalaciones nucleares se ha convertido en un conflicto que ya ha costado a Estados Unidos más de 16.500 millones de dólares en solo doce días de combates intensos. Una media de 1.500 millones diarios que no tiene precedentes desde la invasión de Irak en 2003. Pero el dinero es solo una parte de la historia. La otra, más cruda, es quién termina pagando la cuenta.

El 28 de febrero de 2026, Donald Trump ordenó los primeros ataques aéreos contra Irán bajo el nombre de «Operación Furia Épica». Un mes después, el espejo de las guerras modernas se ha mostrado implacable: costosas, desiguales y políticamente tóxicas.

Según estimaciones del Center for Strategic and International Studies (CSIS) actualizadas al 13 de marzo, el gasto operativo no presupuestado en los primeros seis días devoró 11.300 millones de dólares. Esa cifra incluye más de 5.600 millones solo en municiones de alto costo: misiles Tomahawk (3,5 millones de dólares cada uno), sistemas de defensa Patriot y THAAD.

El desglose de una guerra de millonarios

El Pentágono ya anticipa un suplemento de más de 50.000 millones de dólares para reponer existencias y cubrir pérdidas:

  • Tres cazas F-15 derribados en incidentes amistosos.
  • Once drones MQ-9 Reapers.
  • Un radar THAAD.

El costo conjunto de estas pérdidas asciende a 1.700 millones de dólares. A eso se suma una solicitud formal al Congreso de unos 200.000 millones adicionales. Esta petición representa aproximadamente el 24% del presupuesto total de defensa de 2026 (839.000 millones) y equivale a casi el 50% del Producto Interior Bruto anual de Irán (356.510 millones en 2025).

Y todavía falta sumar la reparación de las bases estadounidenses en el Golfo, cuyo valor asegurado ronda los 395.000 millones.

La deuda que pagarán los hijos y los nietos

Esta montaña de gasto se añade a los 39 billones de dólares que ya acumula Estados Unidos. Se espera que la cifra alcance los 40 billones antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre de 2026. Los intereses anuales de esa deuda rondan ya el billón de dólares.

¿Qué significa eso en la vida real?

Las generaciones futuras pagarán con recortes implícitos en Medicaid, en los cupones de comida del programa SNAP o en infraestructura. Mientras tanto, los consumidores —especialmente los del quintil inferior de ingresos, aquellos que ganan menos de 35.000 dólares al año— absorben el golpe diario a través de la inflación energética.

El cierre del Estrecho de Ormuz: una sangría para los pobres

El cierre del Estrecho de Ormuz, declarado por Irán el 4 de marzo y aún parcialmente bloqueado, ha disparado el precio del Brent por encima de los 100 dólares por barril, con picos temporales de 120 dólares.

La gasolina en Estados Unidos ha subido a un promedio nacional de entre 3,90 y 4,50 dólares por galón, un incremento de hasta 65 centavos. Eso actúa como un impuesto regresivo brutal.

Los números no mienten:

  • El quintil más bajo de ingresos (el 10% que menos gana) destina casi el 4% de sus ingresos a la gasolina.
  • El 10% más rico destina apenas el 1,5%.
  • Además, los hogares pobres gastan cerca del 35% de sus ingresos en alimentos, que también se encarecen por la subida de los fertilizantes y el transporte.

Mientras tanto, los saldos de las tarjetas de crédito alcanzaron la cifra récord de 1,27 billones de dólares en marzo de 2026, y las tasas de morosidad entre los prestatarios de alto riesgo se encuentran en sus niveles más altos desde la crisis financiera de 2008.

La recuperación en forma de «K»: los ricos ganan, los pobres caen

Estados Unidos está experimentando lo que los economistas llaman una recuperación en forma de «K»:

  • Los más ricos (la rama superior de la K) ven crecer su patrimonio gracias a los activos financieros.
  • Los más pobres (la rama inferior) luchan por sobrevivir.

Cada aumento sostenido del 10% en el precio del petróleo reduce el PIB en 0,2 puntos y eleva la inflación en 0,35 puntos. Hasta hoy, el petróleo ha subido un 65%. Para el quintil superior, el impacto es marginal: su presupuesto destinado a energía es solo del 7% al 10%. Para el quintil inferior, es devastador.

Irán convierte el bloqueo en negocio

En un giro irónico, el bloqueo del Estrecho de Ormuz se ha convertido en una fuente inesperada de ingresos para Irán. Teherán cobra 2 millones de dólares por cada buque que permite cruzar. Por sus aguas pasan un promedio de 144 buques al día. Eso supone:

  • 288 millones de dólares diarios
  • 8.640 millones al mes
  • unos 103.000 millones al año, casi un 30% más del PIB iraní.

El bloqueo, lejos de asfixiar a Irán, se ha convertido en un negocio redondo.

Los escenarios: corto, largo y catastrófico

Los análisis de Goldman Sachs, Chatham House y Capital Economics son claros:

Conflicto corto (semanas, daños limitados): pico temporal del petróleo por encima de 100 dólares por barril, impacto global modesto.

Conflicto prolongado (meses): Brent a 130 o 150 dólares, recorte del crecimiento mundial en medio punto porcentual, estanflación.

Europa, gran importadora de energía, podría perder al menos un punto de crecimiento. Para Estados Unidos, que es exportador neto modesto gracias al petróleo de esquisto, el beneficio es relativo: los consumidores pagan más en los surtidores mientras la economía resiste mejor que sus pares.

La economía global paga la factura

La OCDE publicó el 26 de marzo su último informe provisional. Las cifras son escalofriantes:

IndicadorSin guerraCon guerra
Crecimiento global 2026+0,3% (revisión al alza)2,7%
Crecimiento eurozona0,8%
Crecimiento EE.UU.2,0%1,7%
Inflación G202,8%4,0%
Inflación EE.UU.3,0%4,2%
Inflación eurozona1,8%2,6%

El mundo entero paga la factura. Incluso los aliados más cercanos sufren. Israel recortó su pronóstico de crecimiento para 2026 del 5,2% al 3,8%. Las compras con tarjeta cayeron un 20% en las primeras semanas. Los países del Golfo, como Qatar y Kuwait, han visto caídas del PIB del 14%.

El precio político: una guerra que puede costar las elecciones

En Estados Unidos, las consecuencias políticas y sociales son quizás las más corrosivas. El 59% de los estadounidenses desaprueba el manejo general de Trump, y el 61% rechaza específicamente su gestión de la guerra con Irán.

El 28 de marzo, manifestaciones masivas bajo el lema «No Kings» recorrieron más de 3.000 ciudades. Cientos de miles de personas salieron a las calles de Manhattan, Los Ángeles, Chicago y decenas de capitales estatales para denunciar una «guerra ilegal».

El sentimiento del consumidor se ha derrumbado. Los estadounidenses ven la economía «empeorando» cada día que pasa, y la gasolina es el símbolo visible de ese declive.

El escenario electoral

En las elecciones de mitad de mandato de noviembre de 2026, históricamente el partido del presidente pierde escaños. Pero esta vez, los demócratas han encontrado un mensaje que resuena: el de la «accesibilidad».

En estados clave para la elección de senadores —Michigan, Pennsylvania, Wisconsin, Arizona, Nevada— el shock energético golpea con más fuerza porque son economías con largas distancias y alta dependencia del automóvil.

El escenario base: los republicanos perderán entre 15 y 25 escaños en la Cámara baja, suficientes para devolver la mayoría a los demócratas. En el Senado, el riesgo de perder dos o tres escaños es real.

El escenario pesimista —prolongación del conflicto hasta el otoño, estanflación, desempleo en ascenso— convertiría el descontento en un tsunami electoral.

La falacia de las guerras por elección propia

Esta guerra ilustra la falacia más profunda de las intervenciones militares por elección propia: prometen seguridad y entregan desigualdad.

Los costos directos —decenas de miles de millones de dólares— palidecen ante los indirectos:

  • La inflación que castiga a los pobres.
  • La deuda que hipoteca el futuro de los hijos y los nietos.
  • La polarización que erosiona la cohesión social.
  • El posible revés electoral que castigue al partido en el poder.

Los think tanks como Brookings Institution y el Costs of War Project de la Universidad de Brown llevan años advirtiendo que las guerras se pagan con tres monedas: vidas, dólares y confianza pública.

La «Operación Furia Épica» no es una excepción.

La respuesta que darán los que menos pueden permitírselo

Mientras el Estrecho de Ormuz siga siendo un cuello de botella y los quintiles inferiores sigan apretando el cinturón, la pregunta persiste, incómoda y urgente: ¿valió la pena?

La respuesta, como siempre en estas tragedias modernas, la darán los que menos pueden permitírselo. Pagarán en los surtidores, en las facturas de la compra, en las cuotas de las tarjetas de crédito y, dentro de veinte años, en unos impuestos más altos para cubrir los intereses de una guerra que nunca pidieron.

Y la historia, implacable y sin concesiones, ya está tomando nota.


Este artículo fue escrito basado en la investigación del Lic. Alejandro Marcó del Pont, publicado originalmente en Economía Internacional. Adaptado con fines de análisis y difusión.

Redacción Razones de Cuba

Trabajos periodísticos que revelan la continuidad de las acciones contra Cuba desde los Estados Unidos.

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