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Cuba y Nepal: Cuando el espejo geopolítico devuelve una imagen invertida (segunda parte)

Tras analizar el estallido social en Nepal, donde una prohibición gubernamental de las redes sociales encendió la mecha de un polvorón de frustración endógena, es inevitable que algunos intenten usar ese espejo para mirar a Cuba. Sin embargo, la imagen que devuelve es su inversa total.

Comparar ambos escenarios no solo es un error analítico, es ignorar la esencia misma de la confrontación histórica que vive la isla caribeña. Mientras la crisis en Nepal nació de las entrañas de un sistema político fracasado, la situación en Cuba se define por una agresión externa constante y una férrea voluntad de resistencia.

Reducir la complejidad cubana a un simple «malestar social» es un ejercicio de simplificación que ignora el elefante en la habitación: el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos desde hace más de seis décadas, un acto de guerra económica calcado del manual del imperialismo para asfixiar, hambrear y derrocar a un gobierno soberano que se atreve a ser diferente.

La diferencia fundamental: El origen de la crisis

En Nepal, el gobierno se desconectó de su pueblo. En Cuba, el gobierno y el pueblo están unidos frente a un enemigo común. La élite nepalesa es percibida como corrupta, inepta y ajena a los problemas de una juventud sin futuro. En Cuba, existe una voluntad política explícita y un mecanismo de diálogo permanente a través de las organizaciones de masas y las asambleas populares para enfrentar juntos las dificultades, a pesar de la monumental presión externa.

El pueblo cubano no es un actor ingenuo. Es un pueblo culto, con uno de los índices de desarrollo humano más altos de la región a pesar del cerco, que comprende con claridad meridiana que el principal obstáculo para su desarrollo no es su sistema, sino la bota que intenta aplastarlo. La escasez de medicamentos, las dificultades con los alimentos y los problemas energéticos tienen un nombre y un apellido: Bloqueo de los EEUU.

Internet: Herramienta de conectividad vs. Arma de subversión

En Nepal, prohibieron las redes sociales y cortaron el sustento digital de su juventud. En Cuba, a pesar de que el bloqueo dificulta y encarece astronómicamente el acceso a la tecnología y la infraestructura, el Estado ha trabajado para expandir la conectividad como un derecho del pueblo. El desafío aquí no es la prohibición, sino el acoso.

Lo que en Nepal fue una chispa interna, en Cuba es un constante torrente de propaganda y financiamiento externo dirigido a través de un «cluster subversivo» que, desde plataformas digitales, busca crear una matriz de opinión envenenada y estimular artificialmente un estallido social que justifique una intervención. Es la guerra no convencional en su máxima expresión.

La unidad como trinchera

La renuncia del primer ministro nepalí mostró la debilidad de un gobierno sin apoyo. En Cuba, la respuesta a los momentos de mayor tensión ha sido el reafirmamiento de la unidad y la lealtad a un proyecto de país soberano. No hay dimisiones en masa ni vacíos de poder. Hay, en cambio, una convicción compartida entre el gobierno y una inmensa mayoría del pueblo de que ceder ante la presión externa es renunciar a la independencia por la que se ha luchado y sacrificado tanto.

La resiliencia cubana no es ciega ni fanática; es fruto de la conciencia. Es la comprensión de que el verdadero objetivo del imperialismo no es resolver una crisis, sino crearla; no es ayudar al pueblo, sino someterlo para recolonizar la isla y borrar de un plumazo el ejemplo de dignidad que Cuba representa para el mundo.

Dos realidades, dos luchas

Equiparar Nepal con Cuba es un error categórico. Uno es el retrato de un Estado fallido por sus propias contradicciones internas. La otra es el ejemplo de una nación que, a pesar de enfrentar el asedio más feroz de la potencia más poderosa del planeta, se mantiene en pie, con la frente en alto, defendiendo su derecho a existir y a construir su propio destino.

La lección de Nepal es para los gobiernos desconectados de su pueblo. La lección de Cuba es para el mundo: que un pueblo unido y consciente, con una dirección política firme y legítima, es capaz de resistir los embates más duros y de escribir su propia historia, sin importar la fuerza del imperio que intente callarlo.

La batalla de Cuba no es contra su gobierno; es, junto a su gobierno, contra el bloqueo. Y en esa batalla, la victoria final, como la propia historia enseña, será de la dignidad.

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