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En medio de la terrible debacle causada en los Estados Unidos por la pandemia del coronavirus, y mientras decenas de miles de encolerizados manifestantes desfilan por las calles de las principales ciudades norteamericanas gritando ¡basta de racismo!, ¡sin justicia no habrá paz!, el presidente Trump parece estar dispuesto a arrastrar al país con sus desquisiadas acciones a una desvastadora guerra civil.

Esta afirmación puede parecer a muchos como algo inverosímil. Pero, ¿sabía Usted que en opinión de prestigiosos analistas y politólogos, la sociedad estadounidense está tan fraccionada y polarizada que dentro de poco podría estallar en la misma una catastrófica confrontación de esta naturaleza?.

Así, el destacado analista ynternacional Adrián Zelaia vaticina “un clima de guerra civil larvada en Estados Unidos” tras el asesinato del afroamericano George Floyd a manos de un policía blanco.

Como se ha publicado, Floyd falleció después de que un agente de la Policía le pusiera la rodilla en el cuello durante 9 minutos; el asesinato de Floyd ha desatado una ola

de advertencias y condenas hacia la Administración del presidente estadounidense, Donald Trump, de tal modo que las calles de decenas de ciudades importantes de Estados Unidos han sido escenario de enfrentamientos entre las fuerzas militares y civiles.

En una entrevista dedicada la semana pasada a HispanTV, el presidente del grupo de consultoría español Ekai Center, Adrián Zelaia, ha aseverado que las elecciones presidenciales de noviembre “se han convertido en una cuestión aparentemente de vida o muerte entre las distintas facciones” que controlan tanto el Partido Demócrata como el Partido Republicano.

Pronunciándose sobre las medidas que podría tomar el presidente de EE.UU., Donald Trump, ante la indignación popular tras el asesinato de Floyd, el experto ha manifestado que lo que el mandatario norteamericano ha pretendido hacer hasta ahora es “esquivar los distintos retos que, a lo largo de su presidencia, se le han planteado desde el punto de vista de su imagen ante la opinión pública”.

Zelaia ha afirmado que Trump enfrentaría este reto concreto al recurrir, como siempre, a “maniobras de despiste” a través de distintas amenazas y distintas tensiones internacionales a fin de recuperar su imagen.

De acuerdo con el analista, ahora, en EE.UU., todos están enfrentados, los neoconservadores, la izquierda, la derecha, están tremendamente enfrentados, a lo que se suman las erráticas políticas de Trump.

Trump baja en sondeos frente a Biden en medio de protestas raciales

En la agitación social por la violencia racial en EE.UU., la aprobación de Trump cae, mientras el candidato demócrata a la Presidencia de EE.UU. toma ventaja. 

“Podemos esperar cualquier cosa; estamos por lo que sea en un clima de guerra civil larvada en EE.UU.”, ha manifestado al pronosticar que es posible que surjan amenazas de todo tipo en el ámbito interno e internacional, así como “provocaciones internas y externas” de todo tipo por cualquiera de los dos bandos, tanto republicanos como demócratas, a la hora de gestionar la opinión pública interna y beneficiarse de cara a las elecciones.

¡Trump se ha convertido en un dictador fascista!  

Los legisladores demócratas estadounidenses censuran a Donald Trump por sus amenazas de usar el Ejército para reprimir las protestas a nivel nacional. En este sentido, los legisladores demócratas estadounidenses han criticado a Trump por sus amenazas de emplear fuerzas militares con el objetivo de reprimir a los participantes en las protestas por el racismo y la brutalidad policial a menos que los estados siguieran su recomendación.

El mandatario estadounidense, quien se declaró a sí mismo el “presidente de la ley y el orden”,como si fuera un dictador, dijo que estaba tomando medidas presidenciales inmediatas para “detener la violencia y restablecer la seguridad en Estados Unidos” mientras las protestas por la muerte de Floyd continuaban por sexto día el lunes por la noche.

“Si una ciudad o estado se niega a tomar las medidas, entonces desplegaré al Ejército de Estados Unidos y resolveré el problema rápidamente por ellos”, amenazó Trump.

En reacción a las extremistas afirmaciones del mandatario norteamericano, la senadora demócrata de California, Kamala Harris, mediante su cuenta oficial de Twitter, y después de que los manifestantes pacíficos fueron reprimidos cerca de la Casa Blanca para que Trump pudiera posar para una foto, dijo que “estas no son las palabras de un presidente. ¡Son las palabras de un dictador!”.

Un presidente sin principios

Asimismo, varios legisladores demócratas censuraron la violencia policial bajo la orden del presidente republicano; al respecto, el líder demócrata en

el Senado de EE.UU., Chuck Schumer, desafió a través de la misma red social a Trump, preguntando: “¿Qué tan bajo puede llegar este presidente?”, en alusión

al uso excesivo de la fuerza por los agentes del orden.

“Sus palabras están vacías. Sus acciones revelan su verdadera naturaleza . No tiene principios”, puso de relieve Schumer.

Las manifestaciones en varias ciudades estadounidenses por la muerte de Floyd se encontraron con la brutalidad policial; las fuerzas militares usan gases

lacrimógenos, gases pimienta y balas de goma para dispersar a los manifestantes que denunciaban discriminación racial en la sociedad.

A pocos meses de las elecciones presidenciales, el Gobierno de Trump se ha sumido en una crisis de popularidad tras el asesinato de Floyd.

Las acciones de Trump pueden incendiar una guerra fraticida en EE.UU. 

La muerte de Floyd ha desencadenado protestas a nivel nacional y en todo el mundo. Diversas organizaciones de derechos civiles aseguran que el aumento de la violencia racial en EE.UU., en los últimos años, se enraíza en las políticas racistas del inquilino de la Casa Blanca que puede incendiar una guerra fraticida en ese país. 

El astro de la NBA, Carmelo Anthony, fue más lejos. A través de su cuenta de Instagram, el alero de Portland Trail Blazers acusó directamente al Presidente Donald Trump de buscar provocar una guerra civil dentro del país y de preferir su interés personal por sobre el hacer justicia con los policías que atacaron a Floyd hace 10 días en Minneapolis.

«Estados Unidos ha sido destruido y quemado. La Guardia Nacional está en guerra con los civiles. ¡Todo esto porque se niegan incluso a acusar a los oficiales que mataron a un hombre negro frente al mundo entero! ¡Preferirían perderlo todo antes que darle justicia a un hombre negro!. 

¡Trump está dejando que esto se hunda!», sentenció el deportista.

El “sueño norteamericano”: ¡pura fantasía!.

Muchos estadounidenses piensan que en la actualidad no queda nada del idílico “sueño americano”, si alguna vez existió en realidad, y que por el contrario  en su país han sido sembradas las semillas de una nueva guerra civil. En un artículo en USA Today, Glenn Harlan Reynolds, profesor de derecho de la Universidad de Tennessee, argumenta que esta nueva guerra, de hecho, ya está «en marcha».

Unas recientes encuestas que se llevaron a cabo entre la población de Estados Unidos muestran que el 31% de los estadounidenses considera posible una segunda guerra civil. Entre ellos, el 11% cree que es muy probable que el conflicto nacional tenga lugar en los próximos cinco años.

Algunos de estos analistas consideran que las erráticas y descabelladas políticas del presidente Donald Trump serían el detonante de esta conflagración.

Así por ejemplo, Maxine Waters, una demócrata de la Cámara de Representantes de EE.UU. y acérrima crítica del presidente, causó un gran revuelo cuando aseveró que el personal de la Administración Trump debería esperar hostigamiento en restaurantes, gasolineras e incluso ante sus hogares como forma de protesta por su política de inmigración.

No debería haber «ni paz ni descanso» para las personas responsables de que los niños sean separados de sus padres, una de las medidas de la política de ‘tolerancia cero’ contra la inmigración promovida por Trump, según urgió Waters a la multitud durante un mitin.

El miedo a la violencia puede llevar a la economía más poderosa de Occidente a la ruina o a la guerra civil. Según la encuesta publicada recientemente por Paul Bedard en las páginas del Washington Examiner, 59 por ciento de los estadounidenses teme la violencia de los que odian a Trump, y 31 por ciento predice, de plano, una guerra civil.

El malhadado empujón del presidente Donald Trump a la política migratoria de “tolerancia cero” en la frontera sur de Estados Unidos, especialmente la separación de 2.300 niños de sus padres y su encierro en auténticos centros de detención de criminales, ha revivido la división en un país en el que las divisiones suelen terminar en revueltas.

La última encuesta de Rasmussen Reports encontró que a seis de cada diez votantes “les preocupa que los que se oponen a las políticas del presidente Trump recurran a la violencia”. Y, agregó Rasmussen, 31 de cada cien votantes cree que “es probable que Estados Unidos experimente una segunda guerra civil en algún momento de los próximos cinco años”.

A tal nivel ha llegado el enfrentamiento que ya se han hecho públicas las exhortaciones de expertos legales para que los asesores de Trump soliciten los permisos de portación oculta de armas. Y si no las tienen, que las compren….pues los pueden matar. 

Mujeres y menores, los más preocupados

La encuesta Rasmussen destaca que “la mayoría de los votantes de todo el espectro partidista están preocupados por la violencia política de aquellos que se oponen a las políticas de Trump, aunque los Republicanos son los más propensos a estar muy preocupados”.

El nivel de preocupación es casi el mismo entre los republicanos, los demócratas y los votantes no afiliados cuando se trata de la amenaza de violencia por parte de quienes critican la cobertura de los medios de Trump.

Las mujeres y los menores de cuarenta años, están más preocupados por una posible guerra civil que los hombres y los votantes mayores.

Cuarenta y cuatro por ciento de la población afroamericana cree que una segunda guerra civil puede suceder en los próximos cinco años, una opinión compartida por 28 por ciento de la población blanca y 36 por ciento de otros votantes minoritarios.

Finalmente, la encuesta señala que los blancos –respaldados por el poder de los Republicanos en Washington—son quienes están “menos preocupados por la violencia política que los demás”. No obstante, los propios resultados de las encuestas creadas por Rasmussen Reports no es lo más sorprendente, indica la columnista del medio Vzglyad, Victoria Nikíforova. Lo llamativo es que el tema se haya filtrado en la agenda pública.

Hasta hace poco, temas relacionados a la segunda guerra civil en EEUU eran tabú entre los principales medios del país, pero las cosas empezaron a cambiar recientemente, afirman los columnistas.

De acuerdo con ellos, antes de que se empezara a hablar sobre el tema en los medios de comunicación, el modelado de un posible conflicto interno en Estados Unidos «era cosa de gente calificada de ‘conspiranoicos’, paleoconservadores, extremistas y otros adjetivos que subrayan su nivel de locura».

Sin embargo a juicio de Patrick Buchanan —anterior consejero de Nixon, Ford y Reagan, “EE.UU se está volviendo una caldera de furia, y no va a tomar mucho tiempo para que explote el caos».

Ningún escenario creíble vislumbra estabilidad alguna para EEUU que oscila entre el caos de una guerra civil y su balcanización. No es extraño por ello, añadió, que «muchos partidarios de Trump han sido atacados en varias ciudades con frecuencia alarmante».

La guerra civil que determinó la historia de EEUU

La guerra civil que tuvo lugar entre el 1861 y 1865 fue un evento constituyente en la historia de Estados Unidos. Así, «el temor de que se repita determinó casi todas las decisiones políticas del país». Según Nikíforova, en distintas épocas históricas predominaban distintas ‘fuentes de preocupación’.

A principios del siglo XX, la élite intelectual de EEUU consideraba que la próxima colisión civil tendría sus orígenes en las diferencias de clases sociales, explica. Esta percepción puede observarse en distintas obras literarias de aquel periodo. Entre sus autores estaban Jack London, John Dos Passos, John Reed y Upton Sinclair. Más tarde, en los años 1960, se temía a una guerra racial que cautivó las mentes de la población, algo que fue fortalecido por las protestas de los afroamericanos, por su lucha contra la segregación y la actividad de los ‘Panteras Negras’, señala Nikíforova.

«La absurda corrección política es una reacción a los turbulentos años 1960, cuando el país estaba al borde de una auténtica guerra racial,» añadió.

De hecho, los créditos baratos y extensos sistemas de ayudas sociales de la ‘reaganomía’ —término usado para describir la política económica del presidente Ronald Reagan— tenían por objetivo mejorar la situación de los «bajos estratos de la población de color» y prevenir así una guerra, explica la autora.

«Los motines a gran escala que tuvieron lugar en Los Ángeles en 1994 demostraron que la minoría afroamericana no perdió el odio hacia la mayoría blanca», añadió.

Según Nikíforova, para aquel entonces se cerraron los debates de una guerra civil, ya fuera de clases o racial. Los medios de comunicación prácticamente bloquearon cualquier discusión sobre este tema.

EEUU vive una guerra cultural, de clase y racial

A pesar de ello, hubo autores y expertos independientes que escribieron libros y artículos en los que analizaban los hipotéticos desenlaces de una futura guerra civil. De estas obras se proyectan algunos de los posibles escenarios del conflicto.

Guerra de razas

En 1997, Thomas Chittum escribió un libro titulado ‘La segunda guerra civil: la inminente fractura de América’. En su obra, el exmilitar y mercenario que sirvió en Vietnam, Rodesia y Yugoslavia, se explayó sobre el desmoronamiento de EEUU a causa de una crisis económica.

La ‘desmexicanización’ de California: entre el ‘Calexit’ y la balcanización

En su escenario, los afroamericanos se harían con el sureste del país estableciendo su capital en Nueva Orleans.

Al mismo tiempo, los mexicanos llevarían a cabo su propia ‘reconquista’ para tomar bajo su control California y todo el suroeste del país. La población blanca quedaría arrinconada en el norte y centro de EEUU, donde habría batallas con los enclaves afroamericanos.

La columnista señala que en 1997 nadie prestó atención al estudio publicado por Chittum y que no hubo ninguna reacción. No obstante, en la actualidad muchos de los lectores muestran su asombro en la página de Amazon del autor sobre la exactitud de sus previsiones.

Revolución naranja en EEUU

El periodista canadiense de origen egipcio, Omar El Akkad, escribió en 2017 un libro titulado ‘La guerra americana’ que, a diferencia de la obra de Chittum, fue bien recibida e incluso entró en la lista de ‘bestsellers’ de The New York Times.

En su obra, el autor intentó imaginar cómo la tecnología de revoluciones de colores, que EEUU usó con éxito por todo el mundo, funcionaría en el país norteamericano, cuenta Nikíforova. La conclusión a la que llegó en el libro es que no hay ningún obstáculo para que se repita el escenario de la primavera árabe en EEUU.

Las bandas criminales atizan el conflicto

De acuerdo con los analistas, las bandas criminales formadas en función de la pertenencia racial jugarán un importante papel en la futura guerra civil. Dichas bandas ya mostraron su peso durante los alborotos del 1994 en Los Ángeles, y tomaron bajo control casi toda Nueva Orleans cuando esta fue destruida por el huracán Katrina en el 2015.

«En el evento de una guerra real estas bandas controlarán regiones enteras del país.

El proteccionismo de EEUU les saldrá caro a los estadounidenses

Se destaca que el tema de la segunda guerra civil fue legitimado para los medios de comunicación después de la elección de Donald Trump. Según esta visión, los demócratas se decepcionaron hasta tal punto que rompieron su propio tabú. Como consecuencia, una serie de publicaciones en los medios de comunicación llevaron a un enfrentamiento entre la derecha e izquierda.

Según cuenta la precitada Nikíforova, fue entonces cuando se avivaron las discusiones sobre una inminente segunda guerra civil en los medios de comunicación. Dichos medios invitaban a expertos militares y discutían con toda seriedad el posible escenario de la guerra.

La CIA motor de una guerra civil.

Por su parte Kevin Shipp, anterior funcionario de la CIA, advirtió desde hace 8 meses la subrepticia guerra civil que se despliega en EEUU entre dos bandos: el ‘lado Constitucional’ y el ‘lado oscuro’ que en realidad son los neofascistas y partidarios de Trump .

En esta confrontación nacional aunque pueda parecer paradójico, la CIA es el motor principal ya que se desarrolla de acuerdo con su táctica favorita: “divide y vencerás”.  

El mismo Kevin Shipp, quien ha desnudado al Deep State, sentenció que los recientes avatares judiciales del anterior abogado de Trump, Michael Cohen, y de su anterior jefe de campaña Paul Manafort, constituyeron un «golpe de Estado fallido» cuando los principales multimedia de EEUU «encubren un documento falso del Departamento de Justicia».

Según Shipp, «Trump está confrontando al ‘gobierno en la sombra’ y al Deep State».

Antes de que el mismo Trump advirtiera sobre un colapso bursátil en caso de un triunfo de los Demócratas el pasado 6 de noviembre que pudiera desembocar en su ‘impeachment’, se han permeado altisonantes amenazas sobre un levantamiento de los numerosos partidarios del presidente, lo cual ha sido invocado tanto por su influyente consejero legal Rudolph Giuliani, guardián de los secretos del 11 de septiembre en Nueva York, en una entrevista con SkyNews, como por uno de sus peores enemigos, John Brennan, exdirector de la CIA en la etapa de Obama.

Los partidarios del presidente Trump aceptan a ciegas la teoría sobre la ‘cacería de brujas’ de parte del juez especial Robert Mueller, vinculado a los Bush, así como la desinformación repleta de ‘fake news’ de la aplastante mayoría de los multimedia de EEUU.

En referencia a las sanciones de EEUU contra Rusia, en una conferencia de prensa conjunta con su homólogo finlandés Sauli Niinisto en Sochi, el presidente Vladímir Putin comentó que «el problema no es solamente la postura del presidente estadunidense, sino también lo que se llama el ‘establishment’ que dirige a EEUU en el sentido amplio del término».

Estados Unidos sigue estando en un estado de guerra civil.

 No sólo una guerra civil, sino la guerra civil. En la primera vuelta, allá por los años 1860, la Confederación perdió. Sin embargo, ahora la Confederación está ganando temporariamente. Estados Unidos sigue siendo un país dividido por dos culturas.

Desde el principio, Estados Unidos ha sido un campo de batalla de dos visiones encontradas. El credo fundador de Estados Unidos era que “todos los hombres son creados iguales”. Sin embargo, la realidad fundadora era que los hombres blancos eran mucho más iguales que cualquier otro. Los hombres blancos tenían esclavos, les negaban el voto a las mujeres y se apropiaban de las tierras y de las vidas de los norteamericanos nativos.

Durante la Guerra Civil de 1861-1865, la Confederación esclavista, integrada por 13 estados secesionistas, fue derrotada por 19 estados del norte y luego ocupada por el gobierno federal durante una docena de años. Sin embargo, una vez terminada la “Reconstrucción” en 1877, el sur practicó enérgicamente un racismo sistémico durante casi un siglo, hasta que el Congreso norteamericano sancionó la Ley de Derechos Civiles en 1964 y la Ley de Derecho al Voto en 1965, principalmente con el apoyo de los demócratas del norte. A partir de ese momento, los votantes blancos del sur desertaron del Partido Demócrata en masa. Los republicanos abrazaron la llamada estrategia sureña, basada en resistir el ascenso de los afronorteamericanos y otros grupos minoritarios y en oponerse a toda legislación que les transfiriera fondos, estatus o poder.

Los republicanos así se convirtieron en el partido del sur y los demócratas, en el partido del noreste y de la costa oeste sobre el Pacífico, mientras que el medio oeste y los estados montañosos del oeste se volvieron regiones oscilantes. La región industrial de los Grandes Lagos tendió hacia los demócratas mientras que los estados agrícolas del medio oeste y los estados montañosos se inclinaron por los republicanos. Los estados del medio oeste y los estados montañosos también practicaron la cultura fronteriza de los colonos blancos que reprimía a los norteamericanos nativos y a los inmigrantes asiáticos e hispanos.

La propiedad de armas marca otra división entre los demócratas y los republicanos.

 La cultura de las armas del Partido Republicano refleja las mismas fuerzas culturales que forjan sus opiniones en contra de las minorías. En un libro brillante, Loaded, la historiadora Roxanne Dunbar-Ortiz nos recuerda que las “milicias bien reguladas” mencionadas en la Segunda Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, que consagra el derecho a portar armas, eran grupos de hombres blancos que asaltaban los pueblos norteamericanos nativos y perseguían a esclavos que se habían escapado.

Como sostienen contundentemente Avidit Acharya, Matthew Blackwell y Maya Sen en su reciente libro Deep Roots: How Slavery Still Shapes Southern Politics (Raíces profundas: Cómo la esclavitud sigue forjando la política en el sur), es el legado de la esclavitud y la segregación posterior a la Guerra Civil lo que dio lugar a la actual cultura política del sur. “Al interior de zonas donde antes existía un alto nivel de esclavitud”, demuestran, “es donde resulta más factible que los blancos se opongan al Partido Demócrata, estén en contra de la acción afirmativa y expresen sentimientos que podrían considerarse racialmente resentidos”.

Tanto antes como después de la Guerra Civil, los blancos pobres del sur aceptaban su condición inferior porque valoraban su superioridad sobre afronorteamericanos aún más desesperados.

La política racial así bloqueó la aparición de una política de clases, que habría unido a los blancos pobres y a los negros pobres para exigir más servicios públicos pagados con impuestos más altos a las elites blancas.

De los 26 senadores que representan a los 13 ex estados confederados hoy, 21 son republicanos y cinco son demócratas. De los 38 senadores que hoy representan a los 19 estados del norte de 1861, 27 son demócratas y nueve son republicanos (dos independientes, Bernie Sanders y Angus King, hacen cónclave con los demócratas).

 El presidente Donald Trump es una anomalía geográfica.

Trump es en realidad un racista pro-sureño de la liberal Nueva York. Trump, un defensor de la cultura sureña del hombre blanco, es rechazado por su estado natal (66% de desaprobación en  2019). Es más Mississippi que Manhattan.

La división cultural estuvo plenamente de manifiesto en las sesiones del Senado que recientemente confirmaron al juez Brett Kavanaugh para la Corte Suprema de Estados Unidos.

Los defensores de Kavanaugh en el Senado eran simplemente hombres blancos del sur y del medio oeste que evitaron el cuestionamiento de la prerrogativa de hombre blanco de Kavanaugh para beber y salir de juerga cuando era joven y, en cambio, atacaron a los acusadores del nominado. Mitch McConnell de Kentucky, un ex estado esclavista, orquestó exitosamente la confirmación de Kavanaugh. Lindsey Graham de Carolina del Sur, el primer estado esclavista en separarse en 1860, fue la defensora más agresiva de Kavanaugh en la Comisión Judicial del Senado y describió las acusaciones de ataque sexual contra Kavanaugh como “la farsa más inmoral desde que estoy en la política”.

John Kennedy de Louisiana, otro ex estado confederado, calificó las audiencias como “un espectáculo bizarro e intergaláctico”.

Los demócratas y los republicanos son partidos no sólo de culturas y regiones diferentes, sino también de economías diferentes. Los estados del noreste y del Pacífico lideran en alta tecnología, innovación, educación superior, trabajos bien remunerados e ingreso per capita. El sur está rezagado muy por detrás. Los hombres blancos de clase trabajadora del sur y del medio oeste no sólo defienden su estatus y sus privilegios raciales; también están peleando por sus empleos en industrias donde la automatización y el comercio exterior han erosionado constantemente el empleo.

Los blancos de clase trabajadora del sur saldrían muy beneficiados si abandonaran la política basada en la raza de los republicanos en favor de una política basada en la clase.

Después de todo, son las elites corporativas blancas, no los afronorteamericanos, los hispanos y otras minorías pobres, los que privan a los blancos de clase trabajadora de escuelas públicas de calidad, atención médica asequible y seguridad ambiental. Los senadores hombres y blancos del sur sacan provecho de la guerra de culturas en parte para proteger a los donantes ultra ricos de los republicanos, que disfrutan de los recortes impositivos corporativos y de la desregulación ambiental mientras que el partido les echa la culpa a los afronorteamericanos y a los hispanos.

La caída en la predominancia de blancos no hispanos en la población total probablemente haya ampliado la división cultural de Estados Unidos en los últimos 20 años. Y como se espera que los blancos no hispanos se conviertan en una minoría de la población total alrededor de 2045, la guerra civil en curso en Estados Unidos podría empeorar. No terminará hasta que los norteamericanos de clase trabajadora de todas las regiones, razas y etnicidades aúnen fuerzas para exigir impuestos más altos y mayor responsabilidad de parte de la elite corporativa rica.

«Ahora no se discute si habrá una guerra, sino cómo será», dicen los columnistas en vista de los eventos que tuvieron lugar en EEUU en los últimos años.

Hay una creciente desigualdad económica en el país, lo que empeora los conflictos raciales. Así fue durante el alboroto de Ferguson, donde la población de color «mostró su furia» matando a policías blancos.

Polarización de opiniones por los medios

Según analistas, toda esta discordia social se está reproduciendo en las pantallas de televisión de los estadounidenses, de una manera que parece estar exacerbando el problema. En el propósito de aumentar sus índices de audiencia, los medios de comunicación invitan a los expertos que postulan opiniones más polarizadas, para así generar aún más controversia y discordia.

En un artículo, se subraya que los medios que «promueven indignación ensordecedora en búsqueda de ‘rating’ y vistas de páginas, empeoran el problema» y recuerda una época en la que los estadounidenses podían estar en desacuerdo sin odiarse entre sí.

Es por ello que el historiador David Blight señaló la similitud de las circunstancias actuales con las que se observaron en vísperas de la primera guerra civil. En aquel entonces también hubo alborotos con ataques contra los policías, hubo una crisis migratoria y aumentaron los asesinatos.

Una tenebrosa perspectiva

La guerra civil de EEUU llevó a la muerte de entre 600.000 y 700.000 personas, lo que constituía más del 2% de la población del país. Si se proyectan estos datos a la actualidad, en la segunda guerra civil morirían al menos seis millones de personas , siempre claro que no se empleen armas nucleares por un bando para aniquilar a sus eventuales opositores.

Convencidos de que esta tenebrosa perspectiva puede hacerse realidad en cualquier momento, la ultrareaccionaria camarilla de la Casa Blanca hace esfuerzos desesperados por desviar la atención del pueblo norteamericano mediante maquinaciones de todo tipo, como la guerra comercial con China,los ataques a la OMS, la amenaza de los inmigrantes en la frontera con México, o convirtiendo a Cuba, Nicaragua y Venezuela en peligrosos enemigos a los que hay que eliminar con la ayuda de los lacayos de la región.

Es evidente que las contradicciones antagónicas inherentes al capitalismo neo liberal son la causa directa de los múltiples fenómenos negativos que estremecen hoy al decadente imperialismo yanqui.

Pero nadie duda hoy que con su irresponsable política, el racista Donald Trump arrastra poco a poco a su país a la debacle de una sangrienta guerra civil.

Baste recordar que en medio del proceso de juicio político en su contra, Donald Trump volvió a ser foco de críticas en septiembre del año pasado, por sugerir que si finalmente era destituido por el Congreso en Estados Unidos podría haber una nueva guerra civil.

El presidente norteamericano sugirió esa posibilidad tras retuitear desde su cuenta un mensaje del ultrarreaccionario pastor de Texas Robert Jeffress, uno de sus partidarios más fervientes desde 2016.

Aunque después de conocerse que durante las recientes manifestaciones de protesta en Washington Trump se escondió en un búnker de la Casa Blanca, se ha reforzado en la opinión pública la idea de que no es más que un vulgar cobarde, varios psicoanalistas consideran que el corrupto oligarca  está tan obsesionado con ganar las próximas elecciones presidenciales que para lograrlo, sería capaz de incendiar todo el país, al igual que hizo en el pasado con Roma el maniático emperador Nerón.

Si ello es así, ¡ojalá que el pueblo norteamericano sea capaz de ponerle a tiempo a este peligroso enajenado una camisa de fuerza!.

fin

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