Un análisis de la encuesta promovida por el medio mercenario El Toque
El 75.1% que apoya el capitalismo no representa al pueblo cubano, sino a la audiencia autoseleccionada de medios financiados por NED.
Antes de analizar una sola pregunta sobre la encuesta promovida por medios que sabemos son pagados desde el exterior, hay que identificar al promotor principal: El Toque, el medio que lidera la alianza de más de 20 «medios NO-Independientes» que distribuyen esta encuesta.
La coartada de la independencia está desmentida desde el acta de fundación. El propio Jasán confirmó que El Toque fue fundado en 2014 por la ONG holandesa RNW Media, que tenía el proyecto enfocado en Cuba, México y Venezuela. Lo que no suele mencionarse es el contexto de esa ONG fundadora: el medio surgió bajo el amparo de la emisora holandesa Radio Nederland, inicialmente creada con fines de subversión contra la entonces Unión Soviética, la cual recibía financiamiento del gobierno estadounidense. Radio Nederland tuvo como eje fundamental la formación de un liderazgo contracultural de nuevo tipo, impartiendo cursos de formación de líderes en Europa, porque «necesitaban periodistas graduados en las universidades cubanas, personas que pudieran identificarse con la población.»
El Toque no es un medio que derivó hacia la subversión. Nació para eso. La encuesta que promueve hoy es coherente con su ADN fundacional. Los vínculos con el aparato de financiamiento americano no son especulación. Son hechos documentados por el propio director del medio. En entrevista concedida a la agencia EFE el 13 de noviembre de 2025, el director de El Toque, José Jasán Nieves, afirmó que aproximadamente el 50% del presupuesto anual de la plataforma procede de «cooperación internacional estadounidense», cifrando ese presupuesto entre 800 mil y un millón de dólares anuales.
No es una acusación. Es una confesión pública.
Son probados sus vínculos con la National Endowment for Democracy (NED). Coberturas internacionales de France24 y The Guardian recogen que El Toque ha recibido fondos federales estadounidenses de forma indirecta, canalizados a través de organizaciones como la NED. La propia NED reconoce en su web que es financiada por el gobierno de EE.UU. a través de asignaciones anuales del Congreso.
La NED no es una fundación filantrópica. Es el instrumento creado en 1983 para hacer de forma «civil» lo que antes hacía la CIA de forma encubierta: financiar la desestabilización de gobiernos que Washington considera adversarios. Su primer director, Allen Weinstein, lo dijo sin eufemismos en una entrevista al Washington Post: «Mucho de lo que hacemos hoy lo hacía la CIA hace 25 años de forma encubierta.»
Y luego está la confesión que lo hace todo explícito. En una publicación en redes sociales, Jasán declaró: «Yo no escondo mi compromiso político ni juego a la ambivalencia. Yo quiero el fin de la dictadura en Cuba. Yo trabajo por cambiar el régimen político existente.» Sus empresas asociadas, Mediaplus Experience INC. y el Colectivo Mas Voces Foundation INC., están registradas como «vendors» —proveedores— del gobierno federal estadounidense.
El hombre que coordina la alianza de 20 medios anticubanos que distribuye esta encuesta es, por sus propias palabras y por registro legal americano, un proveedor del gobierno que financia el cambio de régimen en Cuba. No hay forma de sostener que el instrumento que promueve es políticamente neutral.
EL PROBLEMA DE LA MUESTRA — LA TRAMPA ESTADÍSTICA FUNDAMENTAL
Antes de analizar nada, hay que entender el vicio de origen que invalida cualquier conclusión que se pretenda extraer de esta encuesta como representativa de la opinión cubana. La iniciativa es coordinada por un consorcio de periodistas independientes, impulsada por una alianza de más de 20 medios digitales dependientes del Gobierno de Washington, creadores de contenido y actores contrarevolucionarios.
Esos 20 medios tienen una audiencia específica, predeterminada y autoseleccionada: personas que ya consumen su contenido amarillista, que tienen acceso a internet suficiente para seguir esos canales, que tienen una disposición ideológica alineada con su línea editorial, y que están dispuestas a responder preguntas políticas en un cuestionario distribuido por esos medios.
En metodología estadística esto se llama sesgo de selección muestral. No es un error técnico menor — es la invalidación completa de cualquier pretensión de representatividad.
Según los primeros resultados publicados, el 75.1% de los respondentes apoya la transición hacia un modelo capitalista con democracia liberal y economía de mercado. Ese número no describe la opinión del pueblo cubano. Describe la opinión de las personas que consumen medios financiados por la NED y tienen conectividad y disposición para responder una encuesta distribuida por esos canales. Son dos poblaciones completamente distintas, y presentar una como la otra es, técnicamente, fraude estadístico.
El equivalente metodológico sería distribuir una encuesta sobre política exterior americana exclusivamente entre suscriptores de un medio financiado por Moscú, y luego presentar los resultados como «la opinión del pueblo americano.»
