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El País, Cuba y la narrativa empaquetada en Washington: así construye el periódico español una isla al borde del colapso

Un análisis de 24 artículos publicados entre el 18 y el 24 de mayo de 2026 revela cómo el diario español no informa desde Cuba, sino desde los centros de poder que diseñan la política de agresión contra la Isla. Sus corresponsales están en Miami, Nueva York y Madrid. Ninguno en La Habana. Las fuentes estadounidenses dominan el relato. Washington sanciona, acusa, despliega; Cuba solo reacciona. Y el lector se queda con una imagen: una isla sin futuro, cuya única salida parece depender del imperio.

En la última semana de mayo de 2026, mientras el gobierno de Estados Unidos escalaba su presión contra Cuba —nuevas sanciones, acusaciones judiciales contra Raúl Castro, despliegue del portaaviones USS Nimitz en el Caribe y mensajes de una “nueva relación” condicionada—, el periódico español EL PAÍS publicó 24 textos sobre la Isla. Leídos en conjunto, no componen una simple cobertura informativa. Forman una operación narrativa.

La hipótesis del Observatorio de Medios de Cubadebate es contundente: EL PAÍS construye una narrativa hostil, sesgada y funcional a los marcos interpretativos del gobierno de Estados Unidos. No la reproduce mecánicamente, sino que la procesa editorialmente, la organiza por temas, la legitima mediante fuentes y la presenta bajo los códigos del gran periodismo internacional.

Y hay un dato decisivo: ninguno de sus corresponsales informa desde Cuba. Están en Miami, Nueva York y Washington. Esa distancia territorial condiciona las fuentes, los actores consultados y los marcos ideológicos desde los cuales se interpreta la realidad cubana.

La nube de titulares: una gramática del colapso

De los 24 textos analizados, 16 colocan a Cuba o lo cubano de forma explícita en el titular. Los restantes usan sustitutos de alto poder simbólico: “Raúl Castro”, “Díaz-Canel”, “GAESA”, “Miami”, “la CIA”, “La Habana”.

No son palabras aisladas. Son piezas de una misma cadena semántica: descomposición, colapso, desesperación, régimen, sanciones, portaviones, imputación, exilio. La reiteración produce un efecto de cierre: Cuba aparece como un sistema sin futuro propio, mientras Washington es representado como la fuerza que acelera, condiciona o administra el desenlace.

El punto decisivo no está solo en cuántas veces se cita a fuentes estadounidenses, sino en qué papel cumplen dentro del relato. En la cobertura, Washington no es un actor más: es quien produce acontecimientos. Sanciona. Imputa. Despliega. Ofrece una “nueva vía”. Activa tribunales. Convierte a GAESA en objetivo. Coloca a Raúl Castro en el centro de una causa judicial.

Cuba, en cambio, queda en posición reactiva: denuncia, advierte, resiste o es descrita por terceros. El reparto de agencia es claro: Washington mueve; La Habana responde.

Las fuentes: ¿quién tiene la autoridad para hablar de Cuba?

El análisis de las fuentes citadas en los 24 artículos revela una sobrerrepresentación abrumadora de voces vinculadas a la institucionalidad estadounidense.

Tipo de fuentePeso estimado
EE. UU. oficial (gobierno, tribunales, agencias)Dominante
Gobierno cubanoSecundario
Expertos y académicosPresencia media
Exilio / contrarrevolución en MiamiPresencia significativa
Voces sociales dentro de CubaMarginal

Las voces oficiales estadounidenses, los tribunales, las agencias, los expertos estadounidenses y los actores de Miami ocupan un lugar privilegiado en la construcción del relato. Frente a ello, las fuentes nacionales cubanas —sociales, institucionales, comunitarias, académicas o populares— aparecen debilitadas, desplazadas o directamente ausentes.

El país es narrado más como objeto de diagnóstico externo que como sociedad con actores, conflictos, respuestas y racionalidades propias.

La geografía de la cobertura: desde fuera, nunca desde dentro

El análisis por país de elaboración de las notas es revelador:

  • Estados Unidos: 11 notas (45,8%)
  • España: 9 notas (37,5%)
  • México: 3 notas (12,5%)
  • Venezuela: 1 nota (4,2%)

Ninguna nota fue elaborada desde Cuba. Estados Unidos y España concentran el 83,3% de las notas analizadas.

