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Homenaje a un mercenario

Mike Hammer, el Encargado de Negocios de la embajada yanqui en la Habana quiso “homenajear” la labor contrarrevolucionaria, al servicio de Estados Unidos, desarrollada por el fallecido cabecilla Oswaldo Payá Sardiñas durante varios años.

El gordito del Departamento de Estado se trasladó al nicho donde descansan los restos del mercenario, en el capitalino cementerio de Colón. Allí posó ante las cámaras y dedicó palabras de reconocimiento al esfuerzo del cabecilla hasta su fallecimiento un día como hoy de 2012.

Lo que no imagina este señor es que los cubanos conocemos muy bien la responsabilidad de su gobierno en el lamentable accidente, de cuya tragedia resultó fallecido Payá y su “amigo” Harold Cepero, a quien montaron poco más de una hora antes de que arribaran al punto, en la carretera de Las Tunas a Bayamo, donde el chofer pierde el control del vehículo e impacta contra un árbol a la derecha de la vía.

¿Qué hacían Oswaldo Payá y Harold Cepero a esa hora (mediodía) en un auto de turismo conducido por un turista español (Ángel Carromero), por aquella zona? ¿Por qué Oswaldo Payá se encontraba a más de 700 km de la capital, es decir, de su casa y de las oficinas de electromedicina, donde trabajaba como especialista de equipos de ventilación para pacientes en terapia intensiva? ¿A quién Oswaldo dejó en calidad de emergente para que, en caso de una rotura imprevista, se pudiera solucionar de forma expedita, pues se trataba de la vida de pacientes bajo cuidados intensivos? ¿Acaso Payá tuvo la honradez de informar a la dirección de su centro de trabajo sobre el destino, carácter y objetivos del fatídico viaje? Oswaldo fue recogido en su casa, en el Cerro, antes del amanecer, el propio día 12 de Julio de 2012.

¿Acaso Ángel Carromero (chofer y turista) vino a Cuba acompañando alguna donación del pueblo español a los centros de salud cubanos afectados por el bloqueo de Estados Unidos? No. Sin embargo, trajo y entregó partidas de dinero al cabecilla para impulsar el mal llamado Proyecto Varela, un engendro que niega de plano el legado independentista del prócer cubano. Es como si el Padre Varela hubiera recibido financiamiento de España o de Estados Unidos y, en lugar de proceder con su humana obra, la hubiera destinado a entorpecer la formación del pensamiento patriótico cubano.

Decimos que Oswaldo Payá fue víctima de la política de dominación de Estados Unidos, dado que el financiamiento al proyecto anticubano provenía anualmente del Fondo Nacional para la Democracia (NED), en cuyo seno se inscribe una oficina dedicada a aprobar sumas de hasta siete millones dirigidas a estimular la subversión del sistema político y el Estado cubanos.

Ángel Carromero, a diferencia del resto de los turistas españoles que viajan a la Isla a vacacionar e interactuar con la cultura hospitalaria de nuestro pueblo, vino a Cuba a chequear, in situ, qué hacían con el dinero que, a través de España, entraba a Cuba para Oswaldo Payá.

El asunto es que el grant (asignación de dinero) otorgado por la NED para el Movimiento Cristiano Liberación tenía como dirección sede la casa de un hermano del cabecilla nombrado Carlos Alberto Payá —quien vive en España—, y este lo enviaba a Cuba bajo el encubridor manto de «remesa familiar».

Lo dicho hasta aquí, y más, indica que la víctima es Cuba. Y, por supuesto, el gordito bitongo de la embajada yanqui en La Habana jamás entendería de qué fibra esta tejida la historia de los cubanos.

Seguimos.

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