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ESPECIALES

Las políticas del cambio y la cultura de la gestión de dirección circular

Desde hace tres décadas el mundo ha venido incorporando un intenso proceso de transformaciones en la incorporación de nuevas tecnologías e innovaciones que forman parte de lo a 4ta etapa o ciclo de la Revolución Científico y Tecnológica contemporánea.

Es cierto que una afirmación así, desprovista de un análisis previo, suena falsa. Y es porque este mundo tiene divisiones internas, socioeconómicas, culturales, políticas. Por eso acostumbro preguntar: ¿En este mundo, constituido por tantos mundos internos, a cuál de ellos nos estamos refiriendo?

En las relaciones históricas se fue conformando un entorno global injusto y plagado de dominación, relaciones de subordinación y explotación de potencias coloniales ayer, neocoloniales hoy.

Pero ya se abre paso, no sin grandes dificultades y brechas en el desarrollo y en  las relaciones internacionales, la globalización objetiva. No obstante, se va socializando el proceso de implementación de resultados de la Tecnociencia y la Innovación, pese a que lleva financiamiento y romper las  barreras proteccionistas de la propiedad industrial e intelectual, el monopolio de la comercialización y la transferencia tecnológica.

En tal contexto se abre paso la ciencia y la innovación de los países del Sur, entre los cuales nos encontramos. Cuba  padece además un injusto y genocida bloqueo reforzado de los EE.UU. contra nuestro heroico pueblo, con el objetivo de aplastar su Revolución victoriosa.

Pese a todo esto, luego de los estragos humanitarios y económicos de la pandemia, nuestro país ha trazado una política de recuperación gradual y nuevas acciones para el perfeccionamiento de la gestión de dirección basada en ciencia e innovación.

Ahora estamos abogando por un cambio cultural en la gestión de dirección de procesos sustantivos y complejos en todas las dimensiones de la vida económica y social de nuestro país. No es una tarea fácil y tiene grados de dificultades objetivas y subjetivas pues la resistencia al cambio en los modos de pensar y actuar, nos son consustanciales a los seres humanos.

Hay que desplegar la dirección por resultados, con indicadores de medición de eficacia, todo ello con la participación inclusiva y creciente de los colectivos laborales y de la población, cuando se trate de políticas públicas y, más aún, de políticas sociales de la Revolución.

Una gestión de dirección circular comprende tanto la dimensión económica en sus diferentes sectores, organismos de la administración central del Estado, empresas, entidades presupuestadas, mixtas, sector privado, inversiones extranjeras, convenios de colaboración y políticas financieras.

En la dimensión social se desarrollan complejas estrategias la Gestión de Dirección en Sectores y programas de la Revolución, más las políticas y programas sociales en múltiples esferas.

Aquí los sujetos de la dirección están confirmando las estructuras de dirección del sistema político socialista de Cuba y de la Constitución de la República aprobadas por el pueblo por el 86,7% de votos  válidos, en el 2019.

El contenido directriz de la Gestión de Dirección Circular contempla en su contenido el principio martiano y marxista leninista de hacer política desde el pueblo, con el pueblo y que todos los resultados lleguen al pueblo, que se escuche siempre al pueblo y a los colectivos laborales, en manifestación del fundamento popular, democrático, inclusivo y participativo en el ejercicio del poder político en la construcción del Socialismo.

Todo esto conduce a la promoción de los mejores, integralmente hablando, a la responsabilidad de servidores públicos con  tareas que tributen a la gestión del cambio de mentalidad, de todos los decisores, a una gestión de dirección por resultados, ya sea en la dimensión económica, tanto del sector social y la propiedad Socialista de todo el pueblo, como en el sector privado y sus diversas formas de expresión.

También abarca la dimensión social, educativa, cultural, política y las relaciones internacionales, entre otras, con amplia participación de cada órgano de dirección del sistema político socialista y con énfasis en los modos de actuación en la gestión de dirección circular, de los cuadros de la Revolución a todos los niveles y territorios del país.

Estos principios de la dirección son los que avalan la capacidad de renovación constante, de autocrítica constructiva, de rectificación de «distorsiones» en la implementación de las políticas aprobadas para la salida gradual de la crisis económica actual y para no dejar de avanzar hacia la construcción del socialismo próspero y sostenible, democrático y solidario que los cubanos nos merecemos. Ello nos conducirá, unidos siempre a nuestro pueblo, a la victoria.

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