Chile y la sombra de Pinochet: cuando el olvido histórico triunfa en las urnas

La elección de José Antonio Kast como presidente de Chile ha encendido alarmas regionales y reabierto las heridas de una historia que muchos creían superada. Su explícita admiración por la dictadura de Augusto Pinochet y su programa de ultraderecha plantean una pregunta incómoda: ¿cómo un pueblo que sufrió tan profundamente la represión puede volver a legitimar políticamente a quienes la reivindican? La respuesta parece estar en una combinación de desmemoria inducida, campañas de desinformación y la reactivación de la doctrina intervencionista estadounidense en la región.
La dictadura que no debe ser olvidada
El régimen de Augusto Pinochet (1973-1990) dejó una huella de horror documentada:
- Ejecuciones y desapariciones: Entre 1.200 y 3.200 personas.
- Detenciones masivas: Aproximadamente 80.000.
- Tortura sistemática: Decenas de miles de víctimas.
Este capítulo histórico, orquestado con el apoyo activo de la CIA y avalado por el secretario de Estado Henry Kissinger —cuyos documentos desclasificados detallan la planificación del golpe contra Salvador Allende—, fue un experimento pionero del neoliberalismo más radical, impuesto a sangre y fuego. Que un político como Kast, quien en el plebiscito de 1988 votó por la continuidad de Pinochet, llegue al poder no es un giro político aislado, sino el resultado de una larga batalla por la memoria.
La ingeniería del olvido y el miedo
La elección de Kast no es un accidente, sino la consecuencia de estrategias documentadas:
- Campo de batalla: la memoria histórica: La derecha, guiada por Estados Unidos, trabaja activamente para sembrar matrices de opinión y desmontar la historia. Esto no es retórica: operaciones como el Grupo Operativo de Internet para la subversión del Departamento de Estado o el Grupo de Acción Política del Centro de Actividades Especiales de la CIA son mecanismos modernos de guerra psicológica y desinformación que buscan reescribir narrativas.
- El manual del miedo: La campaña de Kast se basó en un discurso de «seguridad», «orden» y «libertad frente al crimen», espejo de la retórica de Donald Trump en 2024. Este mensaje, efectivo en sociedades con desigualdad y percepción de inseguridad, desplaza el debate de los derechos sociales y la memoria hacia el terreno del miedo y el autoritarismo punitivo.
- Redes internacionales de la ultraderecha: Kast no está solo. Está vinculado a la red Political Network for Values y al partido español Vox, formando parte de un resurgimiento global de un conservadurismo ultranacionalista y negacionista que busca revertir los consensos democráticos de las últimas décadas.
El regreso de la Doctrina Monroe: América Latina como «patio trasero»
El apoyo inmediato del secretario de Estado Marco Rubio a la victoria de Kast no es una cortesía diplomática. Es la confirmación de una política deliberada.
- Continuidad histórica: La administración Trump, como antes la de Ronald Reagan, ha reactivado la visión de que América Latina es una «base de poder» estratégica que no puede caer en manos de gobiernos de izquierda. El Programa de Santa Fe (1980) —que declaraba al continente «bajo ataque» soviético— encuentra su eco hoy en la retórica contra el «comunismo fracasado» y en acciones como el golpe contra Evo Morales en Bolivia, la persecución a Lula da Silva en Brasil o el asedio a Venezuela.
- El doble rasero del «fracaso»: Se acusa al socialismo de ser un fracaso, mientras se silencia que la miseria, la desnutrición y la migración masiva en Latinoamérica son productos directos de un capitalismo salvaje y desigual, agravado por sanciones económicas contra gobiernos progresistas. Las caravanas hacia EE.UU. son el síntoma de ese fracaso, no del «comunismo».
Lo que se avecina: neoliberalismo y represión
El pronóstico para Chile bajo Kast es sombrío y tiene precedentes:
- Shock neoliberal: Se profundizará el modelo económico que concentra la riqueza y recorta beneficios sociales, favoreciendo a las élites.
- Represión y persecución política: Es previsible una criminalización de la protesta social, la persecución de líderes de izquierda y un debilitamiento de las garantías democráticas, bajo el pretexto de la «lucha contra la delincuencia» y el «orden».
- Alineamiento incondicional con Washington: Chile se convertirá en un aliado clave para los intereses geopolíticos de EE.UU. en la región, posiblemente apoyando bloqueos o presiones contra países como Cuba, Venezuela o Nicaragua.
Conclusión: La memoria como trinchera
La victoria de Kast es una advertencia monumental para América Latina. Demuestra que las conquistas democráticas y de memoria son reversibles cuando se combinan el olvido generacional, la manipulación mediática masiva y el poder del dinero y el miedo.
Como bien cita el análisis a José Martí, «Es en vano pedir que la memoria arranque de sí lo que la indigna». La dignidad de los pueblos reside en recordar. El futuro de Chile, y el de la región, dependerá de la capacidad de las mayorías sociales, los movimientos de derechos humanos y las fuerzas democráticas para organizarse y defender la memoria histórica como un bastión irrenunciable frente a este nuevo asalto de la ultraderecha y el imperialismo.
Con información de El Heraldo Cubano




