Trump y Cuba: Del fetichismo del poder al control institucional (2017-2026)
Un análisis integral de dos mandatos de hostilidad sin precedentes

La política de Estados Unidos hacia Cuba durante las dos administraciones de Donald Trump constituye probablemente el período más agresivo de confrontación desde el triunfo de la Revolución en 1959. Sin embargo, entre el primer mandato (2017-2021) y el segundo (2025-presente) no hay una simple repetición, sino una evolución estratégica que revela la maduración de una alianza de clase entre el trumpismo y la extrema derecha cubanoamericana.
Lo que comenzó como un pacto electoral —los famosos «100,000 votos» en el sur de la Florida— se ha transformado en un control institucional directo del aparato de política exterior estadounidense. Este análisis, basado en investigaciones del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba y datos verificables de ambos mandatos, desmonta el fetichismo de la política trumpista para revelar lo que realmente está en juego: poder, no ideología.
El primer mandato: El fetichismo como máscara del poder (2017-2021)
La ruptura con Obama y el regreso a la confrontación
Cuando Donald Trump asumió la presidencia en enero de 2017, la política hacia Cuba había experimentado un giro histórico bajo Barack Obama. El restablecimiento de relaciones diplomáticas en 2015 y la flexibilización de viajes y remesas habían generado un escenario inédito: por primera vez, el 69% de los cubanoamericanos apoyaba el restablecimiento de vínculos, y el rechazo al bloqueo alcanzaba el 63%, llegando al 72% entre los menores de 60 años.
Trump revirtió todo esto. Su administración adoptó la política de «máxima presión» con el propósito declarado de propiciar un «cambio de régimen» en la Isla. El 16 de junio de 2017, firmó el Memorando Presidencial de Seguridad Nacional NSPM-5, que restablecía las restricciones a viajes y remesas, prohibía transacciones con entidades vinculadas a las Fuerzas Armadas Revolucionarias y revivía el discurso de la Guerra Fría.
El fetichismo de la política: cuando lo aparente oculta lo real
El término «fetiche», tomado de la economía política marxista, explica cómo bajo el capitalismo la explotación aparece disfrazada como «ganancia». En la política ocurre algo similar: las élites dominantes esconden las verdaderas relaciones de poder bajo discursos morales, patrióticos o ideológicos.
Donald Trump encarnó este fetichismo como pocos. Su estilo poco convencional, su guerra contra la prensa («enemigo del pueblo») y su retórica de «drenar el pantano» ocultaban una realidad muy distinta: su gobierno fue el más amigable con los grandes ejecutivos corporativos y avanzó la agenda conservadora tradicional sin necesidad de negociaciones engorrosas. Redujo impuestos a los más ricos, desreguló la industria de hidrocarburos y restringió el derecho al voto de minorías. Su eslogan «Make America Great Again» apelaba a un pasado donde blancos ricos ejercían el poder sin cuestionamientos.
En política exterior, el antisocialismo funcionó como pegamento ideológico. El Consejero de Seguridad Nacional John Bolton bautizó a Cuba, Venezuela y Nicaragua como «la troika de la tiranía», y se desarrolló una campaña de presión en todos los ámbitos: económico, diplomático, propagandístico y subversivo.
El pacto de los 100,000 votos
A fines de 2018 era un secreto a voces en Washington: Trump había pactado con la extrema derecha cubanoamericana conseguir 100,000 votos adicionales en el sur de la Florida a cambio de un papel preponderante en la política hacia Cuba.
La cifra era estratégica. Trump había ganado Florida en 2016 por apenas 120,000 votos. El republicano Ron DeSantis superó a su rival demócrata por solo 32,000 votos en la elección a gobernador. Dos figuras republicanas de origen cubano —Carlos Curbelo y María Elvira Salazar— habían perdido sus elecciones al Congreso. El pacto buscaba revertir esas tendencias.
El cambio demográfico que amenazaba el poder tradicional
¿Por qué era tan urgente este pacto? Porque la comunidad cubanoamericana no es monolítica. La socióloga Susan Eckstein ha documentado la estructura de clase en correlación con las oleadas migratorias:
- Emigrados de los años 60 («exilio histórico»): controlan el lobby en el Congreso, los tanques pensantes y los medios.
