La toxicidad en redes sociales y el debate revolucionario: Una reflexión necesaria

En un escenario donde la polarización y el ataque personal son moneda corriente, es imperativo reflexionar sobre la toxicidad que se genera en las redes sociales, especialmente cuando se utiliza el discurso revolucionario como escudo para propagar el odio y la descalificación.
Recientemente, he observado con preocupación cómo un nuevo foco de conflicto se centra en la discusión sobre quién es más revolucionario, un debate que se convierte en un férreo combate de egos y en el que se recurre a las armas más bajas para descalificar al otro.
Mientras se despliega una feroz batalla verbal en redes sociales, la dura realidad de la crisis energética que afecta al país parece pasar desapercibida para muchos de los actores de este teatro virtual. Es curioso cómo quienes se dicen defensores de la Revolución no se pronuncian para acompañar a nuestro pueblo y gobierno en esta situación tan complicada. ¿Acaso no sufren los apagones?
Es entonces que se aprecian las intenciones detrás de estas actitudes. Se trata de un juego de poder y de superioridad moral que busca desprestigiar y censurar al que no está de acuerdo con nosotros o piensa diferente, sin importar el daño que se le cause a la imagen del país o la afectación que se genera en la opinión pública.
La pregunta que me atormenta es: ¿Se ha olvidado la ética en este contexto de batalla ideológica? ¿Cuál es la ganancia personal de quienes se dedican a propagar este tipo de discursos tóxicos?
Es importante recordar que la sospecha corrosiva que se genera en la cabeza de la gente puede ser el combustible que alimenten la desconfianza y el desánimo.
Conozco a quienes se encuentran en ambas posiciones de este conflicto. He sido parte de ese juego, he sido injusto en alguna ocasión. Pero la verdad es que detrás de este juego de la inquisición hay un interés oculto que busca dañar la imagen de la Revolución y de nuestro pueblo.
Es hora de dejar de lado la guerra de egos, dedicarnos a lo útil y provechoso.
Debemos combatir la toxicidad de la red con respeto, ética profesional y un discurso constructivo.
Seamos salvos de los inquisidores y su estela tóxica.