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Cuba no es amenaza, siempre ha sido la agredida

El pasado 12 de mayo de 2026 el Secretario de Guerra de los Estados Unidos compareció ante el Congreso y declaró que Cuba representa una amenaza para la seguridad nacional americana.

Vale la pena detenernos y valorar muy seriamente quien la dice, y sobre la extraordinaria capacidad del poder americano para invertir la realidad histórica con tanta soltura que ni siquiera necesita argumentos para sostenerla.

Porque hay un registro histórico. Está documentado. Está desclasificado. Y está disponible para quien quiera leerlo.

La historia dice que en más de seis décadas de Revolución, jamás ha salido del territorio cubano una sola acción ofensiva contra la seguridad nacional de los Estados Unidos. Ni una. También desde 1959 hasta hoy, la dirección del flujo de agresiones ha sido invariablemente la misma: de Washington hacia La Habana. No al revés.

El patrón que precede a Cuba, la doctrina de la intervención

Para entender lo que le ha ocurrido a Cuba hay que entender primero el patrón que lo produce. Estados Unidos construyó después de 1945 una doctrina de intervención sistemática en países soberanos bajo el pretexto del anticomunismo que convirtió la agresión en política exterior de Estado.

Cuba no fue una excepción a ese patrón. Fue su caso más paradigmático, más sostenido y más documentado. Y lo sigue siendo hoy, cuando el pretexto ha evolucionado del anticomunismo al narcotráfico, un pretexto que el propio Departamento de Justicia americano tuvo que retirar en el caso venezolano del 3 de enero porque no resistía la mínima verificación factual.

El patrón es siempre el mismo: primero se construye la narrativa de la amenaza, luego se normaliza y justifica la intervención, y finalmente se presenta al agresor como víctima y a la víctima como agresor. Hoy, en el Congreso americano, ese ciclo se repite una vez más contra Cuba.

El expediente completo

1898: El robo de la independencia

Cuba llevaba décadas luchando por su independencia de España cuando en 1898 Estados Unidos intervino militarmente. El resultado no fue la independencia cubana sino la sustitución de un colonialismo por otro. La Enmienda Platt, impuesta en la Constitución cubana bajo amenaza militar, convirtió a Cuba en un protectorado americano, otorgando a Washington el derecho legal de intervenir militarmente «para la preservación de la independencia cubana» — es decir, el derecho de intervenir cada vez que los intereses americanos lo requirieran, disfrazado de protección.

Así comenzó la relación entre Cuba y Estados Unidos. Con una enmienda constitucional impuesta a punta de bayoneta.

1933-1959: Apoyo sostenido a la dictadura de Batista, desde su primer golpe de Estado

Durante décadas, Washington sostuvo con asistencia militar, reconocimiento diplomático y apoyo económico a la dictadura de Fulgencio Batista, uno de los regímenes más corruptos y violentos del hemisferio occidental. El armamento americano fue usado sistemáticamente para reprimir al pueblo cubano. Los asesores militares americanos entrenaron a las fuerzas de seguridad que torturaban y asesinaban a revolucionarios. 

Cuando la Revolución triunfó el 1 de enero de 1959, lo hizo con la voluntad del pueblo cubano. Y lo hizo derrotando a un régimen que existía con el sostén activo de Washington.

1959-1961: El nacimiento de la política de agresión

Apenas meses después del triunfo revolucionario, la administración Eisenhower comenzó a diseñar los mecanismos de destrucción del nuevo gobierno revolucionario cubano. El 17 de marzo de 1960, Eisenhower aprobó formalmente un programa encubierto de la CIA para organizar, entrenar y armar a exiliados cubanos con el objetivo de derrocar a la Revolución. Fijense bien, no fue Cuba quien hizo lo contrario con Estados Unidos. 

El memorándum del Subsecretario de Estado Lester Mallory, fechado el 6 de abril de 1960 y desclasificado décadas después, establece con una claridad que debería avergonzar a cualquier demócrata el objetivo real de la política americana hacia Cuba: «hacer que la resistencia interna y exterior resulte cada vez más capaz de atacar al gobierno de Cuba.» Y más específicamente: la necesidad de provocar «desencanto e insatisfacción a través del desasosiego económico y las privaciones.»

