La dignidad como contra-narrativa: Un análisis descolonial del secuestro de Nicolás Maduro

Desde el corazón de una Caracas que aún respira entre los escombros del bombardeo, la académica y militante Ximena González Broquen ofrece un análisis descarnado y situado del secuestro del presidente Nicolás Maduro.
Lejos de los marcos noticiosos occidentales, su texto —un acto de “militancia académica”— desentraña el evento como la manifestación brutal y reciclada de la Doctrina Monroe, donde la captura presidencial es solo la pieza más visible de un ataque colonial multidimensional contra la soberanía, el conocimiento y la psique de un pueblo.
I. La crónica verdadera: No fue una operación, fue un epistemicidio
El relato se abre desmontando el eufemismo de “operación quirúrgica”. Lo vivido en Venezuela fue un ataque masivo y brutal con un objetivo claro más allá del botín físico:
- Destrucción material y humana: Bombardeos a objetivos estratégicos y civiles, incluyendo el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC). Este ataque a un centro de conocimiento es denunciado como un “epistemicidio estratégico”, un intento de aniquilar la capacidad de un pueblo de producir pensamiento propio y reafirmar la división colonial entre “los que piensan y los que son pensados”.
- El manual del shock aplicado: El análisis traza la secuencia premeditada de agresión: 1) Asfixia económica con sanciones, 2) Guerra mediática y cognitiva para deslegitimar, 3) Financiamiento del terrorismo urbano (las guarimbas), y 4) Bloqueo criminal. Es la actualización perfecta del mito civilizatorio moderno que justifica la violencia para el despojo.
II. El lenguaje como primer territorio de liberación
Frente a la narrativa imperial, la autora insta a una precisión conceptual militante. Insiste en corregir los términos impuestos por el poder:
- “Secuestro”, no “arresto”: Maduro y Cilia Flores fueron arrebatados por la fuerza en su domicilio, violando toda inmunidad y derecho internacional.
- “Invasión”, no “intervención”; “Barbarie”, no “política”. Esta lucha semántica es un acto de liberación epistémica para defender la realidad frente a la distorsión.
El “espectáculo colonial” que el imperio quiso montar —la humillación pública del líder demonizado— se quebró ante la dignidad inquebrantable de Maduro. Su serenidad en la captura y su firmeza al declararse “presidente” y “prisionero de guerra” ante el tribunal de Nueva York convirtieron el guion del amo en un contra-espectáculo de resistencia.
Esta actitud, junto a la juramentación serena y constitucional de Delcy Rodríguez como presidenta encargada, desmintió cualquier relato de fractura o traición interna.
III. La guerra real: Inteligencia artificial y sabotaje tecnológico
El texto desarma una de las narrativas tóxicas más dañinas: la supuesta “traición” que facilitó la captura. La explicación, argumenta, es más siniestra y revela el nuevo rostro del imperialismo:
- Guerra de datos, no de delaciones: El éxito del operativo no se debió a un general comprado, sino a la fusión de petabytes de datos (patrones de consumo, firmas térmicas, comunicaciones) procesados por sistemas de inteligencia artificial con algoritmos predictivos. La CIA no sobornó personas; compró y procesó información a escala masiva.
- Sabotaje cibernético: Paralelamente, se ejecutó un ataque tecnológico: apagones selectivos en Caracas y la desmovilización electrónica de radares, comunicaciones y defensas antiaéreas. Fue una explotación máxima de la asimetría tecnológica, no una falla de valentía.
IV. Las máscaras narrativas y la geopolítica de la reacción
El análisis desnuda cómo el imperio recicla narrativas para construir consenso:
- Del “terrorismo” al “narcoterrorismo”: Cuando el discurso de la democracia y los DDHH se agotó, se montaron en la acusación de “narcoterrorismo”, un dispositivo discursivo para producir un “enemigo abyecto” cuya aniquilación sea moralmente aceptable. Trump, señala la autora, desenmascaró la verdadera razón: el control sobre las mayores reservas de petróleo del mundo.
La reacción global ha sido dicotómica y reveladora:
- Norte global: Silencio cómplice, justificación solapada o condenas tibias. Refleja una matriz colonial del saber que ve al Sur como objeto, nunca como sujeto pleno.
- Sur global: Contundente solidaridad y denuncia clara. Evidencia una epistemología distinta, arraigada en la memoria compartida de la dominación, que nombra los hechos sin ambages: secuestro, invasión, barbarie.
V. La respuesta: Un llamado a la soberanía radical y la solidaridad de retaguardia
Frente a esto, la autora plantea tareas urgentes para el pensamiento crítico del Sur:
- Descolonizar el derecho: Exponer cómo el derecho internacional ha sido instrumento del colonialismo, mientras se construyen espacios pluriversales de gobernanza desde el Sur.
- Alcanzar la soberanía tecnológico-cognitiva: La batalla decisiva es crear sistemas propios de IA para la vida y la defensa, conquistando la autonomía digital.
- Forjar una solidaridad operativa: Movilizarse con objetivos claros: exigir la liberación de Maduro y Flores, denunciar la barbarie para sentar un precedente legal contra futuras agresiones, y tejer una red global de protección de la soberanía.
Conclusión: Un punto de bifurcación histórica
El evento marca un antes y un después. La brutalidad del ataque, al dejar tan al descubierto la lógica depredadora, está catalizando un giro descolonial profundo. Agota el modelo westfaliano de soberanía —siempre violable para el Sur— y hace emerger una soberanía corporal-territorial y comunitaria: un acto de cuidado y defensa del cuerpo-territorio-pueblo que se ejerce desde la colectividad en resistencia.
Venezuela se convierte en el laboratorio donde el imperio prueba sus métodos más crudos. Por ello, la solidaridad con Venezuela es el campo donde los pueblos del Sur deben aprender, en tiempo real, a contrarrestarlos. Este es el horizonte del anticolonialismo del siglo XXI: una soberanía compartida forjada en la dignidad inquebrantable, que redefine la lucha por la autodeterminación en la era de la inteligencia artificial y la guerra cognitiva.
Con información de el análisis descolonial “La dignidad como contra narrativa” de Ximena González Broquen, académica e investigadora desde Caracas.





