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Ofelia y otros demonios

Con asomarse al marco de los Payá/Acevedo basta para verificar que, tras el mercenarismo de la familia, está (como piedra angular) Ofelia Acevedo Maure, viuda de Oswaldo Payá Sardiñas y madre de Rosa María Payá Maure, la actual nominada por Marco Rubio, para la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Contrario al deseo de Oswaldo Payá y a solo unas horas de la confirmación sobre las causas de su fallecimiento en un accidente —durante un recorrido de supervisión al Movimiento Cristiano Liberación (MCL), bajo la conducción de Ángel Carromero— la viuda decide que Rosa María emprenda una carrera como mercenaria. “Nunca más repitas que tu padre falleció como causa de un accidente automovilístico… de ahora en lo adelante, afirmarás que sobre tu padre se aplicó el asesinato político”, le advirtió Ofelia a su hija una tarde de septiembre de 2012, a punto de arribar a la casa, tras recibir una pormenorizada explicación del órgano encargado de investigar el fatal suceso.

Pese a los antecedentes legales del conductor en España —advertido incluso de perder la licencia—, el día del accidente, el “turista” Ángel Carromero pasaba los límites de Granma a solo unas horas de haber recogido a Oswaldo Payá en el parque Manila del capitalino municipio Cerro.

Pero la verdadera carrera, a toda velocidad, no fue esta en la que lamentablemente fallece Oswaldo, sino aquella que