fbpx
ESPECIALES

Cuba 2026: el mapa solar crece, la dependencia fósil no cede

En los últimos dos años, Cuba ha enfocado sus esfuerzos para disminuir los apagones y conseguir la soberanía energética en los paneles solares. No es un sueño futurista: es lo que está ocurriendo ahora mismo en Cienfuegos, Camagüey y en medio de la nada rural.

Si hay un lugar donde el sol ha dejado de ser una metáfora, ese es Cuba. Lo que hasta 2024 era una promesa técnica atrapada en informes y discursos, es hoy una realidad que se toca con la mano: decenas de parques solares que nacen del polvo rojo de la tierra, brigadas de trabajadores eléctricos que montan estructuras bajo un calor abrasador y, por primera vez en décadas, la posibilidad real de que un apagón no sea una condena, sino un mal recuerdo.

Esto no es una crónica del futuro. Es lo que está pasando en febrero de 2026. Y no, no ha sido fácil.

Cuando no queda combustible, solo queda mirar arriba

Hay crisis que paralizan. La de Cuba, sin embargo, activó algo parecido a un resorte. Para entenderlo hay que viajar un año atrás. 2025 fue, en palabras del Ministerio de Energía y Minas, un año de “tensión máxima”. Las termoeléctricas, viejas y castigadas, no daban más de sí. Las divisas para comprar combustible escaseaban como el agua en sequía. Y el sistema eléctrico, herido de muerte, provocaba apagones casi a diario.

Fue entonces cuando el gobierno decidió apostarlo todo a una carta: el sol.

El “Plan de los 1,000 MW” nació no como un gesto ecologista, sino como una operación de rescate nacional. Y los números están siendo, sencillamente, de otro planeta.

A finales de 2024, Cuba apenas contaba con 262 MW de energía renovable instalada. En septiembre de 2025 ya eran 1,148 MW. Para finales de ese año, la cifra rozaba los 1,200 MW. En menos de doce meses, el país multiplicó por más de cuatro su capacidad solar. Ni las previsiones más optimistas lo habían visto venir.

Mal Tiempo: el nombre de una batalla, el símbolo de una victoria

Hay lugares que nacen para ser leyenda. En Cienfuegos, un parque solar lleva el nombre de una batalla del 95: Mal Tiempo. Y como aquella carga mambisa, esta nueva ofensiva también huele a soberanía.

El parque Mal Tiempo, ubicado en el municipio de Cruces, es hoy el buque insignia de la revolución fotovoltaica cubana. Con 21.87 MW de potencia, no es el más grande del Caribe, pero su impacto se mide en otra moneda: nueve mil toneladas de combustible fósil que el Estado ya no tiene que comprar cada año. Nueve mil toneladas que se quedan en casa.

Pero la joya de la corona está a solo cuatro kilómetros de la ciudad de Cienfuegos. Se llama Pepe Rivas. 32 hectáreas de terreno, 43,000 paneles solares y una conexión directa a la termoeléctrica Carlos Manuel de Céspedes. Es decir: luz limpia que se inyecta justo donde más falta hace.

El pasado 14 de enero, Día del Trabajador Eléctrico, Pepe Rivas encendió sus primeros 10 MW. Fue algo más que un hito técnico: fue un mensaje. “Esto va en serio”, dijeron los ingenieros cubanos. Y lo dijeron con hechos, no con discursos.

El dinero importa: el kilovatio solar cuesta seis veces menos

Hablemos claro. Este cambio no lo mueve la ideología, sino una verdad incómoda para los viejos modelos: generar electricidad con sol es hasta seis veces más barato que quemar petróleo.

Mientras un kWh con combustible fósil cuesta alrededor de 50 centavos de dólar, el que sale de un panel solar apenas supera los 6 centavos. La cuenta es simple y brutal. Cada megavatio instalado libera divisas que antes se quemaban en el mercado internacional de hidrocarburos.

Cuba está usando ese margen para reinvertir en el propio sistema eléctrico, en mantenimiento, en nuevas plantas. Es un círculo virtuoso tiene nombre y apellido: ahorro estructural.

El amigo chino: paneles, baterías y 5,000 hogares encendidos

Ninguna hazaña se hace sola. Detrás de este despliegue hay un aliado indispensable: China.

La cooperación no ha sido flor de un día. En noviembre de 2025 se inauguró Mártires de Barbados II, en Artemisa, con asistencia técnica china. Y no fue un caso aislado: siete parques solares repartidos por Pinar del Río, Matanzas, Las Tunas, Holguín y Granma suman ya 45 MW gracias a este programa.

Pero quizá lo más conmovedor de esta alianza no esté en los grandes parques, sino en lo pequeño. China ha donado 5,000 sistemas fotovoltaicos domésticos para viviendas rurales aisladas. Cada equipo, de apenas 0.8 kW, incluye baterías. Esto significa que familias que nunca tuvieron luz estable, en lugares donde tender un cable sería misión imposible, ahora tienen nevera, bombilla y ventilador 24 horas al día.

El huracán Melissa dejó una estela de destrucción en 2025. Pero en medio del desastre, muchos de esos hogares fueron los primeros en recuperar la electricidad. Porque el sol no entiende de apagones.

Camagüey y el barro: cuando construir es una heroicidad

No todo ha sido sobre ruedas. Si hay una imagen que resume el espíritu de esta revolución solar, es la de los obreros en La Cívica, Camagüey, metidos en zanjas llenas de agua, achicando barro a punta de bomba y pala.

Las lluvias no dieron tregua en 2025. El suelo, saturado, se negaba a colaborar. Hubo que excavar y reexcavar más de siete mil metros de zanjas para los conductores eléctricos. Las cuadrillas no se rindieron. Y para finales de noviembre, el 73% de las mesas fotovoltaicas ya estaban en pie.

Hoy, La Cívica es otro nombre propio en el mapa solar cubano. Como La Sabana, en Bayamo, o Las Tapias, en Manzanillo. El plan de 55 plantas solares que se anunció con escepticismo está, contra todo pronóstico, cumpliéndose.

Baterías, la asignatura pendiente

Queda, eso sí, un problema sin resolver. Y no es menor.

De noche, el sol no sale. Y sin baterías, la energía solar se apaga con él.

Cuba proyectó incluir 150 MW de almacenamiento en su plan de 2025. La realidad, sin embargo, ha sido más terca. Hoy, la capacidad de acumulación es aún insuficiente. Esto significa que, cuando cae la tarde, el sistema sigue dependiendo de las viejas termoeléctricas y del combustible importado.

Las autoridades lo saben. No lo esconden. El propio ministro Vicente de la O Levy ha sido realista: “2026 sigue siendo un año difícil”. Pero también ha dejado claro que la hoja de ruta está trazada. Para 2030, el 24% de la matriz energética cubana será renovable. En 2035, el 31%. Y en 2050, el 100%.

Es una carrera de fondo. Pero, por primera vez, se corre con el viento a favor.

El sol ya no es turismo, es patria

Cuba ha hecho algo que muchos daban por imposible: convertir una crisis terminal en el motor de su propia transformación. No ha sido con recetas de manual ni con milagros importados. Ha sido con planificación, con alianzas estratégicas y con el empeño de miles de trabajadores que, a 40 grados a la sombra, siguen instalando paneles.

El sol, que durante siglos fue solo postal y Varadero, es hoy la mayor fuente de poder de la nación. No power, en inglés. Poder, en español. El de decidir. El de no depender.

La revolución solar cubana no ha terminado. Apenas empieza. Pero ya hay algo que nadie puede discutir: el futuro, esta vez, sí tiene luz propia.

Redacción Razones de Cuba

Trabajos periodísticos que revelan la continuidad de las acciones contra Cuba desde los Estados Unidos.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba