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¿Cómo afecta el bloqueo al sector agroalimentario?

El bloqueo estadounidense a Cuba afecta todas las esferas de la vida del cubano. Hay quien diría que limitar el acceso a los alimentos es un efecto colateral de su política, pero sería mentira. Lejos de ser un efecto colateral, la escasez en la mesa cubana es el resultado de una estrategia meticulosamente diseñada, cuyo objetivo fue articulado con frialdad.

 Un memorándum desclasificado del Departamento de Estado de EE. UU. de 1960, firmado por el entonces Subsecretario de Estado Adjunto Lester D. Mallory, expone la lógica que aún rige esta política:

“(…) hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba (…) una línea de acción que, siendo lo más habilidosa y discreta posible, logre los mayores avances en la privación a Cuba de dinero y suministros, para reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno”.

Este artículo analiza el impacto multidimensional y sistemático del bloqueo estadounidense sobre el sector agroalimentario de la isla.

Impacto del bloqueo en la producción interna y el acceso a insumos

Imaginemos un valle dedicado a la agricultura y la ganadería al que unas fuertes lluvias inunda. Los sembradíos se pierden bajo el agua, algunos animales se ahogan y las máquinas se atascan.

El campesino logra rescatar parte de la cosecha y a algunos animales, pero el camino al mercado está inundado. Consigue un bote para llegar a la fábrica donde procesa los alimentos, pero, al llegar esta está sin combustible y encharcada en agua. Hace un esfuerzo, empaca de manera artesanal y llega en bote al mercado, donde todo está desolado porque a los compradores la inundación no les permitió llegar.

Finalmente, el producto no se puede vender.

El bloqueo es una inundación diseñada por ingenieros. No es un fenómeno natural y general, sino una serie de diques rotos y desvíos de agua calculados para sumergir cada rincón del valle agrícola, creando un efecto dominó que lo paralice desde su origen.

Sin tantas metáforas, el daño real

El impacto negativo del bloqueo económico se manifiesta en la considerable disminución de la producción nacional debido a las restricciones en el acceso a divisas, insumos, materias primas, fertilizantes, maquinarias, combustibles, productos químicos y tecnologías.

Actualmente, existe una insuficiencia en la maquinaria agrícola con escazas posibilidades de comprar nuevas o conseguir piezas de repuesto para reparar. Buena parte de los equipos existentes tienen décadas de desgaste, por lo que su rendimiento es menor. Sustituirlos se ha convertido en un reto.

Por ejemplo, en 2023, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) intento comprar tractores a un proveedor de Puerto Rio. La compra, de un valor de 1.5 millones de dólares, no tuvo lugar porque el fabricante decidió no asumir el riesgo de vender a Cuba, temiendo a las sanciones estadounidenses.

Por otro lado, la imposibilidad de adquirir fertilizantes y plaguicidas ha provocado una caída en los rendimientos agrícolas de hasta un 40%.

Además, la imposibilidad de adquirir medicamentos para la masa ganadera es grave, ya que la compañía alemana Bayer dejó de realizar negocios con Cuba luego de su fusión con un consorcio estadounidense.

Esta falta de medicamentos para la ganadería y la avicultura ha causado altas tasas de mortalidad y pérdida de producción. En el caso de los huevos se registró un déficit cercano a mil millones de unidades.

Si a todo esto le sumamos las dificultades para importar alimentos, debido al carácter extraterritorial del bloqueo, el mayor precio lo paga siempre el pueblo.

¿Cómo se ve el bloqueo en la mesa del cubano?

La crisis productiva se traduce directamente en una crisis alimentaria que afecta la vida diaria de la población, socavando el derecho fundamental a la alimentación.

El epicentro de este impacto se siente en la Canasta Familiar Normada (o los mandados de la bodega, como prefieras llamarlos). Este es un sistema de productos básicos altamente subsidiados que el Estado cubano distribuye mensualmente. El bloqueo mina la capacidad del Estado para garantizar estos productos.

La entrega de productos esenciales como arroz, frijoles, pan, café, aceite, yogurt de soya, productos cárnicos y leche en polvo se ha visto afectada, llegando al punto en que algunos se atrasan por meses o no llegan a los puntos de venta.

¿Cuál es la otra opción de la población? Comprar en puntos de venta estatales o privados. En cualquiera de las dos opciones, el costo es superior por mucho a lo que costaría en la bodega.

El mercado estatal no suele tener todos los productos que la población necesita, porque no pudieron producirlos en el campo o no se consiguió el combustible para llevarlos al punto de venta. Además, el sector estatal tiene muchas más dificultades que el privado para importar productos.

Esto obliga a la población a depender de los mercados privados, a precios mayores, ya que la mayoría de sus productos son importados.

El bloqueo, una estrategia deliberada de hambre

Los problemas en el sector agroalimentario cubano no son un efecto colateral desafortunado del bloqueo, sino el objetivo central y deliberado de esta política. Cada eslabón de la cadena productiva es sistemáticamente atacado para impedir que Cuba alcance la soberanía alimentaria y pueda garantizar el sustento de su población.

Más de sesenta años después, las palabras del memorándum de Lester Mallory resuenan con una vigencia inquietante. La estrategia de «provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno» sigue siendo el pilar de una política que se mantiene intacta.

El surco vacío en el campo cubano no es simplemente un accidente climático o mala gestión; es la firma deliberada de una política exterior escrita en Washington, cuyo objetivo final es un plato vacío en las mesas de los cubanos.

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