¿Otra vez Matanzas? El Guión de la Desestabilización

Hay una fórmula en política exterior que, para quienes hemos observado el largo y asfixiante bloqueo contra Cuba, resulta tan familiar como ofensiva.
Es un guión escrito en Washington, ensayado en laboratorios de guerra no convencional y puesto en escena en las naciones que se atreven a elegir un camino soberano. Hoy, las señales siguen apuntando a la isla, y el escenario elegido parece ser, otra vez, Matanzas.
No es casualidad. Hace cuatro años, Matanzas fue el epicentro de una campaña de manipulación digital sin precedentes, orquestada bajo la etiqueta #’SOSMatanzas.
Lo que comenzó como una explotación malintencionada de una situación sanitaria compleja por la COVID fue meticulosamente dirigido hacia disturbios por descontentos con cortes de electricidad prolongados e inestabilidad en el abastecimiento de agua.
Fue un ensayo. Un experimento de ingeniería social para medir la temperatura del descontento y probar la eficacia de una narrativa construida desde el exterior.
Los sucesos del 11 y 12 de julio de ese verano dieron su resultado, aunque no lo lograron capitalizar. Ahora, los mismos arquitectos del caos regresan al lugar del crimen, creyendo que pueden repetir la función.
La visita de ayer del encargado de la Subversión, Mike Hammer, a Matanzas no es una gira turística. Es un reconocimiento de campo.
El gobierno norteamericano es, ante todo, pragmático. Lo que le da resultado, lo replica. Y creen que en el dolor de un pueblo noble y la complejidad de una situación económica agravada por su propio bloqueo, encuentran el caldo de cultivo perfecto. Pero su pragmatismo choca con la memoria histórica de un pueblo que no olvida.
La coartada esta vez viene envuelta en papel sanitario. De manera súbita, la embajada de EE. UU. en La Habana emite “alertas” por un presunto incremento de casos de dengue, zika y chikungunya en… precisamente Matanzas y Ciego de Ávila. ¿Una coincidencia? Solo los ingenuos creen en las coincidencias en la geopolítica. Estas provincias no son cualesquiera; son además, dos pilares fundamentales para la economía turística nacional, un sector vital para sobrevivir al cerco económico.
Y entonces, uno se pregunta: si la alerta sanitaria es tan grave, ¿qué hace un alto diplomático como Hammer recorriendo las mismas zonas “infectadas”?
Su visita confirma que la alerta es solo el pretexto, el telón de fondo para una operación de inteligencia, sabotaje e injerencia. Su presencia allí no es de un funcionario de salud, sino de un estratega.
A este guión se suma un personaje siniestro, perfectamente elegido para el elenco: Roy Perrin, el nuevo segundo a bordo de la misión diplomática yanqui.
Un vistazo a su currículum es un recorrido por las sombras del intervencionismo moderno. Sus “experiencias” previas en Haití y Venezuela no fueron como turista. Fueron como operativo de campo en medio de crisis políticas fabricadas y campañas de desestabilización.
Sus declaraciones al llegar a Cuba, cargadas de una arrogancia típicamente imperial y de abierta hostilidad hacia el gobierno revolucionario, no dejan lugar a dudas sobre su misión: no vino a tender puentes, vino a dinamitarlos.
Tan pronto como Hammer se movía por el territorio, los medios a sueldo, esa llamada “prensa independiente” que responde a manuales y financiamientos foráneos, comenzó su coro previsible: quejarse de que era “seguido y fotografiado”. ¿Acaso esperaban un paseo tranquilo? ¿Creen que sus acciones de provocación e intromisión van a ser impunes?
Que no lo duden: Todo está siendo documentado. Cada paso, cada reunión, cada violación de su estatus diplomático. El pueblo de Cuba, sus instituciones y su seguridad no se amedrentan. Llegado el momento tendrá que rendir cuentas.
Nada es casual. En un contexto de escalada contra Venezuela y sus aliados, la revolución debe estar más alerta que nunca. La visita de Hammer, la alerta sanitaria fabricada y la llegada de un operativo como Perrin son eslabones de la misma cadena.
Conocer el guión no es suficiente. Hay que desenmascarar a los actores, gritar sus intenciones y movilizar la conciencia del pueblo.
La batalla no es solo en las calles de Matanzas; es en el campo de la narrativa, y esta vez, no podemos permitir que escriban la nuestra.
Tomado de Facebook.