Abril de 1961: Ataque a Playa Girón

El 17 de abril de 1961, una fuerza de 1,500 mercenarios cubanos entrenados, equipados, financiados y dirigidos operacionalmente por la CIA desembarcó en Playa Girón con el objetivo de establecer una cabeza de playa, proclamar un gobierno provisional y solicitar la intervención militar americana directa.

El plan había sido diseñado durante meses por los mejores estrategas de la CIA bajo la supervisión directa del presidente Kennedy. Contaba con cobertura aérea, apoyo naval y el supuesto de que la población cubana se sumaría masivamente al desembarco.

En 72 horas, las milicias cubanas — no el ejército regular, sino las milicias populares — habían aplastado la invasión. 1,500 capturados. El plan de la CIA destruido. Kennedy humillado ante el mundo.

Lo que importa para el análisis de hoy es esto: esa fue una invasión militar organizada desde territorio de los Estados Unidos, financiada con fondos federales, ejecutada con apoyo de la CIA, contra un país soberano que no había atacado a Estados Unidos ni planeaba hacerlo. En ningún tribunal del mundo eso se llama defensa. Se llama agresión.

1961-1965: Operación Mangosta

Tras el fracaso de Playa Girón, la administración Kennedy no abandonó el objetivo de destruir la Revolución cubana. Lo intensificó. El 30 de noviembre de 1961, Kennedy aprobó la Operación Mangosta — el programa más ambicioso de sabotaje y desestabilización que la CIA había diseñado hasta entonces contra un gobierno extranjero.

La Operación Mangosta incluyó: atentados a instalaciones industriales cubanas, sabotajes a plantas eléctricas y refinerías de azúcar, envenenamiento de cultivos, ataques a embarcaciones en puertos cubanos, infiltración de agentes para organizar movimientos armados internos, y múltiples planes para asesinar al Comandante en Jefe Fidel Castro.

El responsable operacional era el General Edward Lansdale, y el supervisor político era el fiscal general Robert Kennedy. Eran el núcleo central del gobierno americano. 

638 intentos de asesinato, un récord mundial no reconocido

El Comité Church del Senado americano, creado en 1975 para investigar las actividades de inteligencia, documentó los intentos de asesinato de la CIA contra líderes extranjeros. En el caso de Fidel Castro, la cifra de intentos documentados supera los 638 — el mayor número de intentos de asesinato registrados contra un jefe de Estado en la historia moderna.

Los métodos incluían: veneno en el cigarro, trajes de buceo contaminados con hongos, explosivos en caracolas marinas, píldoras venenosas suministradas a través de la mafia americana, tiradores entrenados, y docenas de operaciones más sofisticadas. Todos fallaron.

Todos estos planes fueron diseñados, financiados y ejecutados por la CIA — la agencia de inteligencia del gobierno de los Estados Unidos. Ese es el gobierno que hoy declara ante el Congreso que Cuba es una amenaza para la seguridad americana.

1962 : La Operación Northwoods

En marzo de 1962, el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos presentó formalmente al Secretario de Defensa Robert McNamara el documento conocido como «Operación Northwoods.» Su contenido, desclasificado en 1997, es la evidencia más extrema de la naturaleza real de la política americana hacia Cuba.

El documento proponía que las propias fuerzas americanas cometieran actos terroristas en suelo americano — incluyendo atentados en ciudades estadounidenses y el derribo de aviones civiles con ciudadanos americanos a bordo — y los atribuyeran públicamente a Cuba, para crear el pretexto de una invasión militar masiva.

El presidente Kennedy rechazó el plan. El Jefe del Estado Mayor Conjunto, General Lyman Lemnitzer, fue relevado de su cargo. Pero el documento existe. Está desclasificado. Está en los Archivos americanos. Y demuestra que el gobierno americano llegó a planear matar a sus propios ciudadanos para justificar una guerra contra Cuba.

Octubre de 1962: La crisis de los misiles

En octubre de 1962, el mundo estuvo más cerca de una guerra nuclear que en ningún otro momento de la historia. Y Cuba estaba en el centro. No como agresora. Como objetivo.

Frente a las costas cubanas, la Armada americana desplegó 40 buques de guerra, incluyendo dos portaaviones, ocho destructores, cruceros y buques de asalto anfibio. Bajo el agua operaban al menos 12 submarinos nucleares. En bases de Florida y el Caribe, 579 aviones de combate estaban listos para despegar, incluyendo bombarderos B-52 con carga nuclear en vuelo permanente. El plan de invasión, OPLAN 316, contemplaba el desembarco de 180,000 soldados americanos en las primeras 72 horas.

