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El 1ro de Mayo en Cuba, un país frente al imperio

La madrugada en La Habana comenzó a despertar mucho antes de que el sol abriera las cortinas del cielo. A las seis, las calles eran un río humano en marcha: coches empujados por obreros, el paso firme de campesinos, el eco inevitable de la consigna “La Patria se defiende” . Decenas de miles comenzaron a recorrer las vías hacia la Tribuna Antiimperialista José Martí, justo frente a la embestida simbólica de la Embajada de Estados Unidos. Más de 250 brigadistas internacionales, arribados de 20 países, se mezclaron con la marea. Las veredas se volvieron trincheras, y el desfile, una celebración de desafío.

Bajo un lema que se ha vueldo eco de los campos y las fábricas, la isla no celebró un acto común: desplegó su energía como un músculo. El presidente Miguel Díaz-Canel había encendido la mecha horas antes con un llamado en redes: 

«Marchemos unidos: trabajadores, campesinos, estudiantes, intelectuales… contra el bloqueo genocida y las groseras amenazas imperiales» .

Este no era un festejo protocolario sino una rebelión festiva. Familias enteras bailaron al compás de las tamboras; las niñas y los niños cabalgaban sobre los hombros de sus padres casi como una promesa para el futuro, y en cada esquina, Voluntad y convicción se daban la mano. Frente al ruido de los tambores, cualquier propaganda sobre el caos quedó enterrada por el ruido de la esperanza caminando.

La elección de la Tribuna Antimperialista es, por sí sola, un capítulo de historia viva. Colocar el acto central frente a la sede diplomática de la potencia que lo acosa desde enero con un bloqueo energético feroz fue un gesto poético y beligerante. La manifestación fue un gran referendo de apoyo a la Revolución: una comunidad que sabe que su paz no es gratis. «No queremos conflictos, queremos paz, tranquilidad», enfatizó Fernando González Llort, ante la multitud, «pero si nos agreden nos defenderemos sabiéndonos acompañados por millones».

En medio de la carestía y el asedio, la jornada se tiñó de alegría y convicción. Los trabajadores no solo reclamaban sus derechos: empujaban la certeza de que la soberanía es un músculo que se ejercita a diario. “Frente al recrudecimiento del bloqueo y la arremetida imperial contra nuestra nación”, sentenció Esteban Lazo, «desfilamos por la Patria, la paz, con unidad y firmeza». Allí estaban los bloques de la salud junto a las columnas de la ciencia, las termoeléctricas golpeadas por la falta de combustible marchando junto a la cultura, queriendo demostrar al mundo que ningún cerco es infranqueable cuando se construye con cohesión.

El compromiso con las causas justas también tuvo su trinchera. Por eso el pueblo de Cuba, que sale a la calle para defender su propio pan, levanta también una bandera por Palestina y por cada rincón del mundo donde se asfixia la libertad. El apoyo internacional desbordó las gradas, con activistas que llegaron de Europa y América para rubricar la solidaridad como un puente tangible. La visibilidad internacional fue un ariete contra la manipulación: medios alternativos y comunitarios multiplicaron sus contenidos, asegurando que la imagen de un pueblo movilizado y sonriente rebotara en las pantallas del mundo.

Cuando la marea humana llegó a la meta, la Tribuna era un hervidero de cantos y banderas. El sol alto de la mañana ya era calor y abrazo. Los últimos bloques cruzaron frente al monumento a Martí y, casi sin orden, se fundió la masa en un solo grito. Este 1ro de mayo no fue un simple desfile. Fue la defensa de la Patria: la decisión del pueblo de convertir la calle en un símbolo de permanencia y de paz. Porque cuando la vida se teje con esperanza y rabia contenida, la resistencia sabe a revolución.

Redacción Razones de Cuba

Trabajos periodísticos que revelan la continuidad de las acciones contra Cuba desde los Estados Unidos.

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