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En una guerra de nuevo tipo… ¿se podrá «hackear» el cerebro humano?

¡Sí!, cabe toda la posibilidad de que algo así suceda. Mucho más en una sociedad cada vez más dependiente de las nuevas tecnologías.
Vulnerables somos todos. Niños, adolescentes, jóvenes y adultos. Esta «guerra cognitiva» no distingue de creencias, saberes, etnias o sexos. Para estos constantes ataques virtuales, todos clasificamos.
Pero… ¿por qué el enemigo invierte en algo tan «poco tangible»?
Sepa, que cada acción que usted hace o deja de hacer es comportamiento. Incluso, el vínculo que mantiene con cualquier dispositivo. Sus likes, comentarios y reacciones, son un reflejo de su personalidad. Demás está aclarar que el entramado del algoritmo donde nos recreados ha sido creado a imagen y semejanza de las conexiones neuronales de un cerebro humano.
En el comportamiento de una persona intervienen procesos básico y complejos desde el punto de vista cognitivo- afectivo. Sólo separables en el momento de su estudio científico y jamás, en un sujeto. De ahí que si se bombardea y distorsiona la atención, percepción, memoria con contenidos que emerjan como «cortinas de humo», entonces existirá un nocivo distanciamiento entre lo real y los «diseños online» de la sociedad en la que vivimos.
A esto súmele, que los procesos cognoscitivos básicos condicionan otros complejos como son el pensamiento y el lenguaje. Por transitividad, la concepción del mundo, los proyectos de vida, los valores, los ideales y otros. Atacar con materiales generados «hechos a su medida» será fácil para alguien que valiéndose de patrones matemáticos y cibernéticos conoce de «los usuarios» casi todo. Erigiéndose el negocio de «la información» como un lucrativo modo de sobrevivir en pleno siglo XXI.
¿Cuáles serían algunos rasgos comportamentales de este «hackeo»?

  • La confrontación con un@ mism@.
  • La asimilación acrítica de lo que se consume en Internet.
  • La negativa a pensar o razonar sobre una idea o situación.
  • La suplantación del contacto interpersonal por el virtual.
  • El negativismo y la sensación de caos.
    -El distanciamiento entre el YO y el «ideal del YO» que se le muestra a otros.
  • La dependencia a cualquier dispositivo y a la redes sociales.
  • El desapego a las raíces y a la Historia a través de la incorporación de pasajes sensacionalistas sin basamentos científicos de comprobación.

La sugerencia será siempre lograr que este consumo digital sea desde una perspectiva de SUJETO y no de OBJETO. Con responsabilidad y ética suficiente para evitar exposiciones innecesarias de la intimidad, la vida de terceros o las catarsis ante conflictos del desarrollo, por sólo mencionar algunos.
Se trata pues, de no hacerle el juego a un enemigo dispuesto a liquidar su salud mental y social si de lograr sus propósitos se trata. No se trata de un puzzle de Facebook, se trata de su bienestar psicológico y el de su familia. Las redes sociales digitales siempre serán más que acciones y reacciones. En algún momento se convirtieron en un novedoso mecanismo para manipular y crear «en consecuencia» una situación X, antes determinada como real.
Por raro que parezca, piense que su cerebro, ya no es un bastión inexpugnable. Le corresponde a usted dar al traste con lo que por mucho, pudiera ser un «hackeo psicológico» en una guerra de nuevo tipo.

Redacción Razones de Cuba

Trabajos periodísticos que revelan la continuidad de las acciones contra Cuba desde los Estados Unidos.

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