- Emigrados posteriores a 1980 (Mariel y subsiguientes): mayor presencia negra y mestiza, vínculos transnacionales con Cuba, comportamiento político distinto.
Estos nuevos emigrados constituían un «elemento de heterogeneidad social y polarización clasista». En 2008, Obama obtuvo el 35% del voto cubanoamericano; en 2012, el 48% —los porcentajes más altos jamás conseguidos por un demócrata—. Investigadores como Darío Moreno y James Wyatt plantearon la posibilidad de un «realineamiento secular» del voto cubanoamericano hacia los demócratas.
Ese era el verdadero peligro para la extrema derecha. Y contra eso reaccionaron.
El régimen de verdad: cómo se construyó la mentira
Siguiendo a Michel Foucault, cada sociedad tiene su «régimen de verdad»: reglas que distinguen lo verdadero de lo falso y ligan discursos a efectos de poder. Trump y la extrema derecha construyeron el suyo sobre Cuba mediante dos estrategias:
- Demonizar las fuentes cubanas. Se financió una infraestructura mediática preexistente con fondos del Congreso (CiberCuba, ADN Cuba, Diario de Cuba, CubaNet) para generar propaganda hacia la Isla, mientras se descalificaban sistemáticamente las fuentes oficiales cubanas como «propaganda estatal».
- Reducir la brecha generacional. Se emplearon jóvenes de reciente emigración como racionalizadores de la política de hostilidad. El eslogan «Make Cuba Great Again» ejemplifica este fetichismo: apela a un pasado «glorioso» que los nuevos emigrados solo conocen por la historia aprendida en Cuba… y que al llegar a Miami se revisita ferozmente.
Lo que realmente estaba en juego
Detrás del discurso de derechos humanos, de los «síntomas de salud» del personal diplomático en La Habana, de la denuncia de la influencia militar en la economía cubana, lo que había era una pugna por el poder.
A la extrema derecha cubanoamericana no le convenía:
- Un Miami de migración transnacional, porque socava la lógica del «exilio».
- Una relación cooperativa entre gobiernos, porque diluye la falsa percepción de amenaza.
- Los viajes familiares, porque la memoria afectiva es antídoto contra el odio.
- Las remesas, porque crean comunidad de intereses desasociada de la política anticubana.
- Que los estadounidenses viajen a Cuba, porque podrían formarse opinión propia.
El interregno de Biden: Cuatro años de continuidad encubierta (2021-2025)
Para entender el segundo mandato de Trump es imprescindible comprender qué ocurrió durante la administración de Joe Biden. A pesar de las promesas de campaña de revertir las «políticas fallidas» de Trump, Biden mantuvo esencialmente intacto el aparato de sanciones heredado.
La excepción llegó en los últimos días de su mandato. El 14 de enero de 2025, apenas seis días antes de entregar el poder, Biden tomó medidas significativas: retiró a Cuba de la lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo y anunció planes para flexibilizar ciertas sanciones, en un acuerdo que contemplaba la liberación de más de 500 presos en la Isla.
Estas medidas de última hora, más que un giro estratégico, parecieron diseñadas para complicar el inicio del segundo mandato de Trump. En cualquier caso, su efecto fue efímero: fueron derogadas en las primeras horas de la nueva administración.
El segundo mandato: Del pacto electoral al control institucional (2025-presente)
Los datos electorales de 2024: la consolidación del poder
Si en 2016 Trump necesitaba desesperadamente los 100,000 votos del pacto, en 2024 el panorama había cambiado radicalmente.
Según la Encuesta Cuba de la Universidad Internacional de la Florida (FIU Cuba Poll) de 2024, el 68% de los votantes cubanoamericanos probables en Miami-Dade declaró su intención de votar por Trump, la cifra más alta jamás registrada para un republicano en esta serie histórica iniciada en 1991.
Encuestas de salida confirmaron que los votantes cubanos respaldaron al Partido Republicano por un margen de 72% frente a 28%. Trump se convirtió en el primer republicano en ganar el condado de Miami-Dade desde 1988. El apoyo en Hialeah, ciudad de clase trabajadora con robusta población cubanoamericana, fue uno de los más fuertes del estado.
