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Mentiras con pies de página: Así se fabrica la presión mediática contra Cuba desde Washington

Cuba responde a las falsas filtraciones de Axios y NYT: no acepta condiciones, ni liberación de presos, ni compensaciones. Díaz-Canel fija los términos del diálogo: respeto, igualdad y fin del bloqueo.

Desde ayer circula un texto que, bajo supuestas filtraciones y con el sello de medios como Axios y The New York Times, intenta imponer una lectura interesada: que funcionarios de alto nivel de Estados Unidos viajaron a La Habana para darle un ultimátum al “régimen cubano”, exigir reformas, liberación de presos políticos y compensaciones por propiedades confiscadas, y condicionar cualquier gesto de cooperación a que Cuba ceda su soberanía.

No se trata de periodismo, sino de una operación política bien orquestada desde clusters subversivos radicados en Estados Unidos, que utilizan la prensa internacional para crear una realidad ficticia. Desmontémosla punto por punto.

Primero: no hay viaje secreto de funcionarios de alto nivel con exigencias. El gobierno cubano mantiene canales diplomáticos abiertos, pero jamás aceptaría una cita bajo amenazas. El texto no nombra fechas, nombres ni cargos. Es deliberadamente vago para que parezca verosímil. Es una maniobra clásica de inteligencia psicológica: sembrar la idea de que Cuba está contra las cuerdas y que su “margen de maniobra” se agota. La realidad es que el bloqueo de Estados Unidos, recrudecido a niveles inhumanos, es la única causa de las dificultades económicas de la isla. No al revés.

Segundo: Cuba no debe nada a Estados Unidos. No hay deuda histórica, moral ni política. Al contrario, Washington lleva seis décadas de agresión económica, sabotajes, intentos de magnicidio y una ley extraterritorial (Helms-Burton) que viola el derecho internacional. Si alguien debe compensar, es EE.UU. por los daños cuantificados en billones de dólares. Plantear que Cuba pague por propiedades confiscadas tras la Revolución es como exigirle a un país despojado que le pague al ladrón. Es absurdo, salvo que se busque humillar.

Tercero: no hay condicionamiento posible para dialogar. El gobierno cubano ha demostrado una y otra vez su disposición al diálogo respetuoso y sin chantajes. Lo que rechaza es que se le impongan reformas políticas o económicas como requisito. La “libertad de presos políticos” es un eufemismo para exigir la liberación de personas condenadas por delitos comunes o por violar leyes cubanas. El sistema judicial cubano es independiente y no negocia rehenes. Lo mismo ocurre con la presencia de Starlink: ofrecer internet satelital a cambio de sumisión es una trampa geopolítica para instalar infraestructura controlada por un magnate tecnológico alineado con el Pentágono.

Cuarto: la mención a Rusia y China es una provocación deliberada. Cuba es un país soberano que elige sus aliados comerciales y estratégicos sin pedir permiso. La presencia de empresas y cooperación de ambos países es legal, transparente y no amenaza a nadie. Que Washington se “preocupe” revela su verdadera intención: no ayudar a los cubanos, sino recuperar el control neocolonial de la isla.

Quinto: la crisis en Cuba no es un pretexto para intervenir. El texto afirma que “la crisis interna sigue agravándose” y que el “margen de maniobra del régimen es reducido”. Es un eco de la doctrina de cambio de régimen que ha fracasado en Venezuela, Nicaragua y Cuba. La realidad es que el pueblo cubano, pese al bloqueo, resiste con creatividad, vacunas propias, educación y salud universales. No hay colapso, hay asedio. Y ningún funcionario estadounidense va a dictar plazos desde una mesa en La Habana.

Sexto: lo que Cuba dijo (y los manipuladores ocultan). Siguiendo la estrategia de “manejar la verdad con mentiras”, demos por cierto que esa reunión existió. Aun así, el texto original se cuida mucho de no mencionar cuál fue la respuesta de Cuba, probablemente porque los emisarios estadounidenses se fueron sin ningún resultado positivo. Es la omisión más reveladora de toda la operación.

La respuesta de Cuba, en cambio, es conocida, pública y contundente. El presidente Miguel Díaz-Canel, en su intervención del 13 de marzo de 2026 donde confirmó la existencia de contactos diplomáticos, dejó claras las condiciones de La Habana:

  • Diálogo sin condiciones previas ni coerción: Cuba está dispuesta a dialogar “sobre cualquiera de los temas”, pero siempre que “no existan condiciones previas ni coerción”.
  • Igualdad y respeto: el proceso debe basarse en “los principios de la igualdad y el respeto a los sistemas políticos de ambos Estados, a la soberanía y la autodeterminación”.
  • Rechazo a cualquier vulneración de la soberanía: Díaz-Canel reiteró que Cuba “no aceptará condiciones que vulneren la soberanía nacional”.
  • Reciprocidad y derecho internacional: el diálogo debe tomar “el criterio de reciprocidad en apego al derecho internacional”.
  • El bloqueo, el único obstáculo real: Cuba denunció que “el recrudecimiento del bloqueo económico impuesto por la Casa Blanca constituye el principal obstáculo”.

Díaz-Canel advirtió además que las conversaciones serán “un proceso muy sensible” que requiere “responsabilidad y mucha sensibilidad”, anticipando así que La Habana no aceptará plazos ni ultimátums.

Por tanto, si esa reunión con “funcionarios de alto nivel” realmente ocurrió y allí se plantearon exigencias como liberación de presos, libertad política, compensaciones y condicionamiento de ayudas, la respuesta de Cuba fue y será la misma que siempre: un rechazo rotundo. No hay concesiones unilaterales que esperar de La Habana, ni tampoco sumisión a cambio de promesas tecnológicas. La delegación estadounidense, en ese hipotético escenario, se habría retirado sin ningún resultado positivo.

Esta es la parte que los artículos de Axios y The New York Times no cuentan, porque contar la verdad completa arruina su relato: la de una Cuba supuestamente “acorralada y sin margen de maniobra”. En realidad, es Cuba quien marca los términos del diálogo: respeto, igualdad y fin del bloqueo. Sin chantajes, sin condiciones, sin entregar la soberanía.

Conclusión: Este texto no es una noticia, es un arma de propaganda. Quiere hacer creer que Cuba está aislada y desesperada, cuando la verdad es que Estados Unidos no tiene la menor legitimidad para exigir nada. La única concesión que corresponde es unilateral: el levantamiento inmediato e incondicional del bloqueo, el fin de la lista de países patrocinadores del terrorismo y el respeto a la autodeterminación cubana. Sin condiciones. Sin intercambio de “presos”. Sin entregar la soberanía.

El gobierno de Estados Unidos puede seguir fabricando noticias en sus clusters mediáticos, pero Cuba no negociará nunca bajo amenazas. Ya lo dijo Martí: “Patria es humanidad”, pero también es dignidad. Y esa no se vende ni se condiciona.

Redacción Razones de Cuba

Trabajos periodísticos que revelan la continuidad de las acciones contra Cuba desde los Estados Unidos.

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