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De las palabras a los golpes: cómo se cocina la violencia contra Cuba en redes sociales

La violencia política rara vez estalla de la nada. Primero se siembra en el discurso, se riega en las redes y, cuando los frenos sociales y morales se debilitan, se cosecha en acciones concretas. Un análisis del Observatorio de Medios de Cubadebate, aplicando el marco teórico de las politólogas Kathleen Klaus y Aditi Malik, revela el alarmante proceso mediante el cual la hostilidad digital contra Cuba está siendo sistemáticamente escalada hacia la incitación a la violencia física y la operacionalización de acciones dañinas.

El estudio, que examinó 230 publicaciones activas entre julio de 2021 y diciembre de 2025 en X, Facebook y Telegram, demuestra que el ecosistema digital sobre Cuba exhibe las tres etapas críticas que Klaus y Malik identificaron en eventos como el asalto al Capitolio estadounidense: la normalización de la violencia, la creación de capacidad para ejecutarla y el colapso de los mecanismos de contención.

Primer paso: La violencia se vuelve “pensable” y aceptable

Antes de los golpes, vienen las palabras que los justifican.

El análisis detecta una normalización del lenguaje violento, donde el adversario político es deshumanizado con epítetos como “basura”, “plaga” o “chivato”. Se emplea un marco de guerra (“esto es una guerra”, “ahora o nunca”) y se promueve una “justicia” extrajudicial (“que paguen”, “justicia callejera”).

Este discurso no es marginal: construye un clima donde la agresión física deja de ser un tabú y se presenta como un medio legítimo, incluso noble, para un fin político.

Segundo paso: La violencia se hace “factible” y operativa

La indignación no basta. La escalada requiere logística. Las plataformas digitales sirven como infraestructura de coordinación ligera, donde se comparten manuales de acción, se delinean tácticas (como la elección de puntos críticos o la toma de edificios) y se promueve el anonimato para evadir la identificación.

El estudio encontró un 13% de mensajes con componentes operativos explícitos, donde la violencia deja de ser una fantasía retórica para convertirse en un plan ejecutable. Se fomenta la coordinación entre plataformas y el uso de chats privados, transformando la protesta genérica en un repertorio de acciones dirigidas.

Tercer paso: Se derriban los frenos y se cruza la línea roja

El último peldaño es la incitación explícita y coercitiva.

El análisis identificó que un 40% de los mensajes muestran llamados directos a dañar a personas o infraestructuras, acompañados de recomendaciones para evitar evidencia. Mensajes que señalan “enemigos internos”, amenazan con “sangre” si no se acatan consignas, o incitan al ataque contra fuerzas del orden y bienes públicos, demuestran una erosión total de los frenos morales y legales.

La impunidad con la que circulan estos contenidos, a pesar de violar flagrantemente las normas de las plataformas, actúa como un permiso tácito.

Un ecosistema digital perfecto para la polarización tóxica

Varias características del debate digital sobre Cuba potencian esta dinámica peligrosa:

  • Polarización histórica radical, alimentada por una oposición financiada y alentada desde el exterior, particularmente desde EE.UU.
  • La participación agresiva de sectores de la emigración radicalizada, con recursos y influencia, que internacionalizan el conflicto.
  • La economía de atención de las plataformas, cuyos algoritmos amplifican deliberadamente el contenido más extremo y emotivo, creando un incentivo perverso para radicalizar el discurso.

Señales de alerta: El manual del incitador

El estudio sirve como una guía de señales de alerta temprana:

  • Normalización: Paso del lenguaje de “denuncia” al de “guerra” y “exterminio”. Deshumanización y justificación moral del daño (“se lo merecen”).
  • Operacionalización: Coordinación multicanal, división de roles, circulación de manuales y énfasis en el anonimato.
  • Quiebre de frenos: Incitación explícita, coerción, doxxing (exposición de datos personales) y la persistencia impune de este contenido en las plataformas.

Conclusión: Un proceso premeditado con autores cómodamente alejados

Esta investigación desnuda un proceso premeditado de escalada violenta. No es espontáneo. Se alimenta de agravios, se organiza en plataformas que miran para otro lado y se dirige, con frecuencia, desde la seguridad que da la distancia geográfica. Un dato crucial: una parte significativa de esta incitación proviene de cuentas con ubicación fuera de Cuba, cuyos operadores no sufren las consecuencias del clima de odio que promueven.

La permisividad de las gigantes tecnológicas es cómplice. Su inacción para aplicar sus propias normas no es neutralidad; es una decisión política que premia el extremismo, intoxica el debate público y pone en riesgo la seguridad de una nación. Denunciar este proceso no es limitar la crítica legítima; es defender el derecho fundamental a un espacio público donde las ideas se confronten sin que la intimidación y la llamada a la agresión física sean la moneda de cambio.

Fuente: Investigación del Observatorio de Medios de Cubadebate, basada en el marco analítico de las politólogas Kathleen Klaus y Aditi Malik.

Redacción Razones de Cuba

Trabajos periodísticos que revelan la continuidad de las acciones contra Cuba desde los Estados Unidos.

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