67 años de resistencia: una mirada desde Cuba sobre el conflicto con Estados Unidos

La historia de Cuba y Estados Unidos no es la historia de dos vecinos que no logran entenderse. Es la crónica de una nación pequeña que lleva más de seis décadas resistiendo las ambiciones de dominación del imperio más influyente del hemisferio.
Para entender el presente —la crisis energética, el bloqueo, las negociaciones forzadas— hay que mirar el pasado. Porque lo que ocurre en 2026 no es un accidente. Es la continuación de una política diseñada hace más de sesenta años.
1959: el pecado original de la soberanía
Cuando el primero de enero de 1959 las columnas rebeldes entraron en La Habana, no solo derrocaban una dictadura. Culminaban una lucha iniciada en 1868 contra el colonialismo español y continuada contra el neocolonialismo estadounidense.
La Revolución no fue un cambio de régimen más. Fue una ruptura con un modelo de subordinación en el que Washington ejercía un dominio económico, político y militar consolidado sobre la isla. Las primeras medidas, la Reforma Agraria y la nacionalización de empresas que monopolizaban servicios básicos, no fueron actos ideológicos en origen. Fueron actos de soberanía.
Estados Unidos respondió como siempre responde cuando alguien desafía su hegemonía: con agresión económica.
El recorte de la cuota azucarera fue el primer intento de estrangulamiento. Luego vino la ruptura formal de relaciones en enero de 1961. Y en abril de ese mismo año, la invasión de Bahía de Cochinos, financiada y dirigida por la CIA.
Para Cuba, aquella invasión tuvo una consecuencia política definitiva: confirmó que la única vía para preservar la independencia era el socialismo. Por eso Fidel Castro lo proclamó precisamente en las honras a los caídos durante aquel ataque mercenario.
El bloqueo: un acto de genocidio con nombre y apellidos
En febrero de 1962, el Gobierno de los Estados Unidos formalizó el Bloqueo. No es un término usado por Cuba por simple capricho. La palabra «bloqueo» enfatiza el carácter activo y extraterritorial del asedio, diferenciándolo de un simple embargo comercial.
Esta política no es una herramienta diplomática. Es un sistema de medidas coercitivas unilaterales que califica como un acto de genocidio según la Convención de 1948 para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio.
El propósito quedó explícito en un memorando escrito por Lester Mallory, subsecretario de Estado, en 1960:
«El único medio previsible para enajenar el apoyo interno a la Revolución es a través del desencanto y el desaliento basado en la insatisfacción y las dificultades económicas. Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba; negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno».
Esa filosofía, escrita hace 66 años, sigue siendo el eje rector de la política estadounidense hacia la isla en 2026.
Las cifras del dolor: el costo del bloqueo en la vida cotidiana
Entre marzo de 2024 y febrero de 2025, los perjuicios totales del bloqueo ascendieron a 7.556 millones de dólares. Más de 20 millones de dólares diarios. Para el Gobierno cubano, estas cifras no son meras estadísticas. Representan la privación de derechos fundamentales a millones de personas.
En salud, el bloqueo impide acceder a tecnologías médicas que contengan más de un 10% de componentes estadounidenses. El informe presentado ante Naciones Unidas en 2025 detalla casos como el de la niña Lia Isabela, a quien no se pudo adquirir un desfibrilador automático porque las empresas suministradoras temen las sanciones del Departamento del Tesoro.
Algunas equivalencias ayudan a dimensionar el impacto:
- 16 días de bloqueo (339 millones de dólares) cubrirían la demanda anual del cuadro básico de medicamentos.
- 14 horas de bloqueo (12 millones de dólares) pagarían toda la insulina que necesitan los pacientes diabéticos cubanos durante un año.
- 2 horas de bloqueo (1,4 millones de dólares) comprarían todo el equipamiento de cardiología necesario.
- 19 minutos de bloqueo (280.000 dólares) financiarían las sillas de ruedas para todo el sistema de educación especial.
En energía, el costo es igualmente devastador. Solo 12 días de bloqueo (250 millones de dólares) equivalen al mantenimiento anual del sistema eléctrico nacional. Pero ese mantenimiento no se puede hacer porque la persecución financiera impide adquirir repuestos.
En alimentación, dos meses de bloqueo (1.600 millones de dólares) permitirían financiar la canasta familiar normada para toda la población durante un año entero. Sin embargo, 40 bancos extranjeros se niegan a operar con Cuba, bloqueando transferencias para comprar cereales y productos básicos.
La diáspora: de la confrontación a la integración
Uno de los aspectos más complejos en la historia de esta relación es la formación y evolución de la comunidad cubana en el exterior, especialmente en Estados Unidos. El Gobierno cubano ha transitado desde una visión de ruptura ideológica total hacia una política de integración basada en una premisa: «La Patria somos todos».
Desde 1959, la emigración ha sido manipulada por las administraciones estadounidenses para proyectar la imagen de un Estado fallido. La primera oleada, compuesta por sectores vinculados al régimen anterior y clases altas afectadas por las nacionalizaciones, fue acogida con privilegios únicos.
La Ley de Ajuste Cubano de 1966 se convirtió en el principal estímulo para la emigración irregular, al ofrecer beneficios que no se conceden a ciudadanos de ninguna otra nacionalidad. El objetivo: fomentar la fuga de capital humano y desestabilizar a la Revolución.
A pesar de las crisis cíclicas —Camarioca en 1965, el Mariel en 1980, la crisis de los balseros en 1994—, el Estado cubano ha defendido que el flujo migratorio es, en su esencia, un fenómeno natural exacerbado por las condiciones de vida impuestas por el propio bloqueo.
Los acuerdos migratorios de 1994 y 1995 representaron un intento de normalización, comprometiendo a Washington a una migración segura, legal y ordenada. Compromiso que, según La Habana, ha sido sistemáticamente incumplido en función de intereses electorales en el sur de la Florida.
La reconciliación con la nación
La narrativa oficial ha experimentado un desplazamiento significativo desde el «Diálogo del 78» impulsado por Fidel Castro. Hoy, el discurso del presidente Miguel Díaz-Canel subraya que la mayoría de los emigrados preservan su amor por la familia y la Patria, convirtiéndose en un importante pilar en la defensa de la soberanía.
Este cambio se ha formalizado a través de hitos legislativos:
- Reforma Migratoria de 2012: Eliminación de trabas para viajar y retornar, facilitando la circularidad del migrante.
- Leyes de Ciudadanía y Migración de 2024: Estas normativas eliminan el concepto de pérdida de residencia por tiempo de estancia en el exterior, reconociendo el derecho de los cubanos a residir fuera del país sin perder sus vínculos jurídicos y patrimoniales con la isla.
- Participación política: La inclusión de los residentes en el exterior en las consultas populares sobre la Constitución de 2019 y el Código de las Familias es presentada por el Gobierno como una prueba de que la identidad cubana es inclusiva y no se limita a la geografía.
En marzo de 2026, el Gobierno anunció nuevas medidas que permiten a los cubanos residentes en el exterior invertir en empresas privadas en la isla y asociarse con actores económicos nacionales al amparo de la Ley de Inversión Extranjera.
La disposición elimina la restricción que limitaba esa posibilidad únicamente a residentes permanentes en territorio cubano y abre el sector financiero a la participación de la comunidad en el exterior.
La era de la asfixia petrolera (2025-2026)
La llegada de una nueva administración en Washington en 2025, bajo el liderazgo de Donald Trump, significó un retorno a la política de «máxima presión». La declaración de una «emergencia nacional» respecto a Cuba en enero de 2026 marcó el inicio de una fase cualitativamente superior de la agresión: el bloqueo petrolero total.
La orden ejecutiva firmada el 29 de enero de 2026 califica a Cuba como una «amenaza inusual y extraordinaria» para la seguridad de los Estados Unidos. Desde la perspectiva de La Habana, esta es una acusación «ridícula y cínica» viniendo de la principal potencia militar del mundo contra un pequeño archipiélago que nunca ha agredido a su vecino.
Lea además:
El propósito real es legalizar la imposición de aranceles a cualquier país o empresa que transporte petróleo a la isla, afectando incluso a entidades estatales de países soberanos como Pemex en México. México, que bajo la presidencia de Claudia Sheinbaum había mantenido envíos de crudo, suspendió las operaciones el 27 de enero para evitar represalias comerciales bajo el tratado USMCA.
A esto se sumó una campaña de intercepción física de buques tanque en el Caribe. Entre diciembre de 2025 y febrero de 2026, el Comando Sur y el Comando del Indo-Pacífico coordinaron la captura de al menos diez tanqueros vinculados a la red de suministro cubana.