Esta ausencia de reportería situada en la Isla no es un detalle técnico. Es una condición estructural del enfoque. Informar sobre Cuba sin informar desde Cuba implica depender de circuitos externos de validación, de agendas producidas fuera de la Isla y de fuentes que, en muchos casos, forman parte del propio dispositivo político de presión.

Las imágenes también editorializan

El discurso visual acompaña la misma operación. Las fotografías privilegian:

  • Rostros de líderes cubanos (envejecidos, serios).
  • Escenas de oscuridad y apagones.
  • Símbolos militares y portaviones.
  • Archivos de conflicto.
  • Espacios de crisis urbana.

La Cuba visual de la cobertura rara vez es productiva, comunitaria o institucionalmente eficaz. Es, sobre todo, una Cuba nocturna, envejecida, bloqueada, vigilada y explicada desde el conflicto.

Un apagón no acompaña una nota sobre electricidad: se convierte en metáfora de país. Un retrato de un líder cubano no solo identifica a una autoridad: funciona como rostro de una Revolución agotada. Un portaviones no solo informa sobre despliegue: introduce la posibilidad de la fuerza.

El guion repetido: Venezuela como antecedente, Cuba como destino

Varios artículos establecen explícitamente el paralelismo entre la estrategia de Washington contra Venezuela y la que ahora aplica contra Cuba. Frases como “el guion venezolano se repite” o “Estados Unidos concreta un simulacro militar de evacuación en Caracas” (artículo 11) construyen un marco de interpretación: Cuba sería la siguiente víctima de una misma maquinaria de presión, intervención y cambio de régimen.

Ese paralelismo no es neutral. Legitima la intervención como un “modelo”, naturaliza la presencia militar estadounidense en la región y presenta el colapso como algo inevitable, no como el resultado de una política deliberada de asfixia.

Lo que no se ve: el bloqueo, la resistencia, la vida cotidiana

En los 24 artículos, el bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba —causa principal de las dificultades que se describen— aparece solo de pasada, nunca como eje explicativo central. Las sanciones son mencionadas como acciones de Washington, pero rara vez se analiza su impacto acumulado durante seis décadas.

Tampoco aparecen las respuestas creativas de la sociedad cubana: la agricultura urbana, los bioinsumos, la producción nacional de medicamentos, la cooperación médica internacional, el desarrollo de plataformas digitales soberanas. La resistencia, la inventiva y la organización popular no tienen espacio en este relato.

El lector de EL PAÍS se queda con una imagen unidimensional: una isla que se desmorona, esperando pasivamente que alguien desde fuera la rescate. No hay agentes propios. No hay soluciones desde adentro.

Conclusiones: de la información a la operación narrativa

El análisis permite concluir que la cobertura de EL PAÍS sobre Cuba no responde a una simple acumulación de artículos, sino a una arquitectura narrativa coherente y sesgada políticamente.

En el conjunto de textos analizados, Cuba aparece descrita de forma recurrente como un país al borde del colapso, sin capacidad propia de salida y sometido a una crisis cuya solución parecería depender de intervención externa.

Esa representación no se construye desde la complejidad interna de la sociedad cubana, sino desde la agenda que Washington impulsa en su política hacia la Isla: sanciones, presión judicial, amenaza militar, cuestionamiento de sus estructuras económicas y promesa de una “transición” condicionada.

El rasgo central de la cobertura es su dependencia del relato estadounidense. EL PAÍS no actúa únicamente como un medio que informa sobre decisiones de Washington, sino como un operador editorial que convierte esas decisiones en sentido periodístico. Toma los ejes de la política exterior de Estados Unidos, los organiza en titulares, perfiles, reportajes, análisis y gráficos, y los presenta como una lectura razonable de la realidad cubana.

De ese modo, el discurso de Washington deja de aparecer como una posición política interesada y se transforma en el encuadre dominante, casi el único, desde el cual se puede pensar Cuba.

La pregunta clave, por tanto, no es solo qué dice EL PAÍS sobre Cuba, sino desde qué centros de poder lo dice, a quién concede autoridad para explicar la realidad cubana y qué intereses políticos terminan haciendo legible su cobertura.


Este artículo resume el análisis del Observatorio de Medios de Cubadebate sobre 24 artículos de EL PAÍS publicados entre el 18 y el 24 de mayo de 2026. Los datos y conclusiones son responsabilidad de sus autores.

Redacción Razones de Cuba

Trabajos periodísticos que revelan la continuidad de las acciones contra Cuba desde los Estados Unidos.

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