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Drogas en Cuba: Tolerancia cero, ciencia y desafíos

La viceministra de Justicia, Pilar Varona Estrada, presentó este miércoles en la Mesa Redonda un balance del enfrentamiento al narcotráfico y las adicciones en el país. En un escenario global de récords de producción de cocaína y expansión de opioides sintéticos, Cuba apuesta por el fortalecimiento institucional, la cooperación internacional y la prevención comunitaria. Pero el centro del mensaje lo ocuparon quienes han logrado salir del abismo: jóvenes rehabilitados que hoy son “parte de la solución”.

Un contexto global hostil

Mientras en buena parte del mundo la producción de drogas ilegales no cesa de crecer —con niveles históricos de metanfetamina, nuevas sustancias psicoactivas y una ruta marítima de cocaína cada vez más sofisticada en el Atlántico y el Caribe—, Cuba enfrenta una presión externa sostenida. Lo advirtió la viceministra Varona Estrada: el país no es ajeno a esta dinámica regional. Las lanchas rápidas, los intentos de introducción de cannabinoides sintéticos —conocidos como “el químico”— por vía aérea y la peligrosa articulación del narcotráfico con el tráfico de personas forman parte del escenario que las autoridades cubanas buscan contener.

Frente a eso, la respuesta no es solo policial. Es, sobre todo, institucional y preventiva.

2025: el año en que se consolidó la estructura

La Comisión Nacional de Drogas, creada en 1989 y reestructurada en 1998, vive desde 2019 una nueva etapa. Ese año se decidió que su Secretaría Ejecutiva radicara en el Ministerio de Justicia, y que fuera su máxima titular quien presidiera el órgano. Pero fue en 2025 cuando el entramado institucional dio un salto cualitativo.

Por indicación del Primer Ministro, en noviembre de 2024 se constituyeron comisiones provinciales para el enfrentamiento a las drogas en todas las provincias del país. Presididas por los vicegobernadores y coordinadas por los directores provinciales de Justicia, estas comisiones replican a escala territorial la estructura nacional. Su misión: dirigir, articular y ejecutar las políticas de prevención, educación y enfrentamiento.

“Estos han sido elementos que caracterizaron el trabajo durante todo el año 2025”, subrayó Varona.

Un país conectado con el mundo

Cuba es Estado parte de las tres convenciones de Naciones Unidas en materia de drogas. Mantiene acuerdos bilaterales con más de 45 países y cooperación operativa con 66 agencias internacionales, con INTERPOL como eje central. Es miembro activo del mecanismo COPOLAD y asiste cada año a la Comisión de Estupefacientes de la ONU.

Pero hay un hito reciente que la viceministra calificó como “único en el mundo”: la creación, en julio de 2025, del Observatorio Nacional de Drogas de Cuba. Su singularidad radica en que gestiona simultáneamente tres redes: una red de información, una red de investigación y un sistema de alerta temprana. Todo ello al servicio de la toma de decisiones basada en evidencia.

“Reafirmamos el respaldo de Cuba a todos los temas de fiscalización”, sentenció Varona. “Solo aplicando los tratados internacionales y trabajando articuladamente podemos lograr mejores resultados”.

Tolerancia cero: ¿en qué consiste?

Una de las preguntas que la delegación cubana escucha con frecuencia en los foros internacionales es qué significa exactamente el principio de tolerancia cero. La viceministra lo desglosó con precisión:

  • Firme voluntad política del Estado y el gobierno.
  • Cumplimiento riguroso de los tratados internacionales y respaldo al sistema de Naciones Unidas.
  • Equilibrio armónico entre prevención y enfrentamiento.
  • Accionar riguroso y severo contra los traficantes, con escrupuloso respeto al debido proceso y atención priorizada a los consumidores.

No se trata, pues, de una fórmula punitiva sin matices. El énfasis en la reinserción y en la salud pública es parte estructural del modelo.

La Habana: Diagnóstico, barrios y adicciones con rostro de mujer

La doctora Tania Peón Valdés, jefa del Departamento de Salud Mental de La Habana, explicó cómo la capital inició 2025 con un diagnóstico exhaustivo: 106 consejos populares recorridos, conversaciones con la población, identificación de espacios vulnerables. Ese levantamiento permitió crear, a inicios de año, la Subcomisión Provincial de Atención, Prevención y Enfrentamiento a las Adicciones.

“El trabajo unido ha sido una realidad vivida durante el 2025”, afirmó. Escuelas, universidades, prisiones, centros laborales, instituciones científicas, el MININT y las FAR han desplegado acciones coordinadas.

Uno de los mensajes clave de Peón Valdés fue la necesidad de actuar temprano. “Demorar en reconocerse como enfermo aumenta la brecha entre el inicio del consumo y la rehabilitación”, advirtió. Y recordó que el sistema de salud cubano está abierto desde la consulta del médico de familia hasta los servicios especializados.

La capital cuenta con el Hospital Psiquiátrico de La Habana, el Centro de Deshabituación de Adolescentes en Playa y el servicio para mujeres en el Hospital Enrique Cabrera. Para el primer semestre de 2026 se anunció la apertura de una sala para adolescentes hembras y una nueva sala para mujeres adictas en el propio Hospital Psiquiátrico.

“La mujer demora más en acceder a la atención, se intoxica con mayor facilidad y enfrenta estigmas adicionales”, explicó la especialista. La diversificación de las drogas, en especial las sintéticas, ha incrementado la demanda asistencial y exige protocolos actualizados.

También se refirió al ingreso compulsorio por mandato judicial, una figura contemplada en las leyes de salud para personas que han cometido delitos bajo el efecto de las drogas.

Los CDR y el barrio debate: “La gente se motiva y se acerca”

Eliades Rodríguez Martínez, coordinador provincial de los CDR en La Habana, describió el trabajo comunitario con una frase que lo resume: “No se trata de llegar a un barrio por estigmatización”.

El método es otro: diagnóstico actualizado, sistema de denuncias, alertas tempranas. Luego, una intervención comunitaria integral que incluye cultura, deporte, educación y proyectos científicos. El cierre es el barrio debate, un espacio de conversación abierta donde vecinos, especialistas y jóvenes rehabilitados comparten testimonios.

“La gente al principio tiene miedo, pero cuando escucha desde los balcones, se motiva y se acerca”, afirmó Rodríguez. En 2025 se realizaron más de 50 barrios debate en La Habana, con una media de 300 a 400 participantes por encuentro.

El dirigente comunitario destacó el coraje de los muchachos en rehabilitación que se paran frente al barrio y dicen: “Tengo 5 días, 20, 3 meses sin consumir”. Y reciben un aplauso.

“Ese es el reconocimiento del pueblo a su voluntad de cambiar”, dijo.

A través del proyecto Jóvenes en Acción Social, estos muchachos han participado en la limpieza de cementerios, hospitales, parques y, significativamente, en la campaña de donación para los damnificados por el ciclón en el oriente del país.

“Fueron los primeros en quitarse las pocas prendas que tenían para darlas a quienes perdieron todo”, recordó emocionado.

Rodríguez fue enfático también en algo que suele omitirse: la recaída no es fracaso. “Si un joven vuelve a consumir, no es motivo de estigma. Es una debilidad de todos como sistema preventivo. Hay que seguir acompañando”.

“Me di cuenta de que tenía un problema”

Jorge tenía 14 años cuando probó la droga por primera vez. “Fue por aceptación social, para encajar”. Lo que creyó pasajero se convirtió en una espiral que lo llevó a perderlo todo. Pasó por cárceles, hospitales, un brote psicótico y el ingreso en el Hospital Psiquiátrico de La Habana.

“La droga me arrebató todos mis sueños”, confiesa.

Lázaro consumió durante diez años. “No pensaba que esto estaba mal hasta que empecé a hacer cosas desastrosas por conseguir la droga. Ahí me di cuenta de que tenía un problema”.

Fue su madre quien lo llevó al hospital. Allí, en una sala de adicciones, ocurrió algo que no olvida: “Los adictos somos mal mirados donde quiera que vamos. Y ese es el único lugar donde yo llegué y lo primero que hicieron fue darme un abrazo. Me hicieron creer que pertenecía ahí”.

El tratamiento no fue sencillo. Jorge pasó diez días de abstinencia atado a una cama. “Tenía muchas secuelas”. Pero tomó una decisión: no quería seguir consumiendo. Comenzó a observar a otros jóvenes que leían, estudiaban, asumían responsabilidades dentro del grupo.

“Me fui enamorando de mi recuperación y ayudé a la recuperación de otros”.

Hoy, ambos forman parte de un proyecto solidario que apoya a personas vulnerables. Estudian gastronomía internacional en La Moneda Cubana. Sostienen un vínculo estrecho con el hospital. Y han cruzado la línea que separa al que recibe ayuda del que la ofrece.

“Ya no somos un problema, sino parte de la solución”, dice Lázaro.

Prevención, ciencia y participación

La viceministra Varona fue clara al cierre: los retos persisten. Hay que seguir movilizando la conciencia ciudadana, elevar la percepción del riesgo, multiplicar las acciones desde los territorios. “Creo que en 2025 nos caracterizaron nuevas formas de hacer”, afirmó. “Seguir desde la ciencia enfrentando el flagelo, pero siempre con la prevención como principal herramienta”.

Cuba no ha resuelto el problema de las drogas. Nadie lo ha hecho. Pero ha construido un entramado institucional que articula ley, salud, comunidad y testimonios de vida. Y ha logrado algo que no es menor: que jóvenes como Jorge y Lázaro, que estuvieron en el abismo, hablen hoy en televisión, sin estigma, sin máscaras, y reciban aplausos.

El sistema socialista, dijo Varona, permite una reinserción plena. Y garantiza un rechazo mayoritario de la población a este flagelo.

Quedan desafíos. La batalla contra las drogas, en Cuba, ya no se libra solo en los tribunales o en las costas. Se libra también en los barrios, en las escuelas, en los abrazos que se dan en una sala de hospital.

Redacción Razones de Cuba

Trabajos periodísticos que revelan la continuidad de las acciones contra Cuba desde los Estados Unidos.

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