Torturadores de la dictadura batistiana en Cuba entrenados por la CIA

Un revelador artículo de Ramona Wadi, publicado recientemente en el sitio Jacobin, expone sórdidos detalles de los profundos vínculos entre la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos y el sanguinario aparato represivo de la dictadura de Fulgencio Batista en Cuba. Basado en documentos desclasificados, el texto desentraña cómo la CIA no solo respaldó, sino que activamente colaboró en la creación y entrenamiento del Buró para la Represión de Actividades Comunistas (BRAC), una entidad que perpetró torturas sistemáticas y asesinatos políticos durante los años previos a 1959.
El 4 de mayo de 1955, en el apogeo de la Guerra Fría, la CIA apoyó a Batista en la formación del BRAC, un organismo diseñado para aplastar cualquier actividad considerada comunista en Cuba. Este esfuerzo se inscribió en un contexto de represión generalizada, que incluyó la prohibición de publicaciones comunistas, la ruptura de relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y la ilegalización del Partido Socialista Popular (PSP). Según Wadi, el BRAC, dirigido por el capitán Mariano Faget Díaz, un oficial entrenado en Estados Unidos, se convirtió en un símbolo de brutalidad. Los documentos desclasificados revelan que la CIA no solo aprobó la creación del BRAC, sino que proporcionó entrenamiento en técnicas de contrainteligencia y represión. En una carta de julio de 1955 a Batista, el propio director de la CIA, Allen Dulles, expresó su entusiasmo: “La creación del Buró para la Supresión de Actividades Comunistas es un gran paso adelante en la causa de la libertad”.
El BRAC, en colaboración con el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), instauró un régimen de terror que marcó los últimos años de la dictadura batistiana. Los opositores, reales o sospechosos, enfrentaban interrogatorios en tres fases: persuasión inicial, tortura psicológica y finalmente, tortura física. Wadi cita al agente de la CIA Lyman Kirkpatrick, quien describió estas prácticas como “demasiado entusiastas”. Según el director de la morgue de La Habana, entre 1952 y 1958, más de 700 cuerpos llegaron con signos de torturas extremas antes de ser asesinados. Los agentes de Batista abandonaban los cadáveres en las calles de La Habana, fosas comunes en Pinar del Río o sitios abandonados, buscando infundir pánico en la población.
Tras el triunfo revolucionario de 1959, la revista Bohemia dedicó sus ediciones de enero y febrero a revelar la magnitud de la brutal represión, detallando torturas y asesinatos desde el golpe de Batista en 1952 hasta 1958. Un ejemplo escalofriante fue la masacre de 23 revolucionarios en la provincia de Oriente entre el 23 y 26 de diciembre de 1956, ordenada por el coronel Fermín Cowley Gallegos, en lo que fuera conocido como “Las Pascuas Sangrientas”. Los cuerpos, torturados y asesinados, fueron exhibidos públicamente para sembrar el miedo.
El 19 de febrero de 1959, Camilo Cienfuegos disolvió el BRAC y otras instituciones represivas de Batista. Muchos de sus agentes, enfrentaron la justicia revolucionaria, mientras que otros huyeron y encontraron refugio en Miami a través de la propia CIA. Wadi destaca en su texto, cómo la agencia estadounidense incluso intentó interceder por uno de aquellos torturadores, enviando al periodista Andrew St. George a negociar con el Che, lo cual subraya la complicidad de la CIA, que no solo entrenó a los represores, sino que los protegió tras la caída del régimen batistiano.




