¨El imperialismo, que en este preciso campo de la cultura ha sido muy hábil, ha tratado de sembrar la confusión, de apropiarse de la terminología de la izquierda, de presionar sobre las vanidades más vulnerables y los temperamentos más cómodos, de comprar actitudes con otra moneda (becas, viajes, éxito, posibilidades de publicaciones, etc.) que no sea el del dólar constante y sonante.¨

Mario Benedetti, Cuaderno Cubano.

Dentro del “progresismo”[1] en Cuba y gracias a su presencia en los medios digitales y las redes sociales, hay voces que se van configurando como influencers. La llegada a Cuba de las redes sociales no sólo ha permitido la emergencia de los llamados youtubers cubanos, que van ganando cada vez más subscriptores, en su mayoría, documentando novedades, singularidades y atractivos sobre la isla, para un público que suele ser bastante diverso, fuera y dentro de Cuba.

En el mundo académico hay quienes también han visto en el fenómeno de las redes sociales, como Facebook, Twitter, blogs y algunos medios digitales, una oportunidad de posicionarse, ganar visibilidad e ir acumulando capital intelectual redituable. No habría nada negativo si, en este caso, no capitalizasen problemáticas y causas sociales como sus cartas de presentación.

Se comportan como una especie de influencers académicos.

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Facebook, Twitter, blogs y otros medios digitales son una oportunidad para posicionarse, ganar visibilidad e ir acumulando capital intelectual

De modo general, los influencers digitales, son un fenómeno que ha ganado presencia y fuerza en las últimas décadas a raíz de la irrupción de internet como red de redes en todos los escenarios de la vida cotidiana y el cambio de modelo de consumo de medios de comunicación a dispositivos móviles. Por lo general, se trata de jóvenes que van ganando gran presencia y protagonismo en las redes, tratando un tema específico, hasta convertirse en una referencia, marcar un estilo y poseer un poder de influencia considerable.

Hay influencers que devienen una celebridad y llegan a contar con millones de seguidores. Es claro que, detrás de este nuevo escenario de influencia mediática se mueven importantes capitales de poder económico y político.

Desde la misma óptica, los influencers académicos, son aquellos investigadores, docentes o especialistas, que van ganando popularidad gracias a los entornos digitales en los que transmiten sus conocimientos y puntos de vista sobre determinados temas, convirtiéndose en líderes de opinión, con capacidad de influir en la forma de pensar de los sectores que los siguen y ser un apoyo en la promoción de determinadas narrativas.

¿Qué distingue a los influencers académicos cubanos?

Primero: eligen y se especializan en un tema susceptible de enlazarse con la vida social en Cuba que cotice bien en los escenarios mediáticos, esté de moda o sea fácilmente vendible. Este es un aspecto que favorece que se apliquen los mismos criterios que se esgrimen en otras realidades, para juzgar a la sociedad cubana, de forma descontextualizada y en sintonía con las narrativas en boga.

¿Cuáles son estos temas? Temas en torno a los que las universidades, fundaciones, organizaciones civiles, gubernamentales u ONGs, incluso, grupos de poder político externos, invierten capital, destinan recursos, financian proyectos, eventos, congresos, salario de investigadores, conferencias, publicaciones, etc. Como aspecto importante, estos temas tienen que ser susceptibles de presentarse como “causas sociales”, despiertan gran sensibilidad en el público de modo general y, al mismo tiempo, son convenientemente polémicos.

Los intelectuales que tratan estos temas fácilmente se convierten en apasionados defensores de “causas nobles” y conectan con sectores de la población cubana afectados por las problemáticas que abordan.

Por lo general, son temas vinculados a los derechos humanos y contemplados en las agendas de importantes organismos internacionales y centros de poder político y mediático.

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Segundo: están en la búsqueda de los últimos datos, acontecimientos o hechos sobre los que puedan escribir artículos de opinión, apelando, más que al análisis crítico riguroso (es decir, sistémico y estructural), a los resortes emocionales de los lectores. Presentándose como intelectuales críticos o de “izquierdas” aparecen ataviados de la narrativa “progresista” posmoderna.

Enarbolan principios formales que gozan de prestigio en los circuitos narrativos de las democracias liberales, como, sociedad civil, ciudadanía, derechos humanos, democracia, etc. de forma abstracta, sin tomar en cuenta las condiciones históricas, sociopolíticas y socioeconómicas de las realidades y los grupos sociales sobre los que escriben.

Tercero: actúan en red, es decir, su presencia en las redes responde a una estrategia mediática, a través de la cual, amistades, colegas y/o los medios digitales con los que colaboran contribuyen a promocionar una imagen favorable de ellos y atacan a todo el que emita un juicio crítico.

Lo incisivos que pueden ser contra las opiniones contrarias lo justifican por la gravedad de los temas que tratan, bajo la bandera de defender los derechos de los grupos que dicen estar salvando con su labor. Hacen, por lo general, un manejo profesional de las redes sociales, a los fines de ganar visibilidad, auto promocionarse e i r construyendo un CV virtual que pueda devenir en el establecimiento de cierto liderazgo de opinión.

Incluso, son reconocidos en algunos contextos como voces autorizadas y líderes de opinión sobre determinados temas de la realidad cubana o “cubanólogos”.

Cuarto: el capital intelectual que van acumulando es redituable y por eso los veremos viajando alrededor del mundo como voceros de las “causas nobles”, en estancias académicas, intercambios, colaboración con fundaciones, prestigiosas universidades, sobre todo, en países como Estados Unidos, algunos países latinoamericanos o europeos.

Los influencers son beneficiarios de becas, son invitados a determinados círculos académicos acreedores de un gran capital intelectual, cultural, económico y político.

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«(…) comprar actitudes con otra moneda (becas, viajes, éxito, posibilidades de publicaciones, etc.) que no sea el del dólar constante y sonante.¨

Quinto: el beneficio de estas alianzas con determinados centros de poder, es recíproco, a la vez que usan estas alianzas para afianzarse en el escenario académico y mediático internacional, todo lo cual, puede ser interpretado como acumulación de capital intelectual y político altamente redituable, estas organizaciones se benefician al usarlos como cara de presentación de sus narrativas y del orden de racionalidad hegemónico que quieren sostener, son sus “embajadores de buena voluntad”.

En definitiva, sus narrativas son lo suficientemente críticas como para resultar atractivas y lo suficientemente conservadoras como para no representar un peligro para el statu quo burgués.

Y así, el “progresismo” cubano va encendiendo cada vez más las redes, convirtiéndose en voces autorizadas para hablar de Cuba en el tercer entorno; y, mientras acumulan likes, van siendo, en definitiva, cada vez más influencers; van viajando cada vez más al norte; van acumulando un precioso capital intelectual y político que colateralmente se torna redituable, mientras las causas sociales y un proyecto de nación del que dependen millones de cubanos, son usados como plataforma para su gloria.

Tomado de “Progresismo” en Cuba y memorias del subdesarrollo, ensayo de Karima Oliva y Vibani B. Jiménez. Publicado por Cuba Socialista


[1] El progresismo en Cuba se entiende en este ensayo como una corriente de pensamiento que delibera sobre el presente y futuro de la isla. Sus exponentes se proyectan como conciencia crítica de la sociedad cubana, reivindican determinados derechos civiles utilizando como referente el modelo liberal de la institucionalidad jurídico-política de las sociedades capitalistas y, al mismo tiempo, juzgando y desacreditando el socialismo cubano.

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