Donde el valor no usa bata blanca, se lleva en el alma
Sin bata blanca, pero con el alma. Recorrimos el Juan Manuel Márquez: 420 mil niños, bloqueo, neurocirujanos de 19 horas y una directora que habla claro.
Por Daniel Guerra y Claudia Samón
Hay hospitales que funcionan como argumentos. El Pediátrico Docente Juan Manuel Márquez, en Marianao, es uno de ellos.
Estuvimos allí esta semana. Recorrimos sus pasillos, sus salas, su quirófano que no cierra nunca. Fuimos testigos de algo que no cabe en un comunicado ni en una estadística: dos creadores de contenido cubanos, que conocen Cuba desde adentro y la quieren desde adentro, eligieron convertir su influencia en algo concreto. Llegaron con medicamentos. Los entregaron. Sin cámaras contratadas, sin patrocinadores, sin agenda más allá de la que dicta la conciencia.
Ese gesto fue la puerta de entrada a una conversación que no olvidaremos.
La directora del hospital, la doctora Araiz Consuegra Otero, nos recibió con una honestidad que pocas veces se escucha en voz alta. No hubo eufemismos, no hubo protocolo vacío. Hubo verdad.
Este hospital atiende a 420 000 niños del occidente de La Habana. Es centro de referencia nacional en oncología infantil, neurocirugía, quemados, reumatología y politrauma. Tiene los dos únicos servicios de cirugía pulmonar pediátrica del país. Su quirófano funciona las 24 horas. Y hoy opera con el 61% de su plantilla.
Sesenta y uno por ciento. Y no ha cerrado un solo servicio.
¿Cómo se sostiene eso? Con lo que la doctora Consuegra llamó, sin dramatismo, «reorganización permanente». Turnos reconfigurados, equipos redistribuidos, trabajadores que a veces llegan al hospital porque alguien los recoge en el camino — literalmente, en el camino — porque el transporte no alcanza y el compromiso sí.
Recorrimos las salas. En oncohematología, niños que reciben tratamientos que no siempre son los de primera línea, porque los fármacos de primera línea no entran a Cuba. No porque no haya voluntad de comprarlos. No porque no haya presupuesto asignado. Sino porque el bloqueo bloquea también eso: la transferencia bancaria, el contrato con el proveedor, la pieza de repuesto del equipo que lleva meses sin funcionar.
Ha habido días en que no había una sola Duralgina en el hospital. En que los antibióticos se contaban. En que el cuerpo de guardia resolvía con paracetamol lo que debería resolver con otro recurso. Y aun así, el hospital atendió. Siempre atendió.
En los pasillos, el personal habla poco y trabaja mucho. Una enfermera de terapia intensiva que lleva turno doble. Un técnico que conoce cada válvula, cada cable, cada fallo posible del sistema eléctrico — porque en este hospital hay un solo operario del grupo electrógeno, un solo hombre que sostiene la luz cuando la red falla, y ese hombre lo sabe todo y no puede faltar.
La doctora Consuegra lo dijo sin adornos: «En un hospital como este, el héroe a veces no tiene bata blanca.»
También habló de los neurocirujanos que pasan 19 horas dentro de un salón de operaciones. Y de la obligación — no la cortesía, la obligación — de garantizarles una merienda, un almuerzo, porque nadie puede operar un cerebro de niño durante 19 horas con el estómago vacío. Eso también es gestión hospitalaria. Eso también es lo que el bloqueo complica.
Hay un número que resume la dimensión del esfuerzo: el año pasado, este hospital comenzó enero con 700 pacientes en lista de espera quirúrgica. Lo cerró con 500. Con escasez, con plantilla incompleta, con cortes de luz y crisis de insumos. Doscientos pacientes menos esperando. Doscientas familias con menos angustia.
¿Y las donaciones? Las donaciones llegan y salvan. La doctora lo reconoció con gratitud genuina — donaciones de la Unión Europea, de personas anónimas, de cubanos dentro y fuera de la isla que deciden que su gesto importe. Esta semana se sumaron dos voces jóvenes que tienen audiencia y decidieron usarla para algo que no genera likes sino vidas.
Eso también es parte del cuadro.
Lo que vimos en el Juan Manuel Márquez no es el retrato de un sistema colapsado. Es el retrato de un sistema que resiste con una determinación que desafía cualquier lógica fría. Una directora que llora algunos días y al día siguiente entra a resolver. Un equipo que piensa diferente en muchas cosas y coincide en una sola: aquí se viene a salvar vidas.
El bloqueo lleva décadas apostando a que esto no es sostenible. Que la escasez va a poder más que la vocación. Que el agotamiento va a vencer a los principios.
Esta semana, en Marianao, vimos la respuesta.
Daniel Guerra y Claudia Samón son periodistas de razonesdecuba.cu
Nota editorial: Este artículo forma parte de la cobertura especial al Hospital Pediátrico Docente Juan Manuel Márquez, que incluyó el segmento «Al caer la tarde» de La Esquina, con el diálogo completo entre Daniel Guerra y la Dra. Araíz Consuegra Otero, disponible en razonesdecuba.cu




