Biden pierde legitimidad. ¿Cuáles son las causas?

Una investigación publicada a inicios de este año en el periódico Washington Post reveló que aproximadamente un tercio de los estadounidenses niegan la legitimidad de la elección del presidente Joe Biden, en 2020.
La pesquisa, a cargo de la Universidad de Maryland, arrojó que el 36 por ciento de los entrevistados no confiaban en la victoria justa del actual mandatario. Si bien la mayoría de la muestra estuvo compuesta por votantes del Partido republicano, los resultados también muestran el aumento del criterio negativo entre demócratas e independientes (3 y 6%, respectivamente).
Cada vez es mayor la cifra de estadounidenses descontentos con la gestión de Biden, con un descenso significativo de su índice de popularidad en los últimos dos años.
¿Qué ha pasado en la «democracia más antigua del mundo» ─según ellos mismos, claro está─ para que los niveles de desaprobación alcancen montos tan alarmantes?
Expertos hallan un origen multicausal para este fenómeno.
Para el analista internacional Samuel Losada, egresado de la Universidad de Belgrano, este fenómeno es multicausal. A pesar de las promesas de Biden sobre un supuesto regreso al funcionamiento «normal» de la democracia, tras la desastrosa administración anterior, el escepticismo de los votantes no ha parado de crecer durante su mandato.
Las grietas en la sociedad estadounidense se profundizan a cada minuto, con la polarización extrema del electorado. Esas diferencias de criterio encuentran reflejo en los partidos políticos, identificados usualmente con una serie de valores y creencias. Cada vez confían menos unos en los otros.

En palabras del analista, la realidad plasmada en las redes sociales digitales complejiza el contexto social, pues cada bando cuenta con sus propias cámaras de eco, compuestas por medios de comunicación, amistades, etcétera, que solo confirman sus propias opiniones», evalúa.
«Eso ha producido que, si bien comparten un país, parecieran que viven en realidades totalmente distintas, generando una fricción y una animosidad muy profunda hacia todo lo que sea del otro bando», añade
Vemos el ciclo repetirse una y otra vez. Durante el gobierno de Donald Trump, fueron los demócratas quienes defendían la invalidez del presidente electo, con numerosas protestas bajo consignas como «No es mi presidente» y una fuerte campaña para la eliminación del Colegio Electoral».
En ese entonces, la prensa se llenó de teorías conspirativas e investigaciones judiciales de funcionarios ligados al Partido Demócrata que intentaban probar una supuesta colusión —que jamás logró ser acreditada— entre el equipo de campaña de Trump y Rusia para lograr el triunfo en las urnas.
Para Losada, factores como el enfrentamiento directo entre facciones, la judicalización de la política y el punto álgido que representó el asalto al Capitolio exhiben que «la convivencia democrática de EE. UU., que nunca fue particularmente exitosa pero que podía al menos presentar la fachada de que lo era, ha sido dinamitada«, califica.
Otras causas de la pérdida de legitimidad recaen sobre el propio mandatario. Primeras planas de medios de prensa siguen hablando del comportamiento delictivo de político y su hijo Hunter, donde las acusaciones involucran desde drogas hasta el cabildeo con firmas internacionales.
«Si bien la culpabilidad de Biden y su familia con respecto a un presunto enriquecimiento ilícito no ha sido probada todavía formalmente, los reportes detallando influyentismo al más alto nivel y obstrucción de la justicia han mostrado al presidente en una luz muy negativa, lo que intensifica el deseo de los ciudadanos de no aceptarlo como un presidente legítimo», valora el especialista.
En contraste, los cargos legales han aumentado la popularidad de Donald Trump, incluso en sectores tradicionalmente adversos, como latinos y afroamericanos. Losada explica: «Está claro que la mayoría de la ciudadanía cree que se trata de un uso faccioso de la justicia para impedir que Trump sea candidato en las próximas elecciones, y esto está haciendo que Biden pierda apoyo y credibilidad, y el expresidente gane».
Se trata de escoger «el menor de los males». Aunque, a estas alturas, ninguna de las dos opciones cumple con los parámetros morales y éticos para considerarse válidas.
Los saldos de desconfianza por sus dirigentes emulan con hitos como el rechazo a la Guerra de Vietnam, el escándalo de Watergate y la invasión a Irak, «donde la corrupción del Gobierno de Estados Unidos y sus prácticas expansionistas quedaron al descubierto y generaron un gran repudio».
«Ahora, la polarización extrema, lo que la ciudadanía sospecha es una profunda corrupción de Biden, además de su desastrosa política exterior financiando dos escaladas bélicas internacionales y una economía muy mediocre, todos estos factores parecen estar anunciando un nuevo cimbronazo político en Estados Unidos, lo que explica la desesperación de la Casa Blanca de revertir los malos números de Biden. Aunque es posible que sea demasiado tarde», vaticina Losada.