El problema no es Maduro
Por Rubén Castillo
Sin dudas el problema no es Venezuela ni su sistema de gobierno ni su modo de vida, pero los tiempos han cambiado. Lo alarmante no es Venezuela. Lo peligroso es el precedente que EEUU construye, para justificar en pleno siglo XXI una doctrina de intervención en Latinoamérica, y llevar al planeta a la época de las «cañoneras» y las invasiones.
La retórica yankee es peligrosa: acusando a un supuesto narcoestado para tener el motivo, ellos, que son el más poderoso narcoestado que existe en el planeta, construyen la oportunidad, la ocasión, el momento de hacerse de Latinoamérica, y destruir los sueños de los pueblos que quieren un sistema distinto. En el marco de un tablero mundial dinámico que ya es multipolar y en donde EEUU va perdiendo espacios, nada mejor que encontrar la excusa perfecta, para venir de plano con su intento de colonización descarado en pleno siglo XXI. Según Trump y sus secuaces, Maduro lidera junto a otros elementos del gobierno y las fuerzas armadas el cartel de «Los Soles», una organización narco terrorista que compromete la seguridad yankee.
A su vez, «Los Soles», según la línea del relato, estarían vinculados con los carteles de México, cuestión que ha sido desmentida por varios gobiernos de Latinoamérica.
Asimismo, el gobierno ingerencista yankee, acusa que el narco de México (vinculado al cartel de Venezuela) lavaría dinero a través de China…y ahí está el meollo del asunto. Un país con reservas minerales e industriales, con desarrollo tecnológico, y China, Rusia, que están en el área, cómo muestra del nuevo mundo multipolar que se abre camino.
Como el hilo de Ariadna, es bien fácil seguir el camino, que nos guíe por el laberinto, para poder salir de él. No es la realidad, es el pretexto, la narrativa que quieren construir, y además cómo émulos de Geobels nos quieren hacer creer.
Que el presidente procriminal que más indultos a dado a criminales narcos, Donald Trump, haga sembrar la idea de narcoestados, deja la puerta abierta para intentar sus desmanes en nuestra patria grande, alistando aviones espías, buques de guerra y submarinos nucleares, en un despliegue desmedido que lo único que hacen es poner en evidencia las abyectas segundas intenciones. Semejante dispositivo busca un resultado.
Son los avances de una película más peligrosa, donde juegan un papel las avanzadas del Caribe, sino las siete bases que están en Colombia, de las cuales nadie sabe cuántos efectivos, blindados, tanques, misiles o aviones tienen. Es el continente que descansa en Guyana. Es la desinformación y la mentira que hace mella en las mentes de los gobiernos pusilánimes, abyectos y cobardes que traicionan su historia.Pero esa orden ejecutiva yankee, no ha medido que NINGÚN LÍDER LATINOAMERICANO ha salido a apoyarlo (y cuando hablamos de líderes no nos referimos a Paraguay, al payaso con motosierra argentino o al dictador salvadoreño), por lo cual él silencio por él momento es una muestra de espectativa.
No se sabe que respuesta dará Colombia, si las fuerzas gringas que están en su territorio invaden Venezuela. ¿Que respuesta dará Petro y sus fuerzas armadas, que son proyankis? Estados Unidos se va a echar encima no sólo a los países latinoamericanos que son dignos, sino a sus pueblos, Venezuela es la punta de un bloque que se conecta con Rusia y China.
El problema, repetimos, no es ni Venezuela ni Maduro. El problema es el relato perverso que va cercando a las izquierdas latinoamericanas como los brazos del narcotráfico, con el miedo del narcoterrorismo, siendo considerados narcogobiernos por aquel que quiere vernos arrodillados bajo su dominio.
No es sutil ni ingenuo el mensaje. Es un pretexto, un mensaje de «entrampabobos» que maquilla la idea que la derecha nos lanza para salvar su hegemonía perdida.
Por eso, a quienes vitorean en contra de Maduro, los traidores de adentro y los cipayos de afuera que apoyan el injerencismo yankee, les preguntamos:¿Saben ustedes a qué se exponen apoyando al monstruo del norte? Algunos nombres les pueden dar algunas pistas: Chile, Uruguay, Panamá, Guatemala, República Dominicana, Haití, Irak, Afganistan, Líbano, Libia, Siria. ¿Ese es el destino que quieren para Latinoamérica? Los tiempos han cambiado. No es el momento de intervenciones, y los pueblos han aprendido a defenderse. Venezuela es un hormiguero de hormigas bravas, un avispero que pica duro, un polvorín a punto de estallar. Y si estalla, la revolución bolivariana se expandirá de forma inimaginable por nuestro continente.




