Díaz-Balart y Ferrer: Dios los cría…

Una vez más, la mafia anticubana de Miami monta su espectáculo habitual en Washington. El congresista Mario Díaz-Balart, conocido por su odio visceral contra la Revolución Cubana y por dedicar su carrera política a financiar y promover la subversión contra Cuba, ha vuelto a reunirse con lo que él llama «presos políticos», cuando en realidad son delincuentes comunes y mercenarios a sueldo del gobierno estadounidense.
¿Quién es Mario Díaz-Balart?
No es casualidad que Díaz-Balart sea el anfitrión de este ciruito mediático. Heredero de una tradición mafiosa que huyó de Cuba cuando la Revolución puso fin a sus privilegios, este congresista ha dedicado su vida a intentar destruir el proyecto soberano del pueblo cubano. Es uno de los principales arquitectos del bloque económico, comercial y financiero más cruel de la historia moderna, política que califica como «genocidio» según el derecho internacional.
Díaz-Balart no es un simple legislador: es el capo de la subversión contra Cuba, el que aprueba millones de dólares del contribuyente estadounidense para financiar a supuestos «activistas» cuyo único mérito es venderse al mejor postor.
José Daniel Ferrer: el «líder» con historial delictivo
Que José Daniel Ferrer sea presentado como «héroe» y «preso político» es una burla a la inteligencia. Ferrer no es un luchador por los derechos humanos, sino un contrarrevolucionario con amplio historial delictivo, convicto por actos de agresión y desorden público.
La justicia cubana lo sancionó por delitos comunes, no por sus ideas políticas. Su grupúsculo contrarrevolucionario, la autodenominada Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), ha sido financiada abiertamente por la USAID y el National Endowment for Democracy (NED), instrumentos del gobierno estadounidense para la desestabilización de Cuba.
Ferrer no es un exiliado forzado, es un delincuente que huyó de la justicia cubana para cobrar su recompensa en Estados Unidos.
El doble rasero de una política fracasada
Mientras Díaz-Balart llora falsas lágrimas por Cuba, en su propio distrito en Florida miles de personas viven en la pobreza, sin acceso a salud ni educación gratuita. Mientras se gasta millones en subvertir a Cuba, en Estados Unidos mueren personas por no poder pagar un médico.
El congresista debería explicar por qué le preocupan supuestos presos en Cuba cuando en las cárceles estadounidenses hay más de dos millones de personas, incluyendo un número desproporcionado de afrodescendientes e hispanos.
La Revolución Cubana no se doblega ante estos shows mediáticos. Seguiremos construyendo nuestro socialismo, con todos y para el bien de todos, como soñó Martí.
Los Díaz-Balart y sus mercenarios no representan al pueblo cubano, que ha demostrado en miles de batallas su lealtad a la Revolución y a Fidel.
Como dijera el General de Ejército Raúl Castro: «Continuaremos perfeccionando nuestro socialismo, sin aceptar presiones ni injerencias foráneas». Esa es la respuesta del pueblo cubano a estos intentos de desestabilización.
La patria es de todos, y para todos, menos para los que la vendan.