Los propios asesores de Kennedy calculaban entre 33% y 50% de probabilidad de guerra nuclear total. Decenas de millones de muertos en ambos hemisferios.

Frente a todo eso, Cuba no se rindió. Fidel Castro comunicó a Jruschov que Cuba estaba dispuesta a desaparecer como nación antes que rendirse a la imposición imperial. Fue la posición documentada del liderazgo cubano en el momento de mayor peligro existencial de su historia. Pero Cuba tenía derecho a tener sobre su territorio los misiles que fuesen necesarios para evitar otra invasión. 

1965-1980: El terrorismo desde Miami

Durante las décadas de 1960 y 1970, organizaciones de exiliados cubanos operaron desde territorio americano — con conocimiento, tolerancia y en muchos casos apoyo activo de agencias del gobierno — ejecutando atentados terroristas contra Cuba y contra cubanos en todo el mundo.

El caso más documentado es el de Luis Posada Carriles y Orlando Bosch. El 6 de octubre de 1976, un avión de Cubana de Aviación fue derribado sobre el Mar Caribe. Murieron 73 personas, incluyendo los 24 miembros del equipo juvenil de esgrima de Cuba que regresaba con medallas del Campeonato Centroamericano y del Caribe. Los responsables operaron desde Miami con conocimiento de las agencias americanas. Posada Carriles vivió en territorio americano durante años, protegido de la extradición solicitada por Venezuela donde había sido condenado. Murió en Miami en 2018, a los 90 años, en libertad.

En ningún tribunal americano fue procesado por ese crimen.

1996 : La Ley Helms-Burton

El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba lleva más de 60 años. La Asamblea General de la ONU lo condena año tras año por abrumadora mayoría — en 2023, 187 países votaron a favor de levantarlo, 2 en contra: Estados Unidos e Israel.

La Ley Helms-Burton de 1996 lo codificó en legislación permanente, añadiendo sanciones contra empresas y personas de terceros países que hicieran negocios con Cuba — una extraterritorialidad que viola el derecho internacional y que ningún país del mundo reconoce como legítima.

1997: Los bombas en los hoteles de La Habana

En 1997, una campaña de atentados con explosivos golpeó hoteles de La Habana — el Copacabana, el Nacional, el Meliá Cohíba. El objetivo declarado era destruir la industria turística cubana, que en ese momento era el principal sostén económico del país durante el Período Especial.

Un turista italiano, Fabio di Celmo, murió en uno de esos ataques. Luis Posada Carriles admitió su participación en una entrevista al New York Times. No fue procesado en ningún tribunal americano por esos hechos.

2006-2010: ZunZuneo

La agencia USAID desarrolló de forma encubierta un servicio de redes sociales denominado ZunZuneo, comercializado a usuarios cubanos sin revelar su origen. Según investigaciones periodísticas de Associated Press, fue diseñado como estrategia a largo plazo para alentar a los jóvenes cubanos a rebelarse contra el gobierno, fomentando lo que sus propios documentos llamaban una «primavera política.» La iniciativa también construyó una base de datos sobre suscriptores cubanos clasificados por «receptividad» — exactamente la misma lógica que aparece en el sorteo de 50 recargas de la encuesta de El Toque en 2026.

La NED y la infraestructura de subversión continua

Durante décadas, la National Endowment for Democracy — financiada anualmente por el Congreso americano y creada explícitamente para hacer lo que antes hacía la CIA de forma encubierta — ha financiado organizaciones, medios y proyectos de desestabilización contra Cuba. Su propio primer director, Allen Weinstein, lo confesó al Washington Post: «Mucho de lo que hacemos hoy lo hacía la CIA hace 25 años de forma encubierta.»

La encuesta de El Toque analizada en este espacio durante las últimas semanas es la expresión más reciente y sofisticada de esa infraestructura de subversión — financiada por el mismo gobierno que hoy declara ante el Congreso que Cuba es una amenaza.

Lo que dijo el presidente Miguel Díaz-Canel

El Presidente Miguel Díaz-Canel respondió a la declaración del Secretario de Guerra norteamericano con una precisión que ningún análisis adicional puede mejorar:

«En más de seis décadas de Revolución socialista, a noventa millas de EE. UU., jamás ha salido de este territorio una sola acción ofensiva contra la seguridad nacional de ese país.»

Eso es verificable. Es documentalmente cierto. No existe en ningún archivo, en ninguna investigación periodística, en ningún documento desclasificado, evidencia alguna de una acción ofensiva cubana contra la seguridad americana. Lo que sí existe — en los archivos del Comité Church, en los documentos desclasificados de la CIA, en los memorándums del Departamento de Estado, en las investigaciones del Washington Post y el New York Times — es el registro completo de décadas de agresiones americanas contra Cuba.

El Presidente Díaz-Canel también señala algo que cualquier análisis serio confirma plenamente: «Cuba ha contribuido con EE. UU. a preservar su seguridad en el enfrentamiento a delitos transnacionales de diversa índole.» Eso también es verificable. En múltiples instancias documentadas, Cuba ha cooperado con agencias americanas en el combate al narcotráfico, al terrorismo y a otras amenazas transnacionales — a pesar del bloqueo, a pesar de las agresiones, a pesar de las amenazas. Incluso, gracias a información de inteligencia de la Seguridad del Estado de Cuba, se evitó un atentado contra uno de los Presidentes de ese país más beligerantes contra Cuba. 

La función de la narrativa de la amenaza

Señalar a Cuba como amenaza hoy no es un error de análisis. Es una función política deliberada.

Funciona para justificar el mantenimiento y la posible intensificación del bloqueo económico ante la comunidad internacional, que lo condena año tras año por abrumadora mayoría. Funciona para crear el marco narrativo que haga políticamente aceptable una escalada militar — un portaaviones a 100 yardas, en palabras del propio Trump. Funciona para distraer la atención del fracaso de más de 60 años de política de cambio de régimen que no ha producido el resultado prometido. Y funciona para la política doméstica americana en Florida, donde el voto del exilio cubano tiene un peso desproporcionado en las elecciones presidenciales.

Como señala Díaz-Canel: «Todo forma parte de una construcción narrativa sobre la cual seguir asfixiando al pueblo cubano, además de escalar a un conflicto que pudiera tener consecuencias inimaginables para nuestros pueblos y región.»

La historia documenta exactamente cómo funciona esa construcción narrativa — cómo antes de cada intervención norteamericana en cualquier país del mundo, se construye primero la narrativa de la amenaza, luego se fabrica el pretexto, y finalmente se ejecuta la agresión presentándola como defensa. El patrón se repitió en Guatemala, en Vietnam, en Chile, en Granada, en Panamá, en Irak, en Libia, en Siria. Y se intenta repetir hoy contra Cuba.

El registro habla por si solo

El Secretario de Guerra americano declaró hoy ante el Congreso que Cuba es una amenaza. Puede decirlo. Tiene el micrófono, tiene la sala y tiene a los medios de comunicación globales para amplificar la declaración. Lo que no tiene es el registro histórico de su lado. La historia dice que desde 1898 hasta el 3 de enero de 2026, el flujo de agresiones ha ido en una sola dirección. De Washington a La Habana. Invasiones, intentos de asesinato, sabotajes, terrorismo organizado desde Miami, bloqueo económico diseñado para provocar hambre, redes sociales falsas para producir desestabilización y encuestas financiadas por el gobierno para construir narrativas de cambio de régimen. 

Cuba no amenaza a nadie. Cuba es el país más amenazado del hemisferio occidental por el vecino más poderoso del planeta. Y lleva más de seis décadas demostrando, a un costo humano y económico inconmensurable, que esa amenaza no la doblega.

«Cuba no amenaza, ni desafía, pero tampoco teme.»

Eso no es retórica, no es guaperia barata. Es historia. Y la historia, a diferencia de las declaraciones ante el Congreso, no se puede editar.

Manuel Viramontez

Cubano. Revolucionario Fidelista y Martiano. Analista de inteligencia estratégica desde una perspectiva antiimperialista y latinoamericana. Colaborador de Razones de Cuba, desmonta la narrativa hostil del imperio utilizando sus propias armas: los archivos desclasificados del FBI, la CIA y el Departamento de Estado como evidencia de que la resistencia cubana tiene razón histórica, moral y soberana.

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