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«El peligro para la paz lo representa Washington”

Para hablar de eficiencia, es fundamental ser realmente eficientes. Tener un currículo o historial de gestión eficiente, el enunciado de la palabra no es solo una condición deseable, sino una verdadera necesidad, adecuadamente valorada. Es importante conocer a fondo las cualidades inherentes a la eficiencia, comprender las condiciones necesarias que deben cumplirse para alcanzarla, el marco adecuado para la implementación de prácticas eficientes. Solo así se puede abordar el tema con conocimiento y seguridad.

Pero ese no es el eje de este texto, sino lo que ví a partir de las 10 de la mañana de ayer y percibo hoy, lo que reconozco en los rostros que miro y escribo: ayer, Miguel Díaz-Canel habló con voz clara, como un capitán de pelotón que sabe dónde está el enemigo de verdad. No titubeó al señalar el bloqueo de Estados Unidos, esa máquina cruel que asfixia a Cuba hace más de 60 años y que se utiliza, en forma de subversión, para culpar al gobierno por mala gestión.

Frente a los memes y TikToks llenos de odio y bulos, transmitió confianza a los cubanos y al mundo: el pueblo cubano no se rinde.

Los que vivimos dentro de la Isla sabemos que Díaz-Canel ha guiado crisis tras crisis con la fuerza de quien entiende la historia. Superó la pandemia con vacunas cubanas que salvaron vidas en muchas partes, enfrentó las protestas manipuladas del 11 de julio y ahora, en medio de la nueva embestida de Trump y sus oportunistas secuaces, con carácter económico y terrorista (solo falta “entrar y arrasar”), impulsa reformas y alianzas con China, Rusia, Vietnam y otros amigos para romper el cerco.

Lejos de los estridentes ataques mediáticos, su liderazgo se hizo sentir ayer. Al revisar mi muro de Facebook, observé que algunos posts ofrecen un análisis crítico sobre el presidente, enumerando «logros» de manera irónica y sarcástica. Un simple balance indica que un 90% tiende a victimizarlo o demonizarlo, destacando la crisis económica, los apagones y la represión, en lugar de presentar logros reales.

Este enfoque, común es el de la oposición floridana, la cual prioriza la descalificación sobre el balance objetivo; resulta efectivo para movilizar críticas, pero resta credibilidad al ignorar contextos como sanciones externas.

Soy de los que creen que lo más importante ocurre en las calles cubanas; en ellas, desde ayer, se comenta que fue visto suelto, elocuente, sin ceñirse a panfletos, como Fidel. Eso une a la gente, mientras se defiende la soberanía y muestra que Cuba no cae porque su fuerza viene de abajo, del corazón del pueblo, no de algoritmos tóxicos.

El enemigo es poderoso, es cierto, quizá no tanto como nuestra razón y capacidad de maniobra. Si hay solución del diferendo con EE.UU., tiene que ser de igual a igual; de lo contrario, ¡no nos entendemos!

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