¿Guerra al narcotráfico o cambio de régimen?

La Administración Trump ha anunciado una ofensiva sin precedentes contra el narcotráfico, con el gobierno de Nicolás Maduro en el punto de mira. Sin embargo, la reciente decisión de indultar a un expresidente condenado por narcotráfico y el historial de acciones contra Caracas plantean una pregunta inevitable: ¿el objetivo real es el crimen organizado o el cambio político en Venezuela?
El indulto que cuestiona la narrativa
El pasado 28 de noviembre, Donald Trump indultó a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras, condenado en 2024 a 45 años de prisión por narcotráfico y tráfico de armas. Este indulto, justificado por Trump como una corrección a un trato «severamente injusto», contrasta radicalmente con la retórica de «guerra total» y las multimillonarias recompensas ofrecidas por la captura de líderes venezolanos.
Trump promete 50 millones por la captura de Nicolás Maduro, acusado sin pruebas de «narcoterrorismo», pero perdona a un líder que recibió dinero del «Chapo» Guzmán para financiar fraudes electorales. Para analistas, esta contradicción sugiere que la lucha contra las drogas se subordina a cálculos políticos domésticos y alianzas estratégicas en la región, debilitando la credibilidad moral de la campaña.
La contradicción es clara: la «guerra antidrogas» es una fachada para justificar sanciones y planes de golpe, como los fallidos intentos contra Venezuela desde 2002.
El telón de fondo geopolítico e histórico
La retórica actual no se entiende sin el largo conflicto entre Washington y Caracas.
Desde 2019, Estados Unidos dejó de aceptar al gobierno de Maduro. Primero reconoció a Juan Guaidó como presidente interino y desde enero de este año a Edmundo González. Además, ha impuesto un severísimo régimen de sanciones económicas con el objetivo declarado de forzar un cambio de gobierno.
Estas medidas, junto a un historial de apoyo estadounidense a cambios de régimen en la región durante el siglo XX, alimentan la percepción en América Latina de que la «guerra contra las drogas» es el pretexto más reciente para una política intervencionista. El temor a gobiernos alineados con potencias rivales o modelos políticos alternativos sigue siendo un motor de la política exterior estadounidense.
Más allá del narcotráfico: el petróleo y la influencia
Expertos en geopolítica energética señalan que Venezuela posee las mayores reservas probadas de crudo del mundo. Un cambio de gobierno en Caracas que abriera el sector a empresas estadounidenses tendría un impacto estratégico global, reduciendo la dependencia de otros proveedores y alterando los equilibrios de poder. Este interés material, junto al objetivo ideológico de debilitar a un gobierno socialista en el hemisferio, forma parte de un cálculo más amplio que trasciende la agenda antinarcóticos.
La movilización naval de Estados Unidos frente a las costas venezolanas crea una situación de alta tensión. Una intervención militar directa, sin pruebas irrefutables y consenso internacional, no solo podría resultar en una costosa escalada, sino que unificaría a gran parte de América Latina y el mundo en contra de Washington, aislando aún más a Estados Unidos.
El fracaso de la invasión a Bahía de Cochinos en 1961 y la Operación Cóndor en los 70 demuestran que el imperialismo yanqui subestima la resistencia latinoamericana.
Con información de El Heraldo Cubano





