Más allá del Monstruo: cómo José Martí diseñó la política exterior soberana de Cuba

El “monstruo” no era una metáfora literaria. Era un diagnóstico geopolítico. José Martí vivió quince años en Estados Unidos, observó su expansionismo industrial y financiero, y advirtió que si Cuba caía bajo su órbita, el desnivel de poder sería catastrófico para toda América Latina. Su testamento político, escrito horas antes de morir en Dos Ríos, sigue siendo hoy la brújula de la política exterior cubana: soberanía, unidad regional y solidaridad con el Sur Global.
Contra el bloqueo, contra la asfixia energética, contra las amenazas de invasión, Cuba levanta el ideario martiano como un escudo. No es retórica. Es estrategia.
El testamento de Dos Ríos: una advertencia que no caduca
El fundamento de la política exterior soberana de Cuba se encuentra cifrado en la carta inconclusa de José Martí a su amigo Manuel Mercado, redactada el 18 de mayo de 1895, apenas unas horas antes de su caída en combate. Este documento, su testamento político, revela que la guerra de independencia cubana era, en esencia, una operación geopolítica de alcance continental.
“Mi deber es impedir con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.
Martí no especulaba. Había observado el crecimiento industrial y financiero de Estados Unidos, que empezaba a mirar hacia el Caribe y México como sus zonas naturales de expansión bajo la Doctrina Monroe. Su advertencia sobre el “gigante de las siete leguas” prefiguró las tensiones de la Guerra Fría y la configuración actual de un mundo multipolar.
El equilibrio del mundo como objetivo estratégico
Para Martí, la independencia plena de Cuba no era un fin en sí misma, sino una pieza indispensable para garantizar el “equilibrio del mundo”. Si el archipiélago caía bajo la órbita de Washington, el desnivel de poder resultante sería catastrófico para la soberanía de las naciones del Sur.
Este equilibrio exigía una “unión antillana” —Cuba, Puerto Rico, República Dominicana y Haití— que sirviera de contrapeso. Hoy, esa premisa se traduce en el activismo de Cuba dentro de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) , definida por el presidente Díaz-Canel como la herramienta vital para alcanzar la “integración soñada” y frenar los “vientos divisionistas” impulsados desde centros de poder hegemónicos.
La diplomacia de los consulados y la identidad americana
Antes de empuñar las armas, Martí desplegó una intensa actividad diplomática. Como cónsul de Uruguay, Paraguay y Argentina en Nueva York, conoció las estructuras del poder interamericano desde adentro. Durante la Conferencia Monetaria de 1891, frustró los intentos de la delegación estadounidense de imponer una moneda única y un sistema comercial que habría subordinado a los países del Sur.
“En política, lo real es lo que no se ve” , escribió. La “diplomacia de la identidad” martiana se basa en que los pueblos de “Nuestra América” deben reconocer su propia realidad histórica para gobernar de manera efectiva. El MINREX hereda esta visión al basar su proyección en el respeto a la autodeterminación y la soberanía.
La institucionalización del decoro nacional
La Constitución de la República prohíbe expresamente negociar bajo agresión, amenaza o coerción. Es un blindaje legal inspirado en el concepto martiano de la dignidad nacional. En un escenario donde las sanciones unilaterales se utilizan como armas de guerra económica, Cuba mantiene su exigencia del levantamiento del bloqueo sin concesiones políticas.
El hecho de que Cuba mantenga relaciones diplomáticas con 195 Estados es un testimonio de su capacidad para romper el cerco diplomático que el “monstruo” ha intentado imponer desde 1962. La victoria anual en la Asamblea General de la ONU evidencia que el mensaje martiano resuena en la comunidad internacional.
Patria es Humanidad: la ética de la cooperación Sur-Sur
Uno de los pilares más visibles de la política exterior cubana es su vocación internacionalista, sintetizada en la frase martiana “Patria es Humanidad” . Este concepto trasciende el nacionalismo estrecho para proponer una solidaridad sin fronteras.
Desde 1963, Cuba ha desplegado un modelo de ayuda solidaria que se diferencia de la asistencia condicionada de las potencias del Norte. La cooperación cubana se basa en el fortalecimiento de las capacidades nacionales de los países receptores, enviando profesionales a las zonas más remotas.
Cifras del modelo de colaboración médica y educativa:
- 108 países beneficiados históricamente.
- 134.849 profesionales de la salud colaboraron entre 1963 y 2008.
- 37.820 trabajadores de la salud en 76 países simultáneamente en 2011.
- Más de 50.000 jóvenes extranjeros graduados en Cuba.
- El método “Yo sí puedo” ha alfabetizado a millones en América Latina, África y Oceanía.
La Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) ha graduado a decenas de miles de médicos bajo la premisa de que la salud es un derecho humano. Esta proyección no se detuvo ni en las crisis económicas más severas. La solidaridad es una decisión política estratégica.
El Coloquio Patria y la soberanía tecnológica
En el siglo XXI, el “monstruo” ha mutado. El expansionismo territorial se complementa con una hegemonía digital y tecnológica que amenaza la soberanía mental de los pueblos. El V Coloquio Internacional “Patria, Unidad y Humanidad” , celebrado en La Habana en mayo de 2026, abordó estos retos desde una perspectiva martiana actualizada.
La lucha contra el monopolio algorítmico
La declaración final denunció la concentración del poder informativo en manos de pocas corporaciones que controlan datos, algoritmos e inteligencia artificial. Este fenómeno es un nuevo instrumento de subordinación política y cultural.
Inspirados en Martí, los participantes reivindicaron el derecho de los pueblos a construir infraestructuras digitales soberanas, orientadas al bien común y no al control social o la manipulación. La desinformación industrializada y el uso de la IA en campañas de guerra psicológica fueron identificados como amenazas críticas.
“Las trincheras de ideas de las que hablaba Martí deben construirse hoy en el ciberespacio”.
Resistencia en tiempos de crisis: los 32 mártires de Venezuela
La vigencia del internacionalismo martiano se puso a prueba en enero de 2026. Ante un ataque coordinado contra Venezuela por orden de la administración Trump, 32 combatientes cubanos cayeron defendiendo la soberanía del pueblo venezolano.
El presidente Díaz-Canel los recordó como prueba de que “no hay pueblo pequeño cuando su dignidad es tan firme” . Son vistos como la encarnación moderna del personaje Abdala, del poema dramático de Martí, quien entregó su sangre por una patria que no era solo la suya, sino la de la justicia.
La respuesta cubana no fue la intimidación, sino el fortalecimiento de la cohesión interna y la reafirmación de su vocación de paz. La unidad, como enseñó Martí, es la “columna vertebral” de la resistencia. Cada vez que las fuerzas patrióticas se dividieron, la nación perdió su libertad.
Multipolaridad y nuevo orden internacional
La política exterior de Cuba se inserta en un movimiento global hacia la multipolaridad, un escenario que Martí previó al hablar del necesario equilibrio entre potencias. Durante su presidencia del G77 y China en 2023, Cuba lideró la demanda de una reforma profunda de la arquitectura financiera internacional.
Las relaciones con potencias emergentes como China y Rusia se basan en el respeto mutuo y la cooperación para el desarrollo, no en la sumisión. El Foro China-CELAC es visto como un espacio de concertación que permite a América Latina negociar en mejores condiciones.
El bloqueo como obstáculo y motor de resistencia
El bloqueo económico sigue siendo el principal obstáculo para el desarrollo de Cuba. Pero en la narrativa martiana, esta adversidad se transforma en un motor de inventiva y dignidad. La política de “máxima presión” y la inclusión de Cuba en la lista de estados patrocinadores del terrorismo son denunciadas como actos de “bajeza moral”.
La respuesta de Cuba es una “diplomacia de resistencia creadora” . En lugar de aislarse, la isla ha multiplicado sus vínculos con el mundo. El Marco de Cooperación de la ONU para 2026-2030 refleja esta voluntad de integrar esfuerzos nacionales con apoyo internacional, manteniendo la esencia del proyecto social cubano.
Martí, la brújula del siglo XXI
José Martí no es un héroe del pasado encerrado en mármol. Es el arquitecto activo de una política exterior que permite a Cuba navegar las tormentas geopolíticas. Su advertencia sobre el “monstruo” define una postura de alerta constante, pero su lema “Patria, Unidad y Humanidad” proporciona la base para la construcción colectiva con los pueblos del Sur.
Cuba demuestra que es posible desafiar la hegemonía a través de una diplomacia de principios , donde la autoridad moral y la solidaridad compensan la asimetría de los recursos materiales. Al impedir que el “monstruo” controle su destino, Cuba contribuye al equilibrio del mundo que Martí soñó en las vísperas de su muerte.
El testamento de Dos Ríos continúa abierto. Su cumplimiento es la misión diaria de una nación que ha hecho de la soberanía su razón de ser y de la humanidad su patria definitiva.




