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Cubanos en Panamá cierran filas: “Ni Ferrer ni Payá nos representan, son parte del plan genocida de Trump y Rubio”

La Asociación Martiana de Cubanos en Panamá rechaza a José Daniel Ferrer y Rosa María Payá como voceros de la comunidad y los señala como parte del plan genocida de Trump y Rubio contra Cuba.

La llegada a Panamá de José Daniel Ferrer y Rosa María Payá, en pleno desarrollo de la Cumbre de la OEA, no es un hecho fortuito. Responde a una coreografía ensayada desde Washington para presentar a estas figuras como los “legítimos representantes” del pueblo cubano, en un intento desesperado por legitimar la política de agresión que la administración Trump ha desatado contra la Isla.

La Asociación Martiana de Cubanos Residentes en Panamá, fiel al ideario de independencia y soberanía legado por el Apóstol José Martí, ha salido al paso con una declaración que no admite dudas: ni Ferrer ni Payá representan a la comunidad cubana digna y trabajadora que reside en la hermana República de Panamá. Y es que, como veremos a continuación, el historial de estos personajes los descalifica por completo para erigirse en portavoces de un pueblo que ha resistido con heroísmo más de seis décadas de agresiones. Tal como expresan los firmantes, sus voces no identifican a los cubanos residentes en esa nación, sus acciones les son ajenas, y sus intentos de erigirse como portavoces de los cubanos en el exterior constituyen una burda manipulación política que repudian sin reservas.

José Daniel Ferrer: de delincuente a la apología de la invasión

José Daniel Ferrer García fue durante años presentado por la maquinaria mediática internacional como un “preso político” y un símbolo de la “lucha por la libertad” en Cuba. Líder de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), Ferrer fue detenido en 2003 junto a otras 75 personas vinculadas a proyectos de subversión, financiados desde el exterior, fueron procesadas por la justicia cubana. Condenado a 25 años de prisión, cumplió ocho años entre rejas hasta su liberación en 2011. Sin embargo, lejos de desistir en su actividad desestabilizadora, fue nuevamente encarcelado en 2019 y, de nuevo, en 2021, durante las protestas del 11 de julio.

Pero lo que revela la verdadera naturaleza de Ferrer no es su pasado como recluso, sino su presente como apologista de la intervención militar extranjera. En febrero de 2026, en una entrevista con la agencia AFP, Ferrer declaró sin ambages: “Estoy a favor de que Estados Unidos realice en Cuba una operación como la que derrocó a Nicolás Maduro en Venezuela”. Y añadió, con una frialdad que estremece: “si hay que aplaudir una acción al estilo venezolano, lo voy a hacer con mucho gusto”.

Estas no son palabras de quien defiende la vida o la dignidad del pueblo cubano. Son las palabras de quien, desde el exilio dorado en Miami, celebra de antemano la muerte y la destrucción que una intervención militar conllevaría sobre su propia tierra. El entusiasmo con el que Ferrer aboga por la violencia externa revela una deshumanización completa del pueblo cubano, al que ve como un escenario donde se puede aplicar la fuerza bruta sin consecuencia moral alguna.

No es casual que Ferrer haya sido puesto en libertad y enviado a los EE. UU. en octubre de 2025, tras años negándose a salir del país. Su excarcelación “a solicitud del gobierno de EE.UU.” y su inmediato traslado a Miami no fueron actos de generosidad, sino la puesta en escena de un actor que el imperio necesitaba tener disponible para sus planes contra Cuba.

Rosa María Payá: activismo, privilegios y conflicto de intereses

Rosa María Payá Acevedo, hija del fallecido contrarrevolucionario Oswaldo Payá, es la otra cara de esta misma moneda. Activista fundadora de la iniciativa Cuba Decide y rostro visible del denominado Acuerdo de Liberación —un pacto firmado en Miami entre coaliciones de la derecha cubana en EE. UU.—, Payá ha logrado lo que pocos: ocupar un escaño en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sin tener formación en Derecho, ni especialización en Derecho Internacional ni en derechos humanos.

Su designación como comisionada, que formalmente inició en enero de 2026, fue impulsada directamente por el gobierno de Donald Trump y, en concreto, por el secretario de Estado Marco Rubio. No es un dato menor: la candidatura de Payá fue una imposición diplomática, respaldada por presiones económicas y políticas sobre varios Estados miembros de la OEA, que finalmente le otorgaron 20 votos en primera ronda.

