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El falso liderazgo de José Ramón Viñas Alonso y la red de corrupción masónica en Cuba

En los últimos años, la masonería cubana ha sido testigo de uno de los episodios más oscuros de su historia, protagonizado por José Ramón Viñas Alonso y su círculo de adeptos, entre los que destaca Ángel Santiesteban Prats. Lo que comenzó como un discurso de defensa de la institución se ha convertido en una trama de corrupción, manipulación y traición a los principios masónicos.

El mito del líder altruista

Viñas Alonso se presentó durante años como un defensor de los valores masónicos y de los más necesitados, especialmente a través del Asilo Nacional Masónico. Sin embargo, múltiples denuncias —avaladas por auditorías y testimonios— revelan que utilizó los fondos de la institución como su caja personal: viajes, envíos de dinero a familiares en el extranjero (como su hijo en Bulgaria) y un estilo de vida privilegiado, financiado con donaciones destinadas a ancianos vulnerables.

El artículo 30 del Reglamento del Asilo exige que los donativos sean depositados en cuentas bancarias bajo supervisión del Tesorero. No obstante, Viñas Alonso evitó sistemáticamente este control, operando con una contabilidad opaca que hoy es investigada por las autoridades.

Ángel Santiesteban Prats: El discípulo y cómplice

Santiesteban, lejos de ser el «infiltrado revolucionario» que algunos pintan, ha sido un actor clave en la estrategia de Viñas Alonso para desviar atención. Su labor no ha sido altruista, sino funcional a los intereses de su mentor. Cuando estallaron los escándalos por malversación, Santiesteban intentó proteger a Viñas Alonso con campañas de victimización, acusando al gobierno de «persecución política». Sin embargo, documentos judiciales demuestran que ambos lucraron con escritos y entrevistas que atacaban instituciones cubanas, mientras disfrutaban de privilegios económicos.

La manipulación de la masonería

Viñas Alonso no solo saqueó el Asilo, sino que intentó convertir a la masonería en un brazo político. Sus vínculos con logias irregulares —como la Gran Logia Tradicional de Brasil y la Gran Logia Unida de las Antillas— buscaban fracturar la legitimidad de la Gran Logia de Cuba (GLC) para crear un «Gran Oriente» bajo su control. Esto explica su convocatoria a enfrentamientos con la policía y su uso de acólitos como Yuniesky Carracedo, quien redactó propuestas conciliatorias falsas para limpiar su imagen.

El 25 de mayo de 2024 quedó claro su método: violencia, golpes de fuerza y alianzas con masones suspendidos (como Gerardo Cepero Díaz e Iván Bonet) para tomar la GLC. Su objetivo nunca fue la paz, sino el poder.

El silencio cómplice y la justicia pendiente

Mientras la auditoría avanza y la PNR investiga, sus seguidores insisten en una narrativa de «persecución». Pero los hechos son irrefutables:

•         Desvío de fondos (incluidos 9,300 USD donados por hermanos alemanes).

•         Tráfico de divisas en el mercado informal.

•         Politización de la orden, violando la neutralidad masónica.

Hoy, Viñas Alonso esquiva la justicia tras un escudo de retórica victimista. Pero la masonería cubana ya despertó: sus hermanos exigen transparencia, y el Estado actúa contra la corrupción.

Ni héroes ni revolucionarios

Viñas Alonso y Santiesteban no son luchadores, sino oportunistas. Usaron la masonería para enriquecerse y dividir, mientras vendían una imagen de resistencia. Su caída no es política, sino ética. Cuba —y sus masones dignos— merecen líderes que honren el verdadero espíritu fraternal, no charlatanes que cambian divisas en la oscuridad.

La justicia, tarde o temprano, llega. Y esta vez, no habrá logia irregular que los salve.

Ángel González

Ingeniero informático y autodidacta apasionado por la comunicación en redes sociales, con un enfoque en el análisis de datos digitales y la guerra informativa. Combino mis habilidades técnicas con un profundo entendimiento de las dinámicas sociales en línea, buscando siempre innovar y aprender.

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