Evolución del voto cubanoamericano republicano:
| Año | Candidato republicano | Apoyo cubanoamericano |
|---|---|---|
| 2008 | John McCain | ~65% |
| 2012 | Mitt Romney | ~52% |
| 2016 | Donald Trump | ~54-60% |
| 2020 | Donald Trump | 73% apoyaba política de presión |
| 2024 | Donald Trump | 68-72% |
El primer día: la restauración acelerada
Trump no perdió tiempo. El 20 de enero de 2025, su primer día en el cargo, firmó una orden ejecutiva que revocó 78 acciones de la administración anterior, incluyendo los memorandos sobre Cuba. Cuba fue reinstalada en la lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo apenas una semana después de que Biden la retirara.
El 31 de enero de 2025, el Secretario de Estado Marco Rubio comunicó al Congreso la revocación de la suspensión del Título III de la Ley Helms-Burton, abriendo nuevamente la puerta a demandas contra empresas que operen en propiedades nacionalizadas.
El 6 de febrero de 2025, el Departamento de Estado republicó la «Cuba Restricted List» (CRL), que prohíbe transacciones financieras con entidades controladas por las FAR y GAESA.
Marco Rubio como Secretario de Estado: del lobby al mando
La designación de Marco Rubio como Secretario de Estado representa un salto cualitativo en la influencia de la extrema derecha cubanoamericana. Ya no se trata de un grupo de presión externo: ahora ocupan directamente los puestos desde los cuales se diseña y ejecuta la política exterior.
Rubio ha impulsado una agenda particularmente agresiva:
- Ataque a las misiones médicas cubanas: En febrero de 2025 amplió restricciones de visa contra funcionarios de países centroamericanos que contratan servicios médicos cubanos; en agosto de 2025 extendió la medida a funcionarios de países africanos, caribeños y brasileños. El canciller cubano ha denunciado que Rubio persigue una «agenda personal y corrupta» que «promueve el uso de la fuerza como herramienta cotidiana».
- Denuncia del «alquiler» de médicos: Rubio ha acusado sistemáticamente al gobierno cubano de retener la mayor parte de los ingresos de los profesionales médicos en el exterior.
- Presión sobre organismos internacionales: A través de aliados como el representante Carlos Giménez, se ha presionado a la Organización Panamericana de la Salud por su papel en el programa Mais Médicos en Brasil.
El NSPM-5 de 2025: la piedra angular del segundo mandato
El 30 de junio de 2025, Trump reemitió y modificó el Memorando Presidencial de Seguridad Nacional NSPM-5, titulado «Fortalecimiento de la Política de Estados Unidos hacia Cuba». Este documento ordena:
- Reforzar la prohibición del turismo con auditorías y mantenimiento de registros obligatorios durante cinco años.
- Oponerse a los llamados en la ONU para poner fin al embargo.
- Endurecer restricciones a remesas familiares con límites y auditorías estrictas.
- Expandir criterios para incluir entidades en la Lista Restringida.
El 14 de julio de 2025, como primera acción bajo el nuevo NSPM-5, el Departamento de Estado añadió 11 propiedades hoteleras —incluyendo la nueva «Torre K» de 42 pisos— a la Lista Restringida.
La novedad estratégica: sanciones secundarias
El elemento más innovador del NSPM-5 de 2025 es la introducción de sanciones secundarias contra empresas extranjeras que hagan negocios con GAESA o con individuos vinculados al sector militar cubano. Esta herramienta, previamente utilizada contra Irán y Corea del Norte, extiende el alcance extraterritorial del bloqueo, presionando a empresas españolas, canadienses y australianas para que elijan entre Cuba o el mercado estadounidense.
El impacto económico en cifras
El bloqueo recrudecido ha tenido efectos cuantificables:
- Caída de remesas: Las remesas a Cuba cayeron un alarmante 43.4% en 2024, alcanzando apenas 1,113 millones de dólares.
- Impacto en salud: El bloqueo causó perjuicios de aproximadamente 290 millones de dólares al sector salud cubano entre marzo de 2024 y febrero de 2025.
- Presión turística: La combinación de prohibición de turismo estadounidense, sanciones secundarias y listas restringidas ha agravado la crisis del sector.
Continuidad y cambio: Un análisis comparado
Lo que permanece (o se intensifica)
| Dimensión | Primer mandato (2017-2021) | Segundo mandato (2025-) |
|---|---|---|
| Designación como Estado Patrocinador del Terrorismo | Restaurada en 2021 | Restaurada el primer día |
| NSPM-5 | Emitido en junio 2017 | Reemitido y ampliado en junio 2025 |
| Lista Restringida de Cuba | Creada en 2017 | Republicada y ampliada |
| Título III Helms-Burton | Activado en 2019 | No suspendido desde el inicio |
| Prohibición de turismo | Reforzada | Reforzada con auditoría de 5 años |
| TWEA | Renovada anualmente | Renovada hasta septiembre 2026 |
Lo que cambió sustancialmente
- Sanciones secundarias: La extensión del bloqueo a más empresas de terceros países y el bloqueo energético de 2026 constituye una escalada cualitativa sin precedentes contra Cuba.
- Control institucional directo: Marco Rubio como Secretario de Estado representa la incorporación de la extrema derecha al corazón del aparato de política exterior.
- Ataque sistemático a misiones médicas: De política accesoria se ha convertido en eje central, con sanciones de visa contra funcionarios de múltiples países.
- Base electoral consolidada: Del «pacto de los 100,000 votos» se ha pasado a un apoyo récord del 68-72% del electorado cubanoamericano.
- Eliminación de protecciones migratorias: Trump revocó el estatus legal que amparaba a aproximadamente 300,000 cubanos frente a la deportación.
Conclusión: Del fetichismo de la política a la asfixia institucionalizada
La trayectoria de la política de Trump hacia Cuba a lo largo de dos mandatos revela una evolución que es tanto estratégica como simbólica.
En el primer mandato, el fetichismo operaba como máscara: un presidente en busca de legitimidad entre las élites republicanas pactaba con una extrema derecha cubanoamericana que veía amenazado su poder por los cambios demográficos y el creciente apoyo al acercamiento con Cuba. El antisocialismo servía como pegamento ideológico, y el «régimen de verdad» construido sobre la demonización de fuentes cubanas y la instrumentalización de jóvenes emigrados buscaba contener el realineamiento electoral.
En el segundo mandato, el fetichismo ha dado paso a una institucionalización descarnada del poder. La extrema derecha cubanoamericana ya no necesita negociar desde afuera: ocupa directamente la Secretaría de Estado y controla los mecanismos de política exterior. Las sanciones secundarias representan una escalada cualitativa que busca internacionalizar el bloqueo y asfixiar cualquier posibilidad de recuperación económica cubana. Los niveles récord de apoyo electoral (68-72%) sugieren que la estrategia de polarización y miedo ha funcionado electoralmente, al menos en el corto plazo.
Sin embargo, la contradicción fundamental persiste. La comunidad cubanoamericana sigue cambiando demográficamente. Los vínculos transnacionales de las nuevas generaciones —viajes, remesas, comunicación familiar— erosionan inevitablemente la narrativa monolítica del «exilio». La memoria afectiva es antídoto contra el odio.
El futuro de esta estructura de poder dependerá de dos factores: la capacidad del gobierno estadounidense para sostener una política cada vez más aislada internacionalmente (29 años consecutivos de condena en la Asamblea General de la ONU), y la voluntad de las nuevas generaciones de cubanoamericanos de construir un nuevo «régimen de verdad», acorde con sus propios intereses y no con los de una élite que ve en la hostilidad permanente su única razón de ser.
Mientras tanto, el fetichismo de la política trumpista —primero como máscara, ahora como aparato institucional— seguirá presentando como «defensa de la libertad» lo que en realidad es una pugna por preservar privilegios que poco tienen que ver con Cuba y mucho con el control del poder en la Florida.
Este artículo integra el análisis del Dr. C. Rodney A. González Maestrey, Consejero de la Dirección General de EE. UU. del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, con datos verificables del segundo mandato de Donald Trump y las elecciones de 2024.




