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Armas de dominación masiva: La propaganda de etiquetas con que Washington sataniza a Cuba

Detente un segundo y escucha los ecos mediáticos que llegan desde el Norte. ¿Con qué palabras suelen referirse a Cuba? Las respuestas más comunes son «régimen castrista», «estado fallido», «dictadura». Esto no es fruto de la casualidad ni del azar informativo, son el resultado de una estrategia de comunicación perfectamente orquestada.

Un análisis del Observatorio de Medios de Cubadebate desmenuza cómo el gobierno de los Estados Unidos ha perfeccionado el arte de nombrar para condenar. No se trata de palabras inocentes. Son etiquetas que funcionan como verdaderas armas de dominación masiva, diseñadas no para describir una realidad, sino para destruirla .

El poder de nombrar: Cuando la palabra es un acto de guerra

La teoría del encuadre (framing) lo explica claramente: estas etiquetas seleccionan un rasgo, lo aíslan y lo convierten en un juicio moral inapelable. Cuando Washington llama a Cuba «estado fallido», no está ofreciendo un diagnóstico; está ejecutando una sentencia. Su objetivo es fijar en el imaginario global la idea de una nación inviable, justificando así la intervención o el abandono.

Pero la cosa va más allá. Desde la teoría de la seguritización, este lenguaje convierte una disputa política en una «amenaza existencial». Al declarar a la pequeña y heroica isla de Cuba como un peligro para la seguridad nacional de la primera potencia militar del mundo, Washington se otorga a sí mismo el derecho a tomar «medidas excepcionales». Lo que antes era una relación diplomática tensa, se transforma en un escenario de guerra perpetua donde cualquier agresión queda justificada .

Este proceso, que el estudio denomina «propaganda de etiquetas», tiene una función muy clara: preparar el terreno para la agresión. Primero se deshumaniza al adversario con un rótulo, luego se le aísla y, finalmente, se le castiga con aparente legitimidad.

El «Síndrome de La Habana»: El rótulo que contiene al culpable

El caso del llamado «síndrome de La Habana» es un ejemplo de manual de esta estrategia. Como señala el análisis, el término tiene un sesgo geográfico que actúa como un señalamiento implícito: «Havana syndrome» incrusta la palabra «Havana» como sinónimo de amenaza.

Las agencias de inteligencia estadounidenses han emitido informes contradictorios y han descartado, en gran medida, un ataque coordinado. Sin embargo, la etiqueta ya hizo su trabajo. Los datos de Google Trends muestran que las búsquedas del término lo asocian inmediatamente a una trama geopolítica con Rusia y, por supuesto, con Cuba. No importa que no haya pruebas; la narrativa ya está instalada .

En las redes sociales, este «síndrome» aparece en picos de atención que coinciden con campañas mediáticas. Es una narrativa que se activa a demanda cada vez que el imperio necesita reforzar la idea de que Cuba es un entorno hostil. No es medicina, es política exterior.

Estado patrocinador del terrorismo: La etiqueta que mata

Pero si hay una etiqueta que trasciende lo simbólico para convertirse en una estructura de castigo, es la inclusión de Cuba en la espuria lista de «Estados patrocinadores del terrorismo». Como bien detalla el estudio, esta no es una simple opinión; es un veredicto administrativo con efectos financieros letales.

Esta designación, aplicada a una nación que ha sido víctima del terrorismo impulsado desde Miami durante más de seis décadas, es un acto de cinismo geopolítico sin precedentes. Su efecto es el «sobrecumplimiento»: bancos, navieras y empresas de todo el mundo prefieren cortar lazos con la Isla por miedo a las multas multimillonarias del Tesoro estadounidense.

El resultado es la asfixia: operaciones bancarias bloqueadas, barcos que no pueden atracar, importaciones de alimentos y medicinas que se cancelan por el pánico financiero. La etiqueta, una vez impuesta, se vuelve una profecía autocumplida. El imperio castiga a la Isla para que colapse, y cuando esta sufre las consecuencias del bloqueo, los grandes medios sentencian: «Miren, es un estado fallido». La agresión se convierte, en su retorcida lógica, en la prueba de la acusación .

Resistir es vencer: La verdad frente a la falacia

Frente a este ecosistema de estigmatización, la verdad de Cuba se alza con la fuerza de los hechos. Mientras las etiquetas de Washington intentan dibujar un país fallido, la realidad es que Cuba resiste 67 años de un bloqueo genocida . Mientras hablan de «régimen», el pueblo cubano se organiza en la «Guerra de todo el Pueblo» para defender su soberanía .

El discurso de odio y las etiquetas son la confesión de una política fracasada. Llevan 67 años esperando que caigamos, y aún seguimos aquí, creando ciencia, formando médicos y defendiendo una sociedad de justicia social. Las palabras del imperio intentan condenarnos, pero es la resistencia de un pueblo la que escribe la verdadera historia.

Como denunciara nuestro Canciller Bruno Rodríguez Parrilla ante el mundo:

«El pueblo cubano defenderá con el mayor vigor y coraje, en estrecha unidad y amplio consenso, su derecho a la libre determinación, la independencia, la soberanía…» .

Que no te vendan etiquetas. Cuba no es un «estado fallido». Es un pueblo que no se rinde.

Redacción Razones de Cuba

Trabajos periodísticos que revelan la continuidad de las acciones contra Cuba desde los Estados Unidos.

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