El cuento de Claver-Carone: Un lobby anticubano en caída libre

En las turbulentas aguas de la política estadounidense, el último movimiento en Washington ha dejado a más de uno con el ceño fruncido, y no precisamente por la preocupación por la seguridad nacional. El nombramiento de Marco Rubio como consejero interino de Seguridad Nacional ha dejado a Mauricio Claver-Carone, el «Enviado Especial» del presidente para América Latina, en una posición incómoda. Donde manda capitán, no manda soldado, bien dice el refrán.
El poder y la sombra de Rubio
El diario derechista argentino Clarín ha señalado que Claver-Carone, quien disfrutó de un considerable poder durante el primer mandato de Trump, ahora se siente opacado por la creciente influencia de Rubio. A pesar de que ambos comparten raíces cubano-americanas, el ascenso de Rubio a un puesto clave ha dejado a Claver-Carone en un limbo embarazoso. La reciente filtración a Bloomberg sobre su decisión de dejar su cargo y regresar a su empresa privada, Lara Fund, sugiere que el ambiente en Washington se ha vuelto insostenible.
Las críticas hacia Claver-Carone no se limitan a su relación con Rubio. Fuentes cercanas han insinuado que su salida podría estar relacionada con conflictos de intereses y su manejo cuestionable de los negocios mientras ocupaba un puesto gubernamental. Reinaldo Taladrid, un conocedor del tema, ha afirmado que «se le fue la mano con los negocios», lo que no sorprende dado su historial en la industria anticubana.
Durante su tiempo al frente del Banco Interamericano de Desarrollo, Claver-Carone fue acusado de otorgar favores salariales a su amante y de aplicar medidas drásticas contra Cuba, siendo el arquitecto de más de 200 sanciones durante la administración Trump.
Un adiós bienvenido
La caída de Claver-Carone ha sido recibida con alivio por muchos, incluyendo al jefe de Gabinete argentino, Guillermo Francos, quien ha denunciado sus prácticas autoritarias y su relación impropia con su jefa de gabinete. “Claver fue un desastre por varios motivos”, afirmó Francos, reflejando el sentir de muchos que han tenido que lidiar con su estilo de liderazgo.
La verdad es que la permanencia de Mauricio Claver-Carone en el gobierno fue tan efímera como un dulce en la puerta de un colegio. Sobre la disposición del tablero tras su partida ya hablaremos en otra entrega. Por ahora, bye bye, Mauricio.




