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Cuando la víctima es la verdad.

Dicen que cuando hay una guerra, la mayor víctima es la verdad. Del tipo que sea el conflicto, al final, las grandes cañoneras enemigas van a estar volcadas a manipular a su favor la narrativa. Y lea bien, «a su favor» no necesariamente significa «lo real».

Asistimos a un escenario convulso donde los violentos sucesos contra Venezuela en los últimos días han suscitado, de todas las partes, opiniones, análisis, asunción de posturas críticas y juicios teóricos; por supuesto, desde los fundamentos más lógicos hasta los más disparatados. Iluso sería suponer, que el ataque perpetrado se quedó en la madrugada del día 3 de enero. A decir verdad empezó mucho antes y todavía lo seguimos vivenciando en la campal batalla mediática que se libra hasta la fecha. El espacio virtual ilustra hoy una realidad (adulterada, corroída, fallida) y el terreno, contrapone otra.

De forma quirúrgica quiero concentrarme en algunos puntos de interés, sin ánimos de convencer.

El lenguaje «hace» subjetividad.

Desde el primer momento en que se publicaron contenidos sobre la «captura» del Presidente Nicolás Maduro, algunos medios empezaron a fallar. Empleando los términos malintencionados del adversario para validar una acción sin basamentos que viola el Derecho Internacional.
Los Delta Force por orden de Trump, hicieron una violenta operación de ‘secuestro’. Grande es la diferencia entre una palabra y otra; ellas cargan consigo un significado que se cuela en el pensamiento del receptor para traducirse en comportamientos y polarización de criterios.

Encuadres «casuales» y bombardeo con IA.

Llama la atención los videos que al instante fueron subidos a la red social X por algunos usuarios sobre el momento de las explosiones. De tan exactos y bien concebidos que hasta preocupa. Era como si los dueños de estos perfiles desde diferentes puntos estuvieran esperando con sus teléfonos en posición y a esas horas de la madrugada, la ocurrencia de aquellos hechos. Acto seguido, otras tomas adulteradas y fotos de dudosa procedencia surgieron en las plataformas a golpe de IA, viralizándose por la conmoción en la red, ante el rompimiento de la familiaridad acrítica y la contingencia de seguridad nacional.

Manipulación de emociones.

Un caldo de afectos emergieron en el momento de los sucesos, posicionando cómo tendencia en los medios algunas palabras claves: Venezuela, Maduro y Cuba. ¿Por qué Cuba?
Pues no sólo porque un grupo de sus valientes hijos fueron ultimados al batirse como fieras para impedir el secuestro del Presidente legítimo ya que formaban parte de sus círculos de protección junto a venezolanos. Es que al enemigo, le interesa que el nombre de la Isla sea manejado intencionalmente para: intimidar, verse como superhéroes en un relato montado de ficción, desmoralizar, generar en el territorio nacional una ebullición en grupos de carácter contrarrevolucionario y montar la narrativa de estado fallido. Juegan con la consternación y promueven el caos cuando los emociones están a flor de piel.
Interesante resulta apreciar, como los medios independientes que constantemente atacan al gobierno, acogieron el minuto a minuto de los sucesos incorporando su dosis de veneno y sin mostrar fuentes confiables de sus informaciones, recortando la verdad sin miserias, con la intención de generar confusión y ganar seguidores.

La campaña para manipular el carácter internacionalista de la Revolución Cubana.

Aquel trágico día, perdieron la vida como titanes treinta y dos hijos de esta Patria que a petición del hermano gobierno bolivariano cumplían misiones. Eran cubanos ¡sí!, orgullosamente ¡cubanos! Y este ha sido otro punto de giro de un brutal acontecimiento. Sin piedad ni ética de ningún tipo han sobrevenido avalanchas de publicaciones que distan mucho de la sensibilidad y el respeto a las víctimas y sus familiares. La industria del odio en todo su esplendor, movilizando desde lo más visceral sus recursos para desacreditar la noble labor de los que allí, sin titubear, enfrentaron a un enemigo que los superaba en cantidad y recursos desplegados (sin hablar del factor sorpresa).

Las cortinas de humo del señor Trump.

¿De qué se hablaba en las redes sociales antes de la madrugada del día 3 de enero? Se lo resumo. Trump era tendencia asociado a palabras como: criminal, pirata, genocida, pedófilo, América Latina y «Epstein», archiconocido caso que lleva tatuada también su egocéntrica rúbrica. Desde mi modesta opinión, existía un pico en el rechazo a su persona y una indignación colectiva ante la impunidad con la que sigue actuando. Digamos que este posiblemente era el momento perfecto, para un nuevo escándalo. ¿Y qué mejor para él y sus lacayos que el tema Venezuela? (De posibles traiciones y de la mano de la CIA, ahora no voy a hablar).
Luego de mucho tiempo estar preparándose estas maniobras, el momento parecía ser el más indicado. A los ojos del mundo, el tal Donald, se erigió como el Salvador y Todopoderoso que bajo su smoking guarda las manchas de sangre por las tantas vidas arrebatadas en sus arranques. No sólo es un Presidente enfermo mentalmente, también es un fascista. Una persona que desde la comodidad de su sofá disfrutaba como en un reality show de la Operación indicada por él mismo, no merece llamarse de otro modo.
Una distracción perfecta, para posiblemente, un problema aún más grande, que tal vez, esté por llegar. No olviden que EEUU, sólo salva al mundo en las películas y eso… no lo dije yo.

La desinformación y la propaganda.

De superhéroes y otros demonios se hilvanó el discurso de ficción cada vez más sórdido y desgarrador. Por supuesto, había que preservar la imagen del ejército de un país poderoso que aún debe sentir vergüenza al recordar los sucesos de Girón. No me imagino yo, qué hubiera hecho la ONU, por ejemplo, si estos acontecimientos se hubieran llevado a cabo en la Casa Blanca. Una organización de fachada, que dicho sea de paso, brilla aún por su ausencia.

No intento convencer a nadie y mucho menos dármelas de analista, nada más alejado de mis días. Soy una ciudadana latinoamerina y caribeña a la que no se le rompió la brújula de la historia y sabe hacia donde está el enemigo que hoy quiere bombardear la unidad de los pueblos. Si estos elementos le han ayudado a mover aunque sea un milímetro sus neuronas, me doy por recompensada.

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