El imperio y sus perritos falderos: tres grandes errores que están hundiendo a Occidente
Rusia no se derrumbó. China no se detuvo. Irán no se rindió. Mientras Washington y Bruselas siguen actuando como si el mundo todavía les perteneciera, la realidad les ha dado tres bofetadas consecutivas. La soberbia, la incompetencia y el caos institucional han convertido a Estados Unidos y sus aliados europeos en el principal factor de desestabilización global.

En apenas cuatro años, el hegemonismo occidental liderado por Estados Unidos ha acumulado tres errores de cálculo monumentales. Tres apuestas equivocadas que revelan no solo una mala lectura del tablero mundial, sino una incapacidad estructural para aceptar que el mundo ya no es unipolar.
El primero fue con Rusia. La estrategia era clara: provocar la invasión de Ucrania para que Moscú sufriera una “derrota estratégica”, un colapso económico por las sanciones y un aislamiento internacional irreversible. Nada de eso ocurrió. Rusia resistió, reorientó su economía y sigue en pie.
El segundo fue con China. La apuesta era que las barreras comerciales y tecnológicas doblegarían a Pekín. Tampoco funcionó. China ya produce sus propios microprocesadores y, cuando amenazó con cortar la exportación de tierras raras —minerales esenciales para alta tecnología, defensa y energías renovables, de los que dispone casi en solitario—, Occidente tuvo que recular.
El tercero lo estamos viendo ahora con Irán. La inteligencia occidental creía que decapitar su liderazgo político y bombardear el país desencadenaría una revuelta interna y un cambio de régimen. La realidad fue otra: Irán resistió y aplicó un plan de guerra asimétrica perfectamente conocido: misiles y drones desde instalaciones subterráneas contra Israel y las bases estadounidenses en Oriente Medio, más el cierre del estrecho de Ormuz.
La lógica es simple: Irán no necesita ganar la guerra de forma convencional. Le basta con no perderla. En cambio, Estados Unidos e Israel necesitan una victoria total. Si la reserva iraní de misiles y drones es superior a la reserva de interceptores de sus enemigos, la ecuación está sentenciada.
Soberbia y decadencia: el imperio que no sabe adaptarse
Tres errores tan evidentes en tan poco tiempo obligan a preguntarse: ¿qué está pasando en Washington?
La causa principal es de orden general: Occidente se comporta como si el mundo siguiera siendo unipolar, pero ya no lo es. El mundo es multipolar. Hay diversos polos de poder que interactúan, negocian y se confrontan. La falta de visión de Estados Unidos tiene que ver con la soberbia de quien está acostumbrado a dictar su voluntad y encuentra enormes dificultades para cambiar y adaptarse a la nueva realidad.
Pero también hay una causa institucional: el colapso de los procedimientos de toma de decisiones.
Mientras China acaba de aprobar su XV plan quinquenal para el periodo 2026-2030 —con 2.758 votos a favor, uno en contra y dos abstenciones, después de un ingente trabajo de institutos, expertos y controversias internas—, en Washington la administración del “Nerón narcisista” ignora los dictámenes de sus propias agencias de seguridad y de la burocracia militar.
El secretario de Guerra, Peter Hegseth, no solo es un criminal como sus predecesores, sino que antes era presentador y comentarista de un canal de telebasura. Su colega Marco Rubio acumula en su persona el Ministerio de Exteriores, la Consejería de Seguridad Nacional y la administración de la agencia de ayuda al golpe de Estado (USAID). Ninguno de los dos puede decidir gran cosa contra la “infalible voluntad” del desequilibrado inquilino de la Casa Blanca.
Como dijo Mark Twain: “Pertenecemos a la raza anglosajona, y cuando el anglosajón quiere algo, simplemente lo toma”.
El factor europeo: perritos falderos sin estrategia
Tanto en Washington como en Bruselas no hay estrategia. Hay, más bien, un cuadro de decadencia tardorromana: políticos desprestigiados e incompetentes, obsesionados con la “imagen” y la “comunicación”, rodeados de un complejo mediático y pseudoacadémico estructuralmente corrupto y servil.
El Imperio de Estados Unidos y sus “perritos falderos europeos” se han convertido en el principal factor mundial de caos. Países como Japón, Corea del Sur y las propias monarquías del Golfo pueden constatar que mientras el imperio no se vaya de la principal región energética del mundo, el peligro de una gran recesión está servido.
A los gobernantes de esos países les puede dar igual la masacre de poblaciones y la destrucción de sociedades enteras, pero la contracción de sus economías y la ruina de sus castillos de naipes financieros debería espabilarlos.
La ONU, otro síntoma de la decadencia
La incapacidad de las Naciones Unidas para detener la loca carrera de Israel y Estados Unidos es otra muestra del deterioro institucional. El 11 de marzo de 2026, el Consejo de Seguridad aprobó la resolución 2817, que “condena en los términos más enérgicos” los ataques de Irán contra países del Golfo que albergan bases militares estadounidenses.
La resolución ignoró olímpicamente que esos ataques eran respuesta a los bombardeos contra Irán y al asesinato de sus máximos dirigentes. Ni siquiera mencionó la agresión contra Irán. Fue aprobada por trece votos a favor y cero en contra. Rusia y China se abstuvieron.
El economista Michael Hudson advierte: “El resultado de esto será reestructurar la ONU o crear una organización completamente nueva que no cuente con el poder de veto de Estados Unidos ni esté bajo su control”. Mientras tanto, la guerra demuestra urbi et orbe que el imperio estadounidense y sus aliados europeos son el principal factor de caos en el mundo.
La advertencia de la CIA que nadie debería olvidar
Sobre la posibilidad de una “operación terrestre” que el improvisador Nerón podría estar barajando, un despacho de la CIA fechado el 11 de agosto de 2008 en Arabia Saudí —divulgado por Wikileaks— resulta escalofriantemente revelador:
“La planta de desalinización El-Dyubail suministra a Riad (capital de Arabia Saudita, 7 millones de habitantes, el 20% de la población total del país) el 90% de su agua potable. Si esa planta, sus conductos y las infraestructuras energéticas asociadas resultaran seriamente dañados o destruidos, Riad debería ser evacuada en el plazo de una semana”.
Esa es la fragilidad real sobre la que se asienta el poder del Golfo. Y esa fragilidad es también la del orden que Washington intenta sostener con bombas y sanciones.
Este artículo fue escrito a partir de la investigación Errores de cálculo de Rafael Poch de Feliu, analista internacional.