Para el 16 de marzo de 2026, cuando el sistema eléctrico colapsó por completo, Cuba llevaba más de tres meses sin recibir un solo cargamento de petróleo del exterior.
Resistencia creativa: la respuesta cubana
Frente a este escenario, el presidente Miguel Díaz-Canel ha impulsado el concepto de «Resistencia Creativa». Esta estrategia gubernamental no se basa en la resignación, sino en el aprovechamiento del talento científico y la organización social para encontrar soluciones alternativas.
En la comparecencia del 13 de marzo del 2026, el mandatario delineó los ejes de esta respuesta soberana:
- Soberanía energética: Incremento de la extracción de crudo nacional y gas acompañante, junto con un plan de inversiones acelerado en energía fotovoltaica.
- Autogestión municipal: Fortalecimiento de los sistemas productivos locales para reducir la dependencia del transporte centralizado y asegurar la alimentación territorial.
- Movilidad eléctrica: Fomento del transporte con energías limpias para mitigar el impacto de la falta de gasolina y diésel.
- Respaldo social: El Gobierno ratifica que, a pesar de la crisis, no se aplicarán «terapias de choque» y se mantendrá la protección laboral de los trabajadores.
El deshielo (2014-2016): un paréntesis estratégico
La perspectiva cubana sobre el periodo de «normalización» bajo la administración Obama es cautelosa. Si bien se reconoce que fue un paso en la dirección correcta, el bloqueo permaneció intacto y el objetivo final de los Estados Unidos, un cambio de sistema social en Cuba, no varió, sino que cambió de métodos.
Cuba siempre ha manifestado su disposición a una relación de respeto mutuo. Los principios para un diálogo serio, establecidos por Raúl Castro y ratificados por Díaz-Canel, son claros:
- Igualdad soberana.
- No injerencia en los asuntos internos.
- Respeto mutuo a los sistemas políticos y sociales elegidos por cada pueblo.
Fue Washington quien rompió este proceso bajo la administración Trump, utilizando pretextos como los «ataques acústicos» (el mal llamado Síndrome de La Habana) para desmantelar los servicios consulares y golpear a la familia cubana.
El apoyo global: la soledad de Estados Unidos
Frente al unilateralismo de Washington, Cuba se apoya en la arquitectura del derecho internacional. La resolución contra el bloqueo en la ONU, que cuenta con el apoyo de casi 190 países, es presentada como la victoria moral de la isla sobre el imperio.
En 2026, la solidaridad del Sur Global ha sido vital. La condena de organizaciones como el MNOAL y el Grupo de Amigos en Defensa de la Carta de la ONU a las nuevas sanciones petroleras demuestra que el mundo rechaza el uso de la coerción económica como arma política.
Alianzas estratégicas con China y Rusia, y la cooperación con gobiernos progresistas de América Latina como el de México, permiten a la isla enfrentar el cerco energético con una red de apoyo que Washington no ha podido romper.
Lo que viene: soberanía o sumisión
Al cierre del primer trimestre de 2026, la relación entre Cuba y Estados Unidos se encuentra en uno de sus puntos más bajos, aunque el presidente Miguel Díaz-Canel halla informado sobre un diálogo entre ambas naciones. La declaración de «emergencia nacional» por parte de Washington y la respuesta de «resistencia creativa» por parte de La Habana configuran un escenario de máxima tensión.
Desde el punto de vista del Estado cubano, la solución al conflicto histórico no pasa por concesiones en materia de soberanía, sino por el reconocimiento pleno, por parte de Estados Unidos, del derecho de Cuba a su autodeterminación.
El Estado cubano ha demostrado ser capaz de evolucionar, como lo demuestran sus nuevas leyes migratorias y de ciudadanía, para fortalecer el vínculo con sus hijos en el exterior. Pero mantiene la firmeza de que el sistema socialista es irrevocable y que la dignidad nacional no está en negociación.
La Constitución de la República lo expresa con claridad: la defensa de la Patria socialista es el más grande honor del ciudadano.
Mientras persista la mentalidad de «frontera imperial» en Washington, Cuba seguirá defendiendo su derecho a ser la isla insumisa. El futuro, aunque marcado por la incertidumbre de la crisis energética y la hostilidad política, se vislumbra desde La Habana con la seguridad de que la razón y el derecho internacional asisten a su causa.
Y que la unidad entre la nación y su emigración patriótica será el escudo definitivo frente a cualquier intento de dominación.