ANÁLISIS DE ALGUNAS PREGUNTAS — EL SESGO EN LOS DETALLES
El diseño de las opciones: cuando la arquitectura predetermina el resultado
Pregunta 7 — El modelo político
Las opciones ofrecidas son: mantener el socialismo tal como está, reformar el socialismo, sistema mixto, transición al capitalismo liberal, capitalismo sin pluripartidismo, o no tengo posición.
El sesgo no está en las opciones que incluye. Está en cómo están redactadas. «El socialismo es el modelo correcto pero necesita reformas profundas» suena a autocrítica resignada. «Cuba necesita transitar hacia un modelo capitalista de democracia liberal y economía de mercado» suena a modernidad y apertura. La redacción de las opciones no es neutral — está cargada de connotaciones valorativas que empujan inconscientemente al respondente hacia determinadas elecciones.
Pregunta 20 — El papel del exilio en un gobierno de transición
Esta pregunta asume como premisa que habrá un «gobierno de transición.» No pregunta si debe haberlo. Pregunta cuánto poder tendrá el «exilio» en él. El marco de la pregunta da por sentado el resultado político que la encuesta está diseñada para normalizar. Es lo que en teoría de la comunicación política se llama pregunta de presuposición: la premisa está embebida en el enunciado, y el respondente la acepta implícitamente al elegir cualquiera de las opciones disponibles.
Pregunta 24 — Las formas de «presión o intervención externa»
Aquí llegamos al momento más revelador de todo el instrumento. Entre las opciones disponibles para «impulsar cambios en Cuba» aparece, sin ningún tipo de nota, advertencia o contexto: «Intervención militar directa de Estados Unidos.» COMO? Si, como usted me lee.
Una encuesta que se presenta como «políticamente neutral» y diseñada para «incluir todas las posiciones» considera que preguntar si el pueblo cubano apoya una invasión militar de su propio país es una opción legítima de respuesta. No es neutralidad metodológica. Es la normalización deliberada de una opción que en cualquier otro contexto del mundo se llamaría, sin eufemismos, colaboración con el enemigo.
Más revelador aún: la pregunta permite marcar «varias opciones simultáneamente» . Puedes seleccionar «mayor presión diplomática multilateral» Y «intervención militar directa» en la misma respuesta. El instrumento no trata la invasión como una opción extrema que excluye las demás — la coloca en el mismo menú que el diálogo negociado, normalizándola como parte del espectro legítimo de lo pensable.
En la literatura de comunicación política y operaciones de influencia, este mecanismo tiene nombre: «normalización incremental de opciones radicales» . Se introduce la opción extrema sin resaltarla, mezclada con opciones moderadas, para que su sola presencia en el formulario comience a despojarla de su carácter de tabú absoluto.
Pregunta 29 — Qué preservar o eliminar
La tabla incluye «El aparato de Seguridad del Estado» como elemento a mantener o eliminar, en el mismo nivel que «la libreta de abastecimiento» o «subvenciones culturales.» Preguntar en un formulario anónimo — cuyo anonimato es prometido por la misma organización que recolecta los datos — si el respondente quiere eliminar la Seguridad del Estado es preguntar, en el contexto cubano, si apoya el desmantelamiento del principal mecanismo de defensa de la soberanía nacional. La equivalencia visual entre esa opción y preguntas sobre política social es en sí misma un acto de encuadramiento ideológico.
LA ZANAHORIA DE LAS 50 RECARGAS — INTELIGENCIA OPERACIONAL DISFRAZADA DE INCENTIVO
Este es el elemento más operacionalmente significativo de toda la encuesta y el que menos atención ha recibido en el debate público. Al final del formulario aparece: «Si quieres participar por un sorteo de 50 recargas, déjanos tu número de teléfono. Solo números cubanos. +53»
Analicemos esto desde una perspectiva de Inteligencia. Una organización financiada por el gobierno americano — cuyos mecanismos de pago interno ya han sido documentados — está recolectando, incentivada económicamente, los números de teléfono de cubanos residentes en Cuba que han respondido 32 preguntas sobre sus posiciones políticas, su evaluación de figuras del gobierno y de contrarrevolucionarios, su disposición hacia una transición, y su opinión sobre la intervención militar americana.
La mecánica de ese uso potencial ya existe y ha sido documentada. José Jasán triangulaba los fondos del gobierno norteamericano a través de Media Plus Experience, utilizando a dueños de remesadoras y negocios privados. El dinero llegaba a cuentas en el exterior y era entregado físicamente en la isla a los actores seleccionados por el gobierno de EE.UU.
Si la infraestructura de contacto y pago interno ya operaba así, los números de teléfono clasificados por posición política, nivel educativo, provincia y disposición al cambio de régimen encajan perfectamente en esa arquitectura preexistentes. Eso no es un sorteo. Es la construcción de una base de datos de potenciales contactos, clasificados por perfil político, directamente contactables en sus teléfonos personales dentro de Cuba.
La recompensa de 50 recargas — un bien escaso y valioso en el contexto de la crisis energética — garantiza que personas que de otro modo no participarían se sientan incentivadas a dejar voluntariamente ese dato. El resultado es una base de datos autoseleccionada de cubanos con posiciones políticas identificadas y números de teléfono verificados.
En doctrina de operaciones de influencia, esto tiene nombre técnico: mapping de audiencias objetivo. Es exactamente el tipo de instrumento que describe la doctrina USAID/NED de «identificación de actores locales» para programas de «asistencia a la democracia.»
LA FUNCIÓN REAL DE ESTE INSTRUMENTO
Esta encuesta no está diseñada para medir la opinión pública cubana. Está diseñada para producir tres resultados específicos.
Primero, legitimación narrativa internacional. Un titular que diga «75% de los cubanos apoya el capitalismo» circula globalmente como noticia, independientemente de la invalidez metodológica del instrumento que lo produjo. Esta nueva encuesta colectiva representa un salto cualitativo en escala de difusión al reunir a más de 20 medios independientes alrededor de un instrumento presentado como políticamente neutral. La escala de difusión es precisamente el objetivo: más alcance significa más probabilidad de que el número se desacople de su contexto y circule como hecho establecido en el ecosistema mediático internacional.
Segundo, normalización de opciones extremas. Incluir «intervención militar directa» como opción de respuesta legítima tiene un efecto psicológico medido en la literatura de comunicación política: normaliza la opción. Cada vez que alguien lee esa pregunta — aunque la rechace — la invasión militar pierde un fragmento de su carácter de tabú absoluto y se convierte en una posibilidad dentro del espectro de lo pensable. Así funcionan las operaciones de influencia a largo plazo: no convencen de inmediato, desplazan los límites de lo considerado aceptable.
Tercero, construcción de infraestructura de contacto. Los números de teléfono recolectados mediante el incentivo de las recargas constituyen una base de datos operacionalmente valiosa para programas de contacto directo, distribución de información, o identificación de potenciales colaboradores dentro del territorio cubano.
LO QUE LA ENCUESTA DICE SIN QUERER
Sus promotores aseguran que el cuestionario está construido en un esfuerzo de equilibrio político y que las preguntas las puede responder con igual comodidad un ciudadano que apoya al Gobierno actual y uno que lo cuestiona.
Esa afirmación es la más reveladora de todas, no por lo que dice sino por lo que oculta. Una encuesta distribuida exclusivamente a través de medios financiados por el gobierno americano para producir el cambio de régimen en Cuba — coordinada por alguien que por sus propias palabras trabaja para ese objetivo y cuyos vehículos empresariales están registrados como proveedores del gobierno federal americano — no puede ser metodológicamente neutral aunque cada pregunta individual estuviera formulada con impecable equilibrio.
El sesgo no está en las preguntas. Está en quién las recibe, por qué canal, con qué incentivos, y para qué base de datos.
Una encuesta real sobre la opinión política cubana requeriría muestreo aleatorio estratificado por provincia, edad, sexo, nivel educativo y acceso a internet; distribución por canales no asociados a ninguna posición política; ausencia de incentivos que distorsionen la autoselección; y anonimato técnicamente garantizado — no prometido por la misma organización que recolecta los datos y los números de teléfono.
Nada de eso existe aquí.
Lo que estamos presenciando es un instrumento de subversión con diseño de encuesta. Funciona como propaganda porque tiene apariencia de ciencia. Y esa apariencia es exactamente su función: producir un número que circule internacionalmente, normalizar opciones que de otro modo serían inaceptables, y construir una infraestructura de contacto interno financiada con 50 recargas de internet en un país con apagones de 12 horas.
Los informes del Congreso de EE.UU. sobre «asistencia a la democracia en Cuba» explican que se financian organizaciones, medios e iniciativas destinadas a «abrir espacio político», «promover sociedad civil independiente» y «romper el monopolio informativo» del Estado cubano. Esto es coherente con la línea editorial de El Toque, cuyos artículos caracterizan al sistema político cubano como «régimen autoritario» y critican la «falta de democracia y pluralismo», alineando su marco interpretativo con el discurso habitual de think tanks y voceros de política de EE.UU. sobre Cuba.
Esta encuesta es la expresión más reciente y más sofisticada de ese programa. No es periodismo. No es ciencia social. Es la continuación de la misma política por otros medios: en lugar de bombarderos o bloqueos navales, formularios de Google con opciones de respuesta cuidadosamente diseñadas y un sorteo de recargas como anzuelo.
El pueblo cubano lleva más de sesenta años identificando estas operaciones. Esta no es la excepción. Además, quien dijo que no tendremos acceso a sus planes y resultados, siempre los hemos tenido, en silencio.