Pero el problema no es solo cómo llegó, sino cómo ejerce su cargo. La asistencia de Payá a foros políticos como el celebrado en Ciudad de México en enero de 2026, donde participó en el evento “Cuba y América Latina: seis décadas de autoritarismo” organizado por la Universidad de la Libertad del magnate Ricardo Salinas Pliego, ha sido señalada como una infracción al artículo 8 del estatuto de la CIDH, que establece que el cargo de comisionado es incompatible con actividades que comprometan la independencia, la imparcialidad o la dignidad inherente a la función.

No es de extrañar. El propio Panel Independiente para la Evaluación de Candidaturas a los Órganos del Sistema Interamericano ya había advertido que su vinculación con organizaciones de la “sociedad civil” y su intención de mantener dicha militancia “puede poner en duda la apariencia de independencia a juicio de un observador razonable”. Payá no es una jurista imparcial; es una activista política que ha convertido su puesto en la CIDH en una tribuna desde la que exige más presión contra Cuba, en perfecta sintonía con los designios de Washington.

Frente a esta maniobra, la Asociación Martiana de Cubanos Residentes en Panamá ha respondido con la siguiente declaración pública, fechada el 23 de junio de 2026:


DECLARACIÓN DE LA ASOCIACIÓN MARTIANA DE CUBANOS RESIDENTES EN PANAMÁ

A la opinión pública panameña, a la comunidad cubana residente y a los medios de comunicación:

La Asociación Martiana de Cubanos Residentes en Panamá, fiel al ideario de independencia, dignidad y soberanía legado por nuestro Apóstol José Martí, rechaza de manera categórica y enérgica las declaraciones emitidas por el señor José Daniel Ferrer a su llegada a territorio panameño.

Manifestamos con total claridad que ni el señor Ferrer ni la señora Rosa María Payá representan en modo alguno a la comunidad cubana digna y trabajadora que reside en esta hermana República de Panamá. Sus voces no nos identifican, sus acciones nos son ajenas y sus intentos de erigirse como portavoces de los cubanos en el exterior constituyen una burda manipulación política que repudiamos sin reservas.

Denunciamos ante la comunidad internacional que ambos individuos son miembros activos de un plan genocida concebido, organizado y orquestado contra el pueblo cubano. Este plan criminal ha sido diseñado y avalado por el secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio; por el presidente Donald Trump; y por el secretario de Defensa, Pete Hegseth. Se trata de una estrategia deliberada de asfixia económica, desestabilización social y agresión sistemática que viola flagrantemente el derecho internacional y los principios más elementales de la convivencia entre las naciones.

La Asociación Martiana, junto a otras organizaciones de cubanos patriotas en el exterior, ha denunciado de manera reiterada la participación activa de la señora Payá en estas maniobras injerencistas, financiadas y dirigidas desde Washington con el único propósito de quebrantar la soberanía y la voluntad de nuestro pueblo.

Los cubanos residentes en Panamá defendemos el derecho inalienable de Cuba a su autodeterminación, rechazamos el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por sucesivas administraciones estadounidenses, y condenamos cualquier intento de utilizar a nuestra comunidad como plataforma para promover el odio, la división o la violencia contra nuestra patria.

Exigimos respeto a la República de Panamá, país que nos ha acogido con generosidad, y demandamos que no se permita la utilización de su territorio para actividades que atenten contra la paz, la estabilidad y la soberanía de Cuba, en franca violación de los principios de no injerencia que rigen las relaciones entre los pueblos latinoamericanos y caribeños.

Con la fuerza moral que nos inspira el pensamiento martiano, reiteramos… Cuba vive y vivirá en cada cubano digno, dentro y fuera de su tierra. Y no habrá plataforma mediática ni operación política alguna que logre silenciar la voz de un pueblo que ha resistido con heroísmo más de seis décadas de agresiones.

Patria es Humanidad.

Viva Cuba libre y soberana.

Directiva de la Asociación Martiana de Cubanos Residentes en Panamá

Panamá, 23 de junio de 2026


Las firmas de esta declaración, así como el sello de la Asociación, validan el documento como la expresión auténtica de los cubanos dignos que residen en Panamá. Con esta contundente respuesta, la comunidad cubana en el istmo deja claro que no será utilizada como plataforma para los intereses injerencistas de Washington, y reafirma su compromiso con la soberanía y la autodeterminación de su patria.

Redacción Razones de Cuba

Trabajos periodísticos que revelan la continuidad de las acciones contra Cuba desde los Estados Unidos.

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