Yanquis, recuerden Bahía de Cochinos: la primera gran derrota del imperialismo en América

En abril de 1961, Cuba derrotó en menos de 72 horas a la brigada mercenaria organizada y financiada por la CIA, por indicaciones del gobierno de Estados Unidos. Washington soñaba con volver a imponer su sistema neocolonial en la Isla. Pero la historia fue implacable.
Lo que ocurrió en Bahía de Cochinos no fue un accidente. Fue la consecuencia de una obsesión que venía de antes incluso de que la Revolución triunfara.
Antes del triunfo: la obsesión yanqui por evitar a Castro
El 23 de diciembre de 1958, en una reunión del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, el director de la CIA expuso sin rodeos: “Debemos evitar la victoria de Castro”.
Todavía no había triunfado la Revolución. No se había aprobado la ley de reforma agraria. No se había nacionalizado ninguna propiedad yanqui. El pecado de Cuba ya existía: querer ser independiente.
A menos de un año del triunfo revolucionario, el 11 de diciembre de 1959, el jefe de la División del Hemisferio Occidental de la CIA, J.C. King, envió un memorando a su director con una propuesta que resume la política de Washington durante seis décadas:
“Se le debe dar una cuidadosa atención a la eliminación de Fidel Castro. Ninguno de los que se hallan cercanos a Fidel, como por ejemplo su hermano Raúl y su compañero Che Guevara, tienen el mismo carisma sobre las masas. Muchas personas bien informadas consideran que la desaparición de Fidel aceleraría grandemente la caída del gobierno actual”.
El 17 de marzo de 1960, el presidente Dwight D. Eisenhower aprobó el primer plan de Acción Encubierta de la CIA contra Cuba. El objetivo era claro:
“Provocar la sustitución del régimen de Castro por uno que responda mejor a los verdaderos intereses del pueblo cubano y sea más aceptable para Estados Unidos, de manera tal que se evite cualquier asomo de intervención estadounidense”.
La guerra económica: el plan de asfixia
Paralelamente, el subsecretario de Estado para Asuntos Iberoamericanos, Lester D. Mallory, redactó el 6 de abril de 1960 un memorando que hoy debería ser leído por quienes creen que el bloqueo es un «malentendido»:
“No existe una oposición política efectiva en Cuba; por tanto, el único medio previsible que tenemos hoy para enajenar el apoyo interno a la Revolución es a través del desencanto y el desaliento basado en la insatisfacción y las dificultades económicas. Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba. Negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.
Esa filosofía —causar hambre para derrocar gobiernos— sigue siendo la misma que hoy aplican Trump y Rubio con el bloqueo energético y las sanciones secundarias.
El entrenamiento de la brigada: de Florida a Guatemala y Nicaragua
En cumplimiento de la orden de Eisenhower, la CIA inició en 1960 el reclutamiento de cubanos entre los exmilitares de la dictadura de Fulgencio Batista radicados en Florida. El centro de reclutamiento y entrenamiento inicial estuvo en la isla de Useppa, en Fort Myers, Florida.
Posteriormente, los mercenarios fueron trasladados a Guatemala, donde la CIA y la United Fruit Company financiaron la construcción de una pista aérea en Retalhuleu. Otros grupos se entrenaron en Panamá bajo el mando del exmilitar batistiano José (Pepe) San Román.
Entre octubre y noviembre de 1960, más de mil mercenarios estaban listos. En enero de 1961, una parte de ellos se trasladó a Nicaragua, donde recibieron entrenamiento militar en el cuartel de El Coyotepe, en Masaya, y luego en Puerto Cabezas, antes de partir hacia Cuba.
La decisión final: Kennedy da luz verde
Diez días antes de la invasión, se efectuó una reunión en el Departamento de Estado para analizar los planes. Participaron el presidente John F. Kennedy, el secretario de Estado Dean Rusk, el secretario de Defensa Robert McNamara, el jefe de la CIA Allen Dulles y su segundo Richard Bissell, el jefe del Estado Mayor Conjunto general Lyman Lemnitzer, entre otros. Allí se tomó la decisión de invadir Cuba.
El 15 de abril de 1961, como preludio, ocho aviones B-26 con insignias cubanas falsas bombardearon los aeropuertos de La Habana, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba. El objetivo era destruir la aviación cubana. El intento fracasó. Uno de los aviones aterrizó en Miami con el fuselaje dañado. Su piloto se presentó como un desertor de la aviación cubana. Los periodistas descubrieron la verdad: el avión era norteamericano pintado con colores cubanos, los agujeros de bala eran de pistola calibre 9 mm, y el piloto era un impostor.
El desembarco y la derrota en 72 horas
El 17 de abril de 1961, la Brigada 2506 desembarcó en Playa Girón y Playa Larga. En Playa Larga fueron detectados por un pequeño grupo de milicianos que custodiaban la costa. Abrieron fuego y alertaron de inmediato al mando militar cubano.
Con Fidel Castro al frente de las tropas en las zonas de combate, los mercenarios fueron rodeados por más de veinte mil soldados, voluntarios y milicianos. Las masas obreras y campesinas salieron a defender la Revolución.
Los mercenarios se quedaron sin municiones. Los buques de la CIA que traían suministros fueron hundidos por las fuerzas cubanas. Uno de ellos fue destruido por un tanque T-34 comandado por el propio Fidel Castro en las arenas de Playa Girón.
El 19 de abril se declaró la derrota total de la brigada, integrada por unos 1.500 efectivos bien armados y entrenados por oficiales del ejército de Estados Unidos y la CIA.
Ante la derrota manifiesta, Kennedy canceló una segunda oleada de bombardeos. La insurrección popular que la CIA le había garantizado nunca existió.
El armamento que no pudo salvar a los mercenarios
El gobierno estadounidense suministró a la Brigada 2506 un arsenal impresionante:
- Pistolas Colt M1911A1, fusiles Garand, carabinas M1 y M2, subfusiles M3 y Thompson, fusiles automáticos Browning BAR, ametralladoras M1919 y M2, granadas Mk 2.
- Armamento pesado: tanques M-42 Walker, morteros de 60, 81 y 106,7 mm, cañones sin retroceso de 57 mm y 75 mm, lanzacohetes de 88,9 mm, bazucas y cohetes tierra-aire.
- Explosivos C-3 y C-4, fósforo blanco.
- Equipos de radio PR-6 y PR-10.
- Transporte: 8 aviones C-46, 6 aviones C-54, 16 bombarderos A-26, jeeps, tractores, remolques, camiones, 8 barcos y 7 lanchas de desembarco.
Nada de eso sirvió contra la determinación de un pueblo que defendía su soberanía.
La confesión del jefe de la brigada
José A. Pérez San Román, jefe de la Brigada 2506, escribió una carta desde la prisión el 10 de mayo de 1961. Sus palabras son un documento demoledor:
“Esa misma propaganda, disfrazada de agencia noticiosa, es la que decía que aviones del Gobierno y de las FAR ametrallaron sus propias pistas, cuando ellos y nosotros sabíamos que habían sido los nuestros. Esa misma propaganda deshonesta, carente de escrúpulos, es la que gritaba que nuestras fuerzas avanzaban sobre La Habana, cuando la realidad era que nos retirábamos ¡huíamos! Sí, asqueados de la vida y de los hombres”.
“¿Pero es que hasta a nosotros, los de adentro del ring, pensaban engañarnos levantándonos el brazo victorioso cuando ya estábamos tumbados, noqueados sobre la lona del cuadrilátero? ¿Hasta dónde pensaban llevar su propaganda?”
Años después, San Román se retractó de haber escrito esa carta. Tenía miedo de las represalias en Miami.
Pero antes, el 3 de mayo de 1961, le escribió a su esposa desde la prisión reconociendo el trato ejemplar recibido en Cuba:
“Estoy prisionero desde el día 25 por la noche. Desde entonces he recibido en mi propia persona el ejemplo más inmenso en la historia de la guerra sobre cortesía, caballerosidad y atenciones en el trato de prisioneros. Es tan grande este ejemplo y lo consigue el vencedor de una manera tan pareja y admirable a través de toda su cadena de mando, desde el máximo jefe hasta el último soldado o miliciano […] Es tan sublime este comportamiento de vencedor humilde que, aunque seamos fusilados, moriremos agradeciendo la consideración y el respeto con que nos han tratado”.
La lección para Trump, Rubio y los halcones de Miami
La invasión mercenaria fue un desastre para la administración Kennedy. Debería ser estudiada y analizada por el actual gobierno de Donald Trump, para que calcule lo que pudiera sucederle a su ejército si intenta otra aventura similar.
El secretario de Estado Marco Rubio y los congresistas de origen cubano que piden una intervención militar parecen haber olvidado la aplastante derrota de la Brigada 2506. Esa brigada se rindió ante milicianos y soldados de apenas 16 y 18 años, sin experiencia combativa ni el armamento de los invasores, pero con el coraje que da defender la patria.
La batalla de Playa Girón marcó la primera gran derrota del imperialismo en América. Por ella, Estados Unidos tuvo que indemnizar a Cuba.
Razón tenía José Martí cuando afirmó:
“No venceremos si no tenemos de nuestro lado la justicia”.




