¿Piratería del siglo XXI?
Interceptación de petrolero por fuerzas estadounidense frente a costas de Venezuela

Una imagen vale más que mil palabras. Imaginen la escena, un supertanquero petrolero moderno, símbolo del comercio global, siendo abordado por embarcaciones y piratas del siglo XVI.
Esta poderosa metáfora visual refleja la acusación que hoy recorre el mundo y que el gobierno de Venezuela ha formalizado: Estados Unidos ha cometido un «acto de piratería internacional».
Obviamente, «un robo descarado», denunciado y repudiado enérgicamente mediante un comunicado oficial emitido este 10 de diciembre por el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, cuyo texto acusa al Presidente Donald Trump de haber «confesado el asalto» del buque en el Mar Caribe.
Este hecho se vincula con declaraciones previas de Trump, afirmando que su objetivo «siempre ha sido quedarse con el petróleo venezolano sin pagar ninguna contraprestación», presentado como parte de un «plan deliberado de despojo».
Recordaran y es imperdible, como en el actual contexto este «acto criminal» se suma al previo «robo de CITGO», el importante activo patrimonial venezolano, creandose así una narrativa de agresión económica continuada.
Hay un elemento crucial que ha surgido, la publicación a cargo de la Fiscal General de EE.UU., Pamela Bondi, de un video en sus redes sociales mostrando el operativo. Para las autoridades venezolanas y para «malanga y su puesto de viandas», este video constituye la prueba visual de la acción. Los medios lo presentan como la evidencia gráfica de lo que denominan justamente el «robo».
El presidente Donald Trump anunció personalmente «Acabamos de incautar un petrolero en la costa venezolana. Un petrolero grande, muy grande… El más grande que se haya visto nunca», declaró, sugiriendo que «están sucediendo otras cosas».
El cuadro geopolítico se completa —como decíamos inicialmente—, el Canciller ruso Serguéi Lavrov exigió explicaciones a EE.UU., subrayando la necesidad de acciones colectivas y evitando medidas unilaterales. Este evento, ocurrido el mismo día de la ceremonia del Premio Nobel de la Paz para la sayona opositora María Corina Machado, concentra en un solo punto las tensiones políticas, económicas y diplomáticas de la región.
La gran pregunta, ahora con más fuerza, con la denuncia formal de Venezuela, la publicación de un video oficial estadounidense y la condena internacional, el debate se intensifica. ¿La interceptación de un buque ‘por sanciones’ es una herramienta legítima de política exterior, o cruza la línea hacia el ejercicio de la fuerza y el «despojo» que denuncia Venezuela? La imagen de los piratas abordando el buque moderno sintetiza esta pregunta de manera más cruda que nunca.
Este acto de fuerza, lejos de ser una medida aislada, representa la peligrosa escalada de una política de despojo y agresión contra la soberanía de los pueblos. No es una simple incautación; es la confesión pública de una piratería moderna que busca normalizar el saqueo de recursos bajo el pretexto de sanciones unilaterales.
Frente a este atropello, es imperante alzar la voz, denunciar la violación del derecho internacional y exigir el respeto absoluto a la autodeterminación de las naciones. La complicidad silenciosa es aquiescencia. ¡Basta ya!




