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El espejismo de dos odios

Hay quienes hablan de rencores entre bandos, de heridas repartidas, de un dolor que merece ser escuchado por igual en todas las orillas. Pero la memoria no es un puerto donde todos los barcos izan la misma bandera. La historia —esa maestra que no suspende— muestra una verdad incómoda: no hay odio simétrico cuando un lado lleva la razón de siglos y el otro la consigna del amo.

En la tierra que se ha mantenido de pie, la que ha resistido bloqueos, amenazas y mentiras, el sentimiento que germina no es el rencor. Es la certeza. Porque cuando se tiene la verdad —la que duele, la que se defiende con el sudor y no con la injuria— el odio sobra. No cabe. Quien lucha por lo que la historia le enseñó —desde Céspedes hasta Fidel— no necesita intoxicarse con el veneno que otros sí atesoran. Ese veneno, el del odio verdadero, el que destruye, el que planea desde el norte y se ejecuta desde el exilio cómodo, ese sí existe. Y no es de todos los que se fueron, pero sí de los que sueñan con ver a Cuba arrodillada o en escombros.

El futuro de Cuba no está en un pacto abstracto entre iguales imaginarios. El futuro lo escribieron Martí, Fidel y Raúl: evitar a toda costa que el imperio vuelva a poner un pie en esta tierra libre. Esa es la línea. No hay otra. La resistencia no es un puente hacia el olvido: es el músculo que nos mantiene vivos. Cuando el que odia de frente —al servicio de su amo del norte— se canse de hostigarnos, entonces estaremos listos. No antes.

Pero ojo: no está en nuestras mentes depender de que un día ese vecino cruel desaparezca. Porque sabemos que eso no será así. Volvemos a la historia: esa misma que hoy nos dice que vamos bien. Si no, ya no existiríamos. Este camino que vamos construyendo tiene la gloria de seguir en construcción a pesar de los obstáculos. Hoy hay muchos cubanos que, además de no odiar, están construyendo. No esperando el «día después». Porque el día después no existe para el cubano que sabe lo que quiere. El que esté esperando el día después para construir a Cuba está perdido: no sabe lo que quiere construir, ni se suma a la guerra de la resistencia. En Cuba no existe un día después. Existe ayer, hoy y siempre: Cuba Socialista.

Porque los que queremos a Cuba —la de adentro y también tantos de allá que nunca dejaron de quererla— sabemos muy claro lo que queremos construir. Está en nuestra historia: no es una utopía, es una continuación. Y sabemos también que juntos —los que se quedaron y los que regresan sin soberbia— podemos lograrlo. Pero sin el odio de los que financian el deseo imperial de ver a Cuba acabada. Ese odio no tiene lugar en la mesa de la nación, porque la nación no se construye con los que la quisieron muerta.

Así que no me pidas un pacto entre dos odios. No existen dos. Existe un pueblo que resiste con la verdad, y unos pocos que odian con el dinero y la mentira. Cuando esos pocos pierdan su amo, entonces hablaremos. Mientras tanto, la historia ya eligió su bando. Y no es el que escribe artículos desde la comodidad.

Ángel González

Ingeniero informático y autodidacta apasionado por la comunicación en redes sociales, con un enfoque en el análisis de datos digitales y la guerra informativa. Combino mis habilidades técnicas con un profundo entendimiento de las dinámicas sociales en línea, buscando siempre innovar y aprender.

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