fbpx
ESPECIALES

¿Quién tiene la culpa de la crisis en Cuba?

El diseño deliberado del colapso desde Washington

La crisis que azota a Cuba en 2026 no es un accidente ni el fruto de una mala gestión interna. Es el resultado de una guerra económica implacable, diseñada en los despachos de Washington y ejecutada por la administración de Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, con un objetivo claro: rendir por hambre a una nación soberana.

Mientras en gran parte del mundo se habla de recuperación económica, Cuba sobrevive a un apagón existencial. Las imágenes de hospitales a oscuras, de familias haciendo colas interminables por un pan y de niños sin leche no son las estampas de un «Estado fallido». Son las consecuencias directas y calculadas de la política exterior de los Estados Unidos, que ha convertido la isla en el laboratorio más cruel de guerra no lineal del siglo XXI.

Para entender quién tiene la culpa de esta tragedia humanitaria, hay que dejar de mirar a La Habana y mirar fijamente a Washington D.C., a la Casa Blanca y, muy especialmente, al despacho de Marco Rubio. La respuesta es única y contundente: la culpa la tiene el diseño deliberado del colapso por parte del gobierno estadounidense.

De la asfixia económica a la «interdicción total»

La estrategia actual no se limita al bloqueo histórico de seis décadas. Bajo el mandato de Donald Trump, que regresó a la presidencia en enero de 2025, la política de «máxima presión» ha mutado en una agresión cinética y financiera sin precedentes. El objetivo ya no es solo aislar a Cuba, sino provocar su quiebre institucional por inanición.

La Orden Ejecutiva 14380, firmada el pasado 29 de enero, es la prueba más fehaciente de esta escalada. Al declarar una «emergencia nacional» para justificar aranceles y sanciones contra cualquier país que suministre petróleo a Cuba, Estados Unidos ha declarado una guerra energética abierta. El mensaje a México y al mundo es terrorífico: «O dejan de venderle combustible a Cuba, o les asfixiamos su comercio con EE.UU.».

Pero la agresión no se detiene en los decretos. La «Operación Southern Spear» ha llevado la política de sanciones al terreno militar. Con un portaaviones de la clase Gerald R. Ford patrullando el Caribe, la Armada estadounidense ha establecido un bloqueo naval de facto, interceptando buques petroleros (incluso de bandera rusa) para confiscar su carga. En solo un mes, se han incautado 7.3 millones de barriles de petróleo destinados a la isla, provocando una caída del 78% en la generación eléctrica y sumiendo al país en una emergencia total. Esto no es presión política; es un acto de guerra.

Marco Rubio: el arquitecto del odio y la mentira

Si Trump es el brazo ejecutor, Marco Rubio es la mente maestra. El Secretario de Estado, un político de origen cubano que nunca ha pisado la isla, ha instrumentalizado su identidad para legitimar lo que muchos organismos internacionales ya califican como una estrategia de genocidio económico.

La narrativa de Rubio se construye sobre un mito. Durante años ha vendido la imagen de que sus padres fueron «exiliados políticos» que huyeron del comunismo de Castro. La realidad, documentada por medios como The Washington Post, es que su familia emigró en 1956, tres años antes de la Revolución, durante la dictadura de Batista, en busca de oportunidades económicas. No huyeron del comunismo; huyeron de la pobreza.

Este dato es crucial porque desnuda la naturaleza artificial de su ensañamiento. Rubio no defiende una causa justa; ejecuta una venganza impostada para complacer al lobby ultraderechista de Miami que financia su carrera. Lo más grave, según revela Drop Site News, es que Rubio, en su afán de bloquear todo canal diplomático, presenta informes falsos sobre Cuba. Su único fin es agotar el tiempo hasta que el sufrimiento del pueblo cubano provoque un estallido social.

No quiere una solución; quiere el colapso.

El impacto en la mesa y el cuerpo: una crisis diseñada

Cuando hablamos de cifras, olvidamos que detrás de los números hay vidas. El informe de Cuba ante la ONU denuncia daños acumulados por más de 170,000 millones de dólares. Eso significa que el bloqueo le cuesta a la isla más de 20 millones de dólares cada día.

Pero esa abstracción se convierte en realidad cuando vemos que la producción de arroz ha caído un 87% en cinco años, que la de carne de aves se desplomó un 94% (la fuente de proteína más accesible para el cubano promedio) y que la de leche se redujo un 60%. Los niños y los ancianos pagan el precio más alto de una guerra que no eligieron.

En el sector de la salud, la crueldad alcanza niveles técnicos sádicos. La termoeléctrica «Ernesto Guevara» no puede reparar sus sistemas de bombeo porque la empresa proveedora fue absorbida por una firma estadounidense y, por la Ley Helms-Burton, los contratos se cancelaron. Mitsubishi se niega a vender una pieza para la planta «Carlos Manuel de Céspedes» por miedo a las multas de EE.UU. Sin repuestos no hay electricidad. Sin electricidad, no hay refrigeración para las vacunas, no hay cirugías seguras, no hay vida digna.

El contraste que lo explica todo: Obama vs. Trump

Los apologetas de las sanciones intentan culpar al modelo económico cubano, pero los hechos históricos los desmienten. Cuando Barack Obama flexibilizó las relaciones, Cuba creció un 4.4% en 2015. Llegaron más de 285,000 turistas estadounidenses en un año, los cruceros atracaban en La Habana y las pequeñas empresas cubanas florecían.

Hoy, con Trump y Rubio, todo eso se ha revertido. Los viajes están prohibidos, los vuelos se han restringido, otra vez, y la isla ha perdido más de 2,400 millones de dólares anuales en ingresos turísticos.

La conclusión es ineludible: Cuba puede prosperar cuando se le permite hacerlo. Su crisis actual es directamente proporcional a la intensidad de la política hostil de Washington.

Resistir bajo el asedio

La crisis en Cuba no es un fenómeno natural. No es un desastre inevitable. Es un diseño deliberado de necesidades inducidas. Es la transformación de un país en un laboratorio de guerra económica para ver hasta dónde puede resistir un pueblo antes de rendirse.

La responsabilidad histórica de la tragedia que viven 11 millones de cubanos recae directamente sobre Donald Trump, Marco Rubio y el aparato de políticos anticubanos que, desde Miami y Washington, presionan por más sanciones. Lo hacen violando el derecho internacional, utilizando la marina de guerra para asaltar barcos en altamar y mintiendo para impedir cualquier salida negociada.

Mientras el mundo vota año tras año en la ONU para condenar este bloqueo ilegal y genocida, la extrema derecha de Florida sigue dictando una política de hambre. La culpa no está en la isla. La culpa, toda ella, está en el imperio que la asedia.

Redacción Razones de Cuba

Trabajos periodísticos que revelan la continuidad de las acciones contra Cuba desde los Estados Unidos.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba