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Sí vienen por lana saldrán trasquilados

Por estos días el imperio toca tambores de guerra contra Cuba, su maquinaria mediática se articula para amplificar las amenazas de sus principales representantes a la vez que las entrelazan con medidas de influencia psicológicas dirigidas a tratar de hacernos sentir vulnerables, inferiores e incapaces de ofrecer resistencia al ejército que denominan el más “poderoso del mundo”.

Repiten que: el armamento que tenemos está obsoleto, la mayoría del pueblo ya no apoya la Revolución, los dirigentes cubanos ruegan a EE.UU. negociar, culpan al gobierno de la compleja situación económica actual, establecen paralelismos con lo ocurrido en otros países en los que el imperio logró someter a sus designios de manera rápida a sus dirigentes, entre otras manipulaciones y mentiras que difunden.

En el escenario actual la retórica y acciones estadunidense contra Cuba han venido escalando en su agresividad, incorporando a las medidas recrudecidas del cerco económico, comercial y financiero; el bloqueo petrolero, declaraciones sobre preparativos para concretar una agresión militar, reflotado viejas acusaciones infundadas sobre la posible utilización del territorio cubano para espiar a Estados Unidos o las dirigidas a crear la matriz de opinión de que nuestro país patrocina el terrorismo y un largo etc.

Los medios hegemónicos no se concretan solo a lo que hemos descrito, sino que también asumen un papel pudiéramos decir de azuzadores de Trump y comparsa para inducirlos a actuar contra Cuba, manipulando los rasgos de egocentrismo y megalomanía que caracterizan la personalidad de este, así como el odio visceral hacia la Revolución cubana que sienten nefastos personajes con cargos de poder como Marco Rubio.

Con esos fines usan realidades históricas que resaltan la importancia de Cuba, como el hecho de que ningún presidente de EE.UU. ha logrado destruir nuestro proyecto social durante 67 años, lo cual, según la metáfora utilizada por esa prensa, nos convierte en la guinda del pastel.

Nos quieren transformar y lo han dicho, en un consuelo para Trump cuando regrese con el rabo entre las patas de su aventura guerrerista contra Irán.

Esas distorsiones de la realidad o construcción de una alejada de lo que realmente reflejaría una apreciación objetiva del contexto y comportamiento del escenario físico, ha sido uno de los métodos preferidos de la administración Trump y sus principales escuderos para: desestabilizar países, justificar ante la opinión pública internacional sus agresiones a diferentes naciones, manipular a la sociedad norteamericana para que apoye esas acciones y evitar que emita un voto de castigo contra los republicanos en las elecciones de medio termino, sin olvidar que también las han usado para mover mercados y encubrir sus fracasos.

La mitomanía que padece el inquilino de la Casa Blanca es un factor determinante en el comportamiento fraudulento que caracteriza el discurso de él y su administración.

En el caso de Cuba todo ello es una especie de preparación artillera mediática orientada además de lo que señalamos al inicio a lograr el objetivo de, a través de la creación de una visión distorsionada y manipulada de la realidad cubana y de las causas que la condicionan, influir en el comportamiento del escenario físico para tornarlo favorable a sus intenciones de agredir a nuestro país con el menor costo político interno y externo, incluso con ganancias para los republicanos.   

Contexto en que ocurre esta escalada

Estados Unidos se encuentra enredado, cuestionado y aislado por la guerra que junto a Israel a desatado contra Irán, país que ha logrado no solo resistir la embestida militar de sus agresores, sino que ha podido dar una respuesta eficaz a esta y a la guerra mediática que le han declarado, caracterizada por narrativas triunfalistas divorciadas de la verdad con las cuales han estado bombardeando a su pueblo y al mundo.

Trump y sus acólitos llevan aproximadamente 6 semanas cantando victoria, lo que ocurre sobre el terreno los desmiente y les hace más difícil ocultar sus descalabros.  

Han tenido que negociar porque los misiles iranies continuaban cayendo en sus bases y en Israel, no han logrado reabrir el estrecho de Ormuz, por el contrario, sus acciones han llevado a hacer aún más compleja la situación en esta estratégica vía, por donde circulaba antes de que desataran su guerra contra Irán alrededor del 20% del comercio mundial de petróleo, lo que ha disparado los precios de este combustible he impactado negativamente de manera general en la economía internacional, incluyendo por supuesto en la de EE.UU.  

Además, la guerra, su prolongación, elevado costo sin que se avizore de manera confiable un final de la misma, les esta complicando el escenario interno.

Lo anterior se refleja en los resultados poco halagüeños de las encuestas para los republicanos sobre el posible comportamiento de los votantes en las elecciones de medio termino, el bajo nivel de aprobación del magnate que según los últimos sondeos se encuentra por debajo del 37%, las fracturas dentro de MAGA, el distanciamiento de importantes aliados con alta influencia mediática en el público interno, el impacto negativo de los insultos que Trump dirigió al Papa, considerando que, dentro de la sociedad norteamericana alrededor del 20% equivalente a unos 53 millones de personas profesan la religión católica, son factores que dibujan un panorama preocupante para los partidarios del peligroso orate.

Sí agregamos las tensiones surgidas con sus aliados europeos y la negativa de estos a acompañarlos en su aventura belicista, entonces, más que la imagen de un vencedor la que se conforma es la de un perdedor.

Una fiera herida resulta aún más peligrosa

Para Cuba está claro que, lo que está en juego es su supervivencia como nación libre y soberana y que el objetivo supremo de Trump es destruir la Revolución para convertirnos en una neocolonia.

En este escenario como dijera el comandante invicto, jamás un pueblo tuvo cosas tan sagradas que defender; por eso, solo tenemos una opción para preservarlas, luchar hasta vencer a quienes pretenden esclavizarnos, no hay de otra.

No podrán convertirnos en el consuelo de Trump, por el contrario, si viene por lana saldrá trasquilado. ¡Que nadie lo dude!, si al final nos agreden, van a tener que morder el cordobán. Cuba ni se rinde ni se vende.

Venceremos.

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