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Una característica del imperialismo yanqui es su despiadada inclinación por causar daños y sufrimientos incontables a la humanidad. En la lista de sus bestiales atrocidades figuran los bombardeos atómicos a las indefensas ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, las horrendas masacres de la población civil durante las guerras de Corea, Viet Nam, Irak y otros sangrientos conflictos engendrados por Washington. En esta macabra lista también figura el inhumano bloqueo económico, financiero y comercial contra Cuba que durante seis décadas nos han impuesto por el simple hecho de no seguir sus hegemónicos dictámenes.  

A nivel planetario nadie duda hoy que el bloqueo económico y comercial de Washington contra Cuba –recrudecido por Donald Trump, es un crímen de lesa humanidad que puede ser calificado sin vacilar de genocidio. Las reiteradas votaciones de la comunidad internacional en las Naciones Unidas exigiendo a los Estados Unidos poner fin a esta vergonzosa aberración dan fe de lo que afirmo

 Sobre la conciencia de los gobiernos yanquis que desde el triunfo de la revolución han utilizado este cobarde método para tratar de poner de rodillas a nuestro país, pesa la inmensa culpa por todos los perjuicios y privaciones causados por ellos al heroico pueblo cubano.

Pero la administración del corrupto oligarca Trump ha llegado tan lejos en su vileza que la de sus antecesores sencillamente palidece ante su infame actuar.

Boicotear en medio de la pandemia que azota el mundo la asistencia humanitaria hacia un país que, no obstante, ha enviado personal médico a naciones de Europa, Medio Oriente, el Caribe, América Latina, Asia y África para colaborar en la lucha contra el coronavirus, además de ser criminal, es la mayor de las inmoralidades perpetradas por la Casa Blanca. 

En cuanto a ello, entre numerosos ejemplos se puede citar que a principios de abril, un cargamento con cien mil mascarillas y diez equipos para diagnosticar Covid-19 que eran enviados desde China hacia Cuba, fueron bloqueados por el gobierno de Estados Unidos. El paquete formaba parte de las donaciones hechas por la fundación del multimillonario chino, Jack Ma, hacia diversos países que enfrentan la pandemia, incluido Estados Unidos que, a la fecha, es el país con más muertes y enfermos.

Al respecto, el politólogo y sociólogo argentino Atilio Borón apuntó recientemente que el bloqueo económico, financiero y comercial impuesto por Estados Unidos a Cuba es el crimen de guerra más infame, por su maldad y duración.

En un mensaje difundido en su cuenta en la red oficial Twitter, Borón declaró que el bloqueo mata a la isla, tras señalar que ese cerco impuesto durante 60 años no tiene precedentes en la historia universal.

“Sólo Hitler es comparable a el presidente estadounidense Donald Trump. Si, pero Cuba sigue dando ejemplos de solidaridad internacional’, escribió en ese espacio.

El mundo se ha pronunciado sobre esta colosal infamia.

Apenas el coronavirus ascendía, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, reconocía la labor de Cuba por enviar a otros países a sus médicos, junto a su famoso retroviral Inteferón, el cual ha sido muy efectivo en el tratamiento de la enfermedad.

En tanto, el Consejo Mundial de Iglesias, desde su sede en Nueva York, exigía a Estados Unidos acabar con la asfixia económica contra Cuba y otros países asediados por Trump, como Venezuela e Irán.

Destacadas voces de todo el mundo  han demandado con fuerza en estos últimos días el levantamiento de esa medida unilateral de Estados Unidos en su intento de asfixiar a la isla, incluso con más restricciones en medio de la pandemia por el Covid-19, que impidió llegar donaciones desde China.

La cineasta Maria Torrellas también se sumó en esta jornada al urgente reclamo por el fin del bloqueo tras afirmar que son tiempos de cooperación y de unidad, no de bloqueos.

No puede ser en que estos momentos de pandemia mundial, Cuba siga sufriendo el bloqueo después de más de 60 años, que afecta a toda su población. Debe acabarse ya porque Cuba salva vidas y el bloqueo mata pueblos, expresó en clara referencia a la ayuda humanitaria que hoy brinda la nación caribeña a varios países afectados, con brigadas médicas desplegadas en los lugares con picos de contagio.

Renombradas personalidades argentinas difundieron en días recientes una carta en la cual califican de inhumana esta medida unilateral, piden levantarla ya sin ningún tipo de condicionamientos y señalan cómo el cerco económico, financiero y comercial se ha intensificado en los últimos meses contra Cuba y Venezuela, limitando la posibilidad de esos países de enfrentar con más herramientas la Covid-19.

Por su parte El presidente argentino Alberto Fernández también se ha referido al tema y en un encuentro virtual reciente con los líderes del G-20 expresó su preocupación frente al inhumano bloqueo impuesto a ambos países en medio de una pandemia como la que hoy enfrenta el mundo.

‘Acá no es una cuestión política, es una cuestión humanitaria, no digamos que nos interesa la vida del hombre si los condenamos a semejante orfandad’, dijo.

La mafia anticubana de Miami presiona a Trump

Algunos legisladores estadounidenses aliados a Trump dieron su versión; como los mafiosos Mario Díaz-Balart y Francis Rooney, quienes dijeron que el envío de médicos

por parte de Cuba a más de 30 países supone “explotar” la emergencia sanitaria para sacar “beneficio político”.

De inmediato, sus alevosos compinches Marco Rubio y Ted Cruzse unieron gozosos a esta burda maniobra, vociferando en el Congreso como si estubieran bajo el efecto de una droga, que había que tomar medidas drásticas contra Cuba, pues nuestros médicos eran en realidad peligrosos espías.

Un mensaje que fue contrastado por los países que integran la Comunidad del Caribe (Caricom), que agradeció a Cuba su solidaridad y pidió el cese del bloqueo en su contra; así como de la vocera de la ONU, Stephan Dujarric, quien reconoció los esfuerzos cubanos por auxiliar a otras naciones y reiteró el llamado de las Naciones Unidas a la “solidaridad global” en esta emergencia.

En este sentido, es necesario prestar atención a la relación que ha tenido siempre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con la «contrarrevolución» de Miami. «Estos grupúsculos de Miami, que también están insertos en toda la problemática política y económica de las clases poderosas de Estados Unidos y que cuentan para ello con Trump, para seguir ocupando espacios»,presionan al oligarca presidente para que adopte nuevas medidas injerencistas contra nuestra Patria.

El bloqueo una clara expresión de la Doctrina Monroe

Para precisarlo que está ocurriendo, basta recordar que los deseos de los gobernantes y los grandes intereses de Estados Unidos por intentar apoderarse de Cuba, no son nuevos. No se originaron el Primero de Enero de 1959, como algunos, interesados, pretenden hacer ver y creer.

En fecha tan temprana como el 23 de junio de 1773 (3 años antes de decretarse la independencia de las Trece Colonias), John Adams, segundo presidente de Estados Unidos (1797-1801), en carta a Robert Livingston, uno de los principales colaboradores de Thomas Jefferson en la redacción de la Declaración de Independencia y firmante de la Constitución de Estados Unidos por el Estado de New Jersey, expuso lo siguiente: “…es casi imposible resistir la convicción de que la anexión de Cuba a nuestra República Federal será indispensable para la continuación de la Unión”.

En 1787, Alexander Hamilton, Secretario del Tesoro, uno de los padres fundadores de esa nación, exhortó a que su país creara un gran sistema norteamericano, superior al dominio de toda fuerza trasatlántica, y para lograrlo recomendaba: «La creación de un imperio continental americano que incorpore a la unión los demás territorios de América, aún bajo el dominio colonial de potencias europeas, o las coloque, al menos bajo su hegemonía».

En 1805, Thomas Jefferson, tercer presidente estadounidense (1801-09), notifica al Ministro de Gran Bretaña en Washington que, en caso de guerra contra España por la posesión de La Florida Occidental, EE.UU. tomarían a la Isla, porque la consideraban una posición imprescindible para la defensa militar de Louisiana y La Florida.

 El 28 de abril de 1823, John Quincy Adams, secretario de Estado del presidente Monroe y su sucesor en el ejecutivo, escribió: “(…) es imposible resistir la convicción de que la anexión de Cuba a nuestra República Federal será indispensable para la continuación de la Unión y el mantenimiento de su integridad”; pero, como no considera oportuno actuar aún, diseña su teoría de la “fruta madura”, asegurando que cuando la isla se separara de España no podría sostenerse por sí misma y gravitaría hacia la Unión, “exclusivamente”. (Aquí no se cumplió la Ley de gravedad).

Por su parte, el 2 de diciembre de 1823, James Monroe, quinto presidente estadounidense (1817-25), en su discurso anual ante el Congreso de la Unión, expondría la estrategia de dominación regional que pasaría a la historia como: Doctrina Monroe, basada en el principio de «América para los americanos»… del Norte, se sobreentiende).

En 1845, se proclama la doctrina del Destino manifiesto: “misión histórica inevitable que le compete asumir a Estados Unidos de expansión agresiva”… porque «es nuestro destino manifiesto expandirnos por el continente que nos ha dado la Providencia».

En 1850, Millard Fillmore, decimotercer presidente estadounidense, sería el primero en sugerir medios armados para ejercer su política expansiva.

Sobre la base de esta descarnada doctrina imperialista han endosado sus “justificaciones” para inmiscuirse en los destinos de la Isla y sus habitantes, organizar agresiones de todo tipo y mantener su injusto y criminal bloqueo, tantas veces condenado en la ONU por amplia mayoría.

Un claro ejemplo de la materialización de esta política de anexión y rapiña hacia Cuba es la ilegal base naval norteamericana de Guantánamo, que durante muchos años desde su territorio se perpetraron innumerables crímenes y agresiones contra nuestro pueblo.

La tenebrosa política de Trump contra Cuba

Tras su arribo al poder el 20 de enero de 2017, el actual presidente Donald Trump inició de inmediato los pasos necesarios para desmontar todos los acuerdos entre el gobierno cubano y la Casa Blanca a partir de julio de 2015, cuando ambos países restablecieron oficialmente sus nexos.

En la mira de Trump están los votos que le podría aportar la Florida para la próxima contienda presidencial.

Una estadística reciente muestra que su gobierno aprobó más de 187 resoluciones hostiles a la economía antillana, decretando la activación del Capítulo III de la Ley Helms-Burton, que ningún presidente de Estados Unidos había considerado conveniente implementar.

La interminable lista de medidas como las sanciones económicas y restricciones, incluye entre otras la limitación de los vuelos de aerolíneas estadounidenses exclusivamente a La Habana sin poder llegar a otras ciudades; sanciones para los buque-tanques que transporten petróleo a Cuba o para los mercantes que lo hagan con mercancías desde o hacia la ínsula, luego de lo cual durante seis meses no podrán amarrar en ningún puerto de EE.UU.

También comprenden la prohibición de hacer tierra en cualquier puerto cubano a los numerosos cruceros que surcan el Caribe; sanciones a los bancos que intermedien en el comercio exterior; y limitación a las remesas que los cubanos residentes en territorio norteño puedan enviar a sus familiares.

Según los últimos estimados publicados por la cancillería cubana, sólo desde abril de 2018 hasta marzo de 2019, el bloqueo ha causado pérdidas a Cuba en el orden de los cuatro mil 343, 6 millones de dólares, y a precios corrientes, los daños acumulados durante casi seis décadas de aplicación de esta política alcanzan la cifra de 138 mil 843, 4 millones de dólares.

Durante todos estos años, no pocos estudiosos, prestigiosas instituciones internacionales y medios de prensa, se preguntan por qué la destrucción del sistema político cubano se mantiene como una prioridad para los sucesivos gobiernos norteamericanos.

La respuesta puede darse en pocas palabras: se trata del temor a que las naciones del continente quieran seguir el sendero de una Cuba aceptablemente exitosa e independiente, no alineada a los dictados de la Casa Blanca. Ahí está la raíz que explica la permanente escalada de la infamia.

Las nuevas medidas para recrudecer el bloqueo contra Cuba cosechan grandes fracasos

La Casa Blanca, y en particular la administración del corrupto presidente Trump, se pasa la vida incluyendo por rastreros motivos políticos a Cuba y otros países en espúreas listas de supuestas infracciones que le permiten justificar las agresivas medidas que adopta contra ellos. Además de la infame incorporación de nuestra isla en una relación de Estados que no cooperan en la lucha contra el terrorismo, el secretario de Estado, Mike Pompeo, y la asesora presidencial Ivanka Trump, presentaron el controvertido informe, que consigna a Cuba en la peor ubicación (nivel tres) y califica a las misiones médicas como un ejemplo de trabajo forzado.

Acudiendo una vez más a la mentira y la manipulación desvergonzadas, se intenta calificar a los programas cubanos de colaboración de salud con otros países como una práctica de «esclavitud moderna» y de «trata de personas».

Estados Unidos miente en su campaña contra la cooperación sanitaria internacional de Cuba, suscribió el pasado 26 de junio el presidente Miguel Díaz-Canel. En su cuenta en Twitter, el mandatario calificó de falsa, ilegítima y unilateral la lista sobre trata de personas en la que Washington incluye a la isla.

La «confusión»  descarada entre  salvar personas y  la trata de personas. El imperio miente y trata de confundir, su falsa lista es ilegítima y unilateral, sin fuerza moral. No soportan el ejemplo de Cuba.

Antes el canciller Bruno Rodríguez aseguró que el país caribeño mantiene una política de tolerancia cero contra la trata de personas, en respuesta los recientes señalamientos de Estados Unidos sobre las misiones médicas de Cuba que prestan servicios en numerosos países.

Rodríguez rechazó la inclusión de su país en el informe anual del Departamento de Estado sobre la trata de personas y ratificó el desempeño ejemplar de la isla contra cualquier modalidad de ese flagelo.

Este anuncio coincide con la intensa campaña de la administración de Donald Trump contra la colaboración de personal sanitario cubano en el mundo, alegando supuestas violaciones en su tratamiento y pago.

Sin embargo , estas medidas s´ólo han conseguido aumentar el repudio universal hacia el criminal bloqueo yanqui contra Cuba y el despretigio de la administración de Donald Trump por su brutal recrudecimiento.

Donald Trump, el “peor presidente norteamericano de todos los tiempos”

Mientras tanto, en Estados Unidos, un editorial de The Washington Post del cinco de abril califica a Donald Trump como el “peor presidente de todos los tiempos” por su gestión ante el coronavirus. Su país ya es el más afectado por la pandemia, a pesar de que fue alertado desde principios de enero por sus espías en China. Ahora, Estados Unidos ya tiene en la actualidad la mayor tasa de mortalidad en su historia (veinticinco por cada millón de habitantes) y las muertes podrían llegar a las 200 mil, una cifra mayor a la de los soldados estadounidenses muertos en todas sus guerras juntas. A pesar de eso, Trump insiste en que, si los fallecimientos no pasan de ese número, habrá sido “un muy buen trabajo”.

Al mismo tiempo, la tasa de desempleo en Estados Unidos se ubica alrededor del trece por ciento, la más grande desde la Gran Depresión que hundió a los estadounidenses en el hambre en 1939. Del mismo modo, las solicitudes de prestaciones por desempleo ya superan los diez millones; un millón más que los empleos perdidos durante la gran crisis del 2008. Pero lo peor es que el coronavirus avanza y 27 millones de estadounidenses no tienen seguro médico, destaca un reportaje de la BBC. Además, once millones de indocumentados están en el desamparo en un país donde un simple chequeo médico cuesta más de cien dólares.

Al respecto, el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, cuestionó el pasado viernes 7 de agosto a Estados Unidos (EE.UU.) por la falta de importancia que le otorga a la pandemia, mientras que en el país norteamericano se registran más de 5 millones de contagiados de coronavirus y casi 170 mil  fallecidos por la enfermedad. 

«Cuántas personas más -que podrían salvarse- tendrán que morir de Covid-19 para que el Gobierno de EE.UU. confiera al enfrentamiento a la pandemia la importancia

que merece», preguntó el funcionario cubano, en el marco de las constantes agresiones del Gobierno de Donald Trump. 

El canciller cubano afirmó que en lugar de atender la pandemia en su país, el Gobierno estadounidense «agrede a Estados e instituciones internacionales

que, como Cuba, asumen con solidaridad este desafío global». 

Queda claro que la megalomanía de Trump está llevando al desastre a cientos de millones de seres humanos dentro y fuera de Estados Unidos.

En lo que a ello respecta, nadie duda que el bloqueo norteamericano contra Cuba es la expresión más elevada de una política cruel e inhumana, carente de legalidad y legitimidad y deliberadamente diseñada para provocar hambre, enfermedades y desesperación en la población cubana. 

Por ello, es un acto de justicia elemental denunciar que impedir la ayuda hacia Cuba, un país que lucha ante el coronavirus, es un repugnante crimen.

Se afirma que Trump sueña con ser recordado por la posterioridad. En ese sentido pienso que puede estar tranquilo. Al igual que otros grandes genocidas de la historia, ¡lo será por sus innumerables infamias!.

fin

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