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La puesta en escena de Marco Rubio

Mucha frustración y desespero se respira en los cachorros de Marco Rubio, el secretario en jefe de todos los proyectos de genocidio mundial.

A pesar de sobrecumplir el gasto y despilfarro del dinero que le quitan en recortes a programas sociales, la investigación científica y a la salud de los estadounidenses, no han logrado aún el colapso de Cuba este verano como le prometió a su amo (un poquito más de medidas asesinas, dinero para sus «proyectos» y Cuba colapsa). No lo han logrado y no lo lograrán. No entienden nada y Pierden apoyo y credibilidad en su propia madriguera. Cada vez más se cuestionan el plan ya tantas veces fracasado.

Sus acciones para perseguir todo lo que sea bueno para los cubanos de aquí y allá hablan mucho más que su relato.

Tampoco pueden distraer la atención de las cárceles y deportaciones fruto de jugosos negocios para contratistas que financiaron también a Rubio el senador…

Por el contrario, ven con histeria y preocupación todo lo que signifique un paso positivo para el bienestar del pueblo cubano, la instalación de paneles solares, la importación de un buque de combustible, la pequeña recuperación del turismo que notamos en la calle, la salida de personal de la salud para un nuevo proyecto de cooperación, la permanencia de otros a los que trataron de expulsar, la diversión de un concierto, las señales de recuperación del transporte y las nuevas medidas de apertura económica para proteger a nuestras contrapartes que apuestan y apostarán por Cuba.

Así es la puesta en escena del mafioso secretario de Estado a quien cada día vemos con Cuba y más allá esforzarse para criminalizar a gobiernos dignos que defienden a la soberanía y los derechos de su pueblo y sirve incondicionalmente a los criminales como Netanyahu y otros secuaces que se arrodillan ante las amenazas y chantajes o se ilusionan con las falsas promesas.

Criminalizar el sustento legítimo de un pueblo es el crimen. Perseguir los ingresos de toda una población para luego exhibir como un circo las penurias que esa persecución genera es el pan de cada día de estos infelices con vocación de verdugos, seres que vendieron su alma al diablo.

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