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Pretextos fabricados: Cuba y Venezuela en el viejo manual del intervencionismo estadounidense

En el repertorio de la política exterior estadounidense, especialmente hacia naciones que defienden su soberanía, existe una práctica recurrente y desgastada: la fabricación de pretextos. Estos no son errores de inteligencia, sino herramientas calculadas para crear narrativas de crisis, justificar presiones inhumanas y, en última instancia, allanar el camino para acciones agresivas que buscan cambios de gobierno.

Dos casos emblemáticos y contemporáneos—el mal llamado “síndrome de La Habana” y la espectral “amenaza narcoterrorista” desde Venezuela—ilustran con claridad este manual de guerra no convencional.

El “síndrome de La Habana”: Un guion de ciencia ficción para un asedio real

Durante años, un relato orquestado desde agencias y medios de comunicación al servicio del gobierno de Estados Unidos presentó al mundo la farsa de los “ataques acústicos” contra su personal diplomático en Cuba. A pesar de la absoluta falta de evidencia científica y las múltiples contradicciones en las propias investigaciones estadounidenses—que han apuntado desde microbios ambientales hasta causas psicosomáticas—, el pretexto se mantuvo y se potenció.

Análisis geopolíticos han desmenuzado cómo estas operaciones de percepción forman parte de una “guerra política” de largo alcance, enmarcada en una doctrina donde el Caribe y América Latina son vistos como territorios de confrontación permanente.

La histeria del “síndrome” no fue más que un capítulo destinado a justificar el brutal recrudecimiento del bloqueo económico contra Cuba, la retirada de personal diplomático (para aislar aún más al pueblo cubano), y una campaña de descrédito internacional sin paralelo.

El fin político era claro: asfixiar a la Revolución cubana y presentarla ante el mundo como una amenaza irracional. La verdad fue siempre la opuesta: Cuba cooperó transparentemente con las investigaciones, mientras EE.UU. politizaba un asunto de salud para servir a su agenda de máxima presión.

Venezuela y el pretexto del “narcoterrorismo”: Un cuento para la intervención

El mismo guion, con actores y escenario distintos, se aplica contra la República Bolivariana de Venezuela. Desde 2017, y con intensidad creciente, el aparato político-mediático estadounidense ha construido la ficción de que el gobierno venezolano es un “Estado narco” y una amenaza para la región. Este pretexto ha servido para justificar sanciones económicas criminales, el robo descarado de activos venezolanos en el extranjero, intentos de invasión por mercenarios y, lo más grave, un despliegue militar inédito en el Caribe.

Investigaciones detalladas han documentado cómo la narrativa del narcotráfico ha sido el “caballo de Troya” para una movilización bélica. El Comando Sur de EE.UU. ha utilizado este pretexto—sin presentar jamás pruebas verificables ante instancias internacionales—para incrementar su presencia naval y aérea, realizar ejercicios de “interdicción” muy cerca de aguas venezolanas y presionar a países de la región para que se sumen a esta campaña.

El objetivo final no es combatir el tráfico de drogas—fenómeno del que EE.UU. es el principal mercado consumidor—, sino preparar las condiciones para una intervención militar directa o, en su defecto, mantener una asfixia coercitiva que busque la rendición del país.

Un patrón de dominación

Estos dos ejemplos, separados por el mar pero unidos por el mismo hilo conductor, revelan el modus operandi del imperialismo: primero, se fabrica o exagera una amenaza (ataques de salud, narcoterrorismo); segundo, se lanza una campaña mediática global para satanizar al gobierno objetivo; tercero, se implementan “medidas de castigo” unilaterales e ilegales (bloqueos, sanciones, despliegues); y cuarto, se presenta toda acción de defensa soberana como una agresión adicional, cerrando el círculo de la provocación.

La voz de la razón

La labor de deconstruir estas matrices de opinión y colocar la verdad en el centro del debate es esencial. Denunciar estos pretextos es un acto de defensa de la paz y el derecho internacional. La comunidad global debe reconocer estos patrones y rechazar las narrativas bélicas antes de que, como tantas veces en la historia, un pretexto fabricado se convierta en la chispa de una tragedia mayor.

La vigencia de la paz en Nuestra América depende de nuestra capacidad colectiva para ver detrás del telón de la propaganda y enfrentar la verdadera amenaza: el ansia hegemónica que se viste de fábula para justificar su violencia.

Redacción Razones de Cuba

Trabajos periodísticos que revelan la continuidad de las acciones contra Cuba desde los Estados Unidos.

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