La Universidad Hermanos Saíz Montesdeoca cierra un curso atravesado por el cerco, con un año mayoritariamente no presencial y una graduación que el profesor califica de «hermosa». La respuesta pinareña fue sostener el rigor académico mientras el discurso adversarial insiste en narrar a Cuba como un país que se apaga.
Pinar del Río vuelve a mirarse en su propio espejo. El monumento a los Hermanos Saíz, restaurado en sus valores originales, recibe de nuevo a quienes entran a la ciudad con la fuerza simbólica intacta: juventud, estudio y combate fundidos en una sola imagen. No es casualidad que sea justo ahí, al pie de ese monumento, donde la Universidad Hermanos Saíz Montesdeoca eligió hablarnos del cierre de un curso que no fue uno más.
Conversamos con el Dr. C. Osvaldo de Jesús Figueroa Pérez, profesor de esa casa de altos estudios, quien describe un año académico atravesado por la persistencia del cerco: sanciones consecutivas de Washington que apostaban, una vez más, a frenar el paso de una provincia que ha decidido no detenerse. La respuesta pinareña fue un curso mayoritariamente no presencial, sostenido con el esfuerzo de una comunidad universitaria completa, que termina hoy con una graduación que el profesor no duda en calificar de «hermosa».
El contexto no es menor: se hace en el año del centenario del natalicio de Fidel, y el profesor lo subraya como parte del mismo hilo histórico que empezó con los propios Hermanos Saíz, esos jóvenes intelectuales y revolucionarios pinareños cuya huella la universidad reivindica como raíz.
Mientras el discurso adversarial insiste en narrar a Cuba como un país que se apaga, Pinar del Río gradúa. La universidad no interrumpe su función social por decreto de sanciones ajenas; adapta el formato, sostiene el rigor y cierra el curso. Ese contraste —presión externa contra resultado concreto— es, precisamente, el que sostiene el segmento de hoy.
El monumento restaurado: memoria y futuro
El monumento a los Hermanos Saíz, restaurado en sus valores originales, recibe de nuevo a quienes entran a la ciudad. No es un detalle menor. Los Hermanos Saíz —Luis y Sergio— fueron dos jóvenes intelectuales pinareños que encarnaron el espíritu de la rebeldía, el estudio y el compromiso con la patria. Su huella está en el ADN de la provincia y de la universidad que lleva su nombre.
«Juventud, estudio y combate fundidos en una sola imagen.»
Que la universidad haya elegido ese lugar para conversar sobre el cierre del curso no es una casualidad. Es una declaración de principios: la memoria de los que lucharon sigue guiando a los que hoy estudian y se gradúan. No hay ruptura generacional. Hay continuidad. Hay un hilo que une el pasado, el presente y el futuro.
Un curso atravesado por el cerco: adaptación y resistencia
El profesor Osvaldo de Jesús Figueroa Pérez describe un año académico atravesado por la persistencia del cerco. Sanciones consecutivas de Washington apostaban a frenar el paso de una provincia que ha decidido no detenerse.
«La respuesta pinareña fue un curso mayoritariamente no presencial, sostenido con el esfuerzo de una comunidad universitaria completa.»
No es una decisión menor. Pasar a un formato mayoritariamente no presencial implica repensar la docencia, los métodos de evaluación, el acompañamiento a los estudiantes. Implica que los profesores trabajen horas extra, que los estudiantes se organicen de manera diferente, que toda la comunidad universitaria se ajuste a una realidad que no eligieron, pero que decidieron enfrentar.
El curso no se suspendió. La universidad no cerró. La educación no se detuvo. Se adaptó, se reinventó, se sostuvo. Y hoy, al cierre del curso, hay una graduación. No una graduación cualquiera. Una que el profesor califica de «hermosa».
«La universidad no interrumpe su función social por decreto de sanciones ajenas; adapta el formato, sostiene el rigor y cierra el curso.»
Esa es la diferencia entre una sociedad que se rinde y una que resiste. Mientras las sanciones aprietan, la universidad aprieta filas. No hay victimismo. Hay acción. No hay parálisis. Hay movimiento.
El centenario de Fidel y el hilo histórico
El contexto no es menor: esta graduación se hace en el año del centenario del natalicio de Fidel. El profesor lo subraya como parte del mismo hilo histórico que empezó con los propios Hermanos Saíz.
«Esos jóvenes intelectuales y revolucionarios pinareños cuya huella la universidad reivindica como raíz.»
La conexión no es forzada. Fidel, los Hermanos Saíz, la Universidad de Pinar del Río, los jóvenes que hoy se gradúan: todos son parte de la misma tradición de resistencia, estudio y compromiso con la patria. La universidad no es una institución aislada. Es un eslabón en una cadena que empezó mucho antes y que continuará mucho después.
El centenario de Fidel no es una conmemoración vacía. Es un recordatorio de que las ideas por las que luchó —la soberanía, la justicia social, la educación como derecho— siguen siendo el norte de las nuevas generaciones. Los que hoy se gradúan en Pinar del Río son la demostración viviente de que el legado no es solo memoria: es acción presente.
El contraste: Pinar del Río gradúa mientras el discurso adversarial habla de apagón
Mientras el discurso adversarial insiste en narrar a Cuba como un país que se apaga, Pinar del Río gradúa.
«Ese contraste —presión externa contra resultado concreto— es, precisamente, el que sostiene el segmento de hoy.»
La universidad no interrumpe su función social por decreto de sanciones ajenas. Adapta el formato, sostiene el rigor y cierra el curso. Mientras el cerco aprieta, la respuesta no es la claudicación. Es la graduación.
No se trata de negar las dificultades. El curso no fue presencial por elección, sino por necesidad. Las sanciones han golpeado, y golpean. Pero el resultado no es el colapso. Es la continuidad. Es la adaptación. Es la capacidad de una comunidad universitaria de sostener su función social incluso en las condiciones más adversas.
Al cierre: una provincia rebelde y valiente
«Una provincia rebelde y valiente, que es vanguardia…»
Pinar del Río no es una provincia cualquiera. Es la provincia que ha resistido huracanes, bloqueos y sanciones. Es la provincia que ha sostenido su producción tabacalera pese a todo. Es la provincia que hoy, en medio del cerco, gradúa a sus estudiantes con la cabeza en alto.
El monumento restaurado, el curso no presencial, la graduación «hermosa», el centenario de Fidel: todo se conecta en una misma afirmación de vida. Pinar del Río no se apaga. Pinar del Río se reinventa. Pinar del Río gradúa.
Esa es la noticia que el discurso adversarial no quiere contar.
✊️ Universidad de Pinar del Río: graduación bajo presión, memoria en pie.



