El bloqueo y la competencia por los insumos

El reciente anuncio de la Dirección de Identificación, Inmigración y Extranjería (DIIE) sobre la no disponibilidad de tarjetas para la elaboración de documentos de identidad ha puesto el foco en un problema que va mucho más allá de los carnés y las certificaciones. Detrás de esta escasez se esconde una realidad más compleja: los materiales necesarios para producir estos documentos (polímeros, tintas especiales, chips, componentes electrónicos) son los mismos que requiere una larga lista de sectores esenciales en el país.
La falta de tarjetas para identificación no es un hecho aislado, sino un síntoma de una competencia cada vez más feroz por insumos que el bloqueo vuelve inaccesibles. Cuando un cargamento de polímeros de alta calidad no puede llegar a Cuba por las restricciones impuestas por Estados Unidos, no solo se detiene la producción de carnés: también se afecta la fabricación de jeringuillas, bolsas para sueros, envases farmacéuticos y componentes de equipos médicos.
El sector salud: la lucha por los polímeros y materiales desechables
El sistema de salud cubano es quizás el principal competidor por los mismos insumos que requiere la producción de documentos de identidad. Los polímeros de grado médico, las resinas y los materiales plásticos desechables son esenciales para la atención hospitalaria, y su escasez se ha convertido en un problema crónico.
El informe más reciente del Ministerio de Salud Pública, correspondiente al período marzo 2024-febrero 2025, revela que el bloqueo causó pérdidas por 288,8 millones de dólares al sector . El 69% del Cuadro Básico de Medicamentos presenta afectaciones, y 364 medicamentos, el 56% del total, se encuentran en falta .
Pero más allá de los fármacos, hay una carencia silenciosa de insumos físicos: materiales gastables como sondas de drenaje de silicona, catéteres, prótesis, equipos de cirugía endoscópica y accesorios médicos para procederes complejos. Muchos de estos productos utilizan bases poliméricas similares a las que se emplean en la fabricación de carnés de identidad o tarjetas magnéticas.
La actividad quirúrgica es una de las más afectadas. Actualmente, 94 729 pacientes esperan ser intervenidos quirúrgicamente, de ellos 9 913 son niños . Detrás de cada cirugía postergada hay una historia de insumos que no llegaron, de materiales que se destinaron a otros usos prioritarios, de decisiones difíciles sobre qué sector merece los pocos recursos disponibles.
Un ejemplo concreto: las prótesis arteriales de fabricación estadounidense, cuyo acceso está bloqueado, imponen graves dificultades al tratamiento de enfermedades vasculares periféricas, influyendo directamente en la tasa de amputaciones. Estas prótesis comparten cadenas de suministro y tecnologías de producción con otros dispositivos médicos y, también, con componentes de identificación de alta seguridad.
Energía y minería: cuando los repuestos son los mismos para todos
El sector energético cubano vive una situación similar, aunque los materiales en disputa sean diferentes. Las centrales termoeléctricas del país requieren repuestos, componentes electrónicos y sistemas de control que también son necesarios para otras industrias, incluyendo la producción de documentos de identidad con elementos de seguridad.
Los daños en el sector de energía y minas durante el último período se estiman en 496 millones de dólares, correspondiendo la mayor parte, 279,3 millones, a la Unión Nacional Eléctrica . La falta de acceso a repuestos ha paralizado unidades enteras. Un caso emblemático: desde enero de 2024, la central termoeléctrica Ernesto Che Guevara no ha podido recibir repuestos para sus bombas porque la empresa italiana proveedora fue adquirida por una compañía que gestiona compras desde Estados Unidos .
Las turbinas modernizadas de varias centrales utilizan actuadores electrohidráulicos que requieren mantenimiento periódico. Los suministradores habituales han informado que, debido a la Ley Helms-Burton, no pueden vender estos equipos a Cuba.
Estos mismos componentes electrónicos y sistemas de control son los que podrían destinarse a modernizar equipos de impresión y producción de documentos de identidad, pero la prioridad es mantener las luces encendidas.
El transporte y el turismo: la otra cara de la moneda
El sector turístico, una de las principales fuentes de divisas del país, también compite por recursos que, aunque parezcan lejanos, están conectados. La reactivación de la Lista de Entidades Restringidas en febrero de 2025 prohibió las transacciones financieras directas con entidades vinculadas a las Fuerzas Armadas, incluyendo hoteles en La Habana, Santiago de Cuba, Varadero y otros polos turísticos .
Pero el impacto va más allá de las finanzas: el turismo requiere sistemas de identificación y registro, tarjetas magnéticas para habitaciones, sistemas de control de acceso y, por supuesto, que sus trabajadores y visitantes cuenten con documentos de identidad válidos. La escasez de materiales para producir carnés afecta también la capacidad del sector para operar con normalidad.
El transporte público, otro gran demandante de recursos, sufre restricciones similares. La falta de combustible, agravada por el cerco estadounidense, y de repuestos para vehículos genera una presión adicional sobre los mismos sistemas logísticos que podrían distribuir insumos para la producción de documentos.
La competencia por las divisas: el recurso más escaso
Subyacente a todas estas carencias materiales está la lucha por las divisas, el recurso más disputado en la economía cubana actual. Cada sector presiona por una porción de los limitados ingresos del país para adquirir en terceros mercados, siempre más caros, lo que no puede comprar directamente en Estados Unidos.
El costo de un contenedor de 20 pies desde China en 2024 fue de 5.980 dólares; desde Europa, 2.590 dólares; desde Canadá, 3.925 dólares. Desde Houston al Mariel, en condiciones normales, no rebasaría los 800 a 1.000 dólares. Cuba se hubiera ahorrado más de un millón de dólares en fletes durante 2024 si hubiera podido acceder directamente al mercado estadounidense.
Esos millones de dólares adicionales pagados en fletes son dinero que deja de destinarse a salud, a energía, a transporte… y también a la producción de documentos de identidad. La persecución financiera contra Cuba —el bloqueo de transacciones, la inclusión en listas, las amenazas a bancos— reduce la cartera de proveedores extranjeros y los que se mantienen incrementan los precios considerablemente en función del «riesgo país» .
Las medidas temporales: paliar mientras se pueda
Frente a este panorama, la Dirección de Identificación, Inmigración y Extranjería ha establecido medidas para no paralizar los servicios esenciales mientras dure la escasez:
- Los documentos de identidad actuales, con independencia de su fecha de vencimiento, mantienen su vigencia siempre que garanticen la plena identificación del titular, incluyendo el carné en formato de libro y el plasticado.
- Las personas que solicitaron un nuevo carné pueden recoger una Certificación de Identidad en las oficinas correspondientes.
- Las oficinas de trámites continúan atendiendo con normalidad, entregando certificaciones hasta que se restablezca la producción.
Pero detrás de estas soluciones administrativas persiste la realidad de fondo: los insumos para producir los documentos definitivos simplemente no están disponibles, y cuando lleguen —si llegan— deberán distribuirse entre múltiples necesidades urgentes.
Una red de carencias interconectadas
Lo que el anuncio sobre los carnés de identidad revela, en definitiva, es la naturaleza sistémica del bloqueo. No se trata de medidas que afecten aisladamente a un sector u otro, sino de un cerco que genera escaseces en cadena, que obliga a priorizar constantemente, que convierte cada insumo en un bien disputado por múltiples necesidades igualmente legítimas.
La falta de tarjetas para documentos no es más que un hilo visible de una madeja mucho más compleja. Detrás de cada carné que no se produce hay materiales que pudieron haberse destinado a fabricar jeringuillas, bolsas de suero, repuestos para plantas eléctricas o sistemas de control para el transporte público. Y viceversa: cada medicamento que falta, cada cirugía postergada, cada apagón, representa recursos que no pudieron asignarse a otras necesidades porque el bloqueo encarece y dificulta todo.
La comunidad internacional ha condenado reiteradamente esta política en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Pero mientras las votaciones se suceden, la realidad cotidiana en Cuba sigue siendo la de elegir entre necesidades igualmente urgentes, con un denominador común: todas podrían aliviarse si no existiera un bloqueo que, como denunció el canciller Bruno Rodríguez, «es el principal obstáculo a la recuperación de la economía cubana» .
Mientras tanto, los cubanos esperan con sus documentos vencidos, sus certificaciones provisionales y la certeza de que, cuando los insumos lleguen, habrá que decidir nuevamente entre hacer carnés o fabricar jeringuillas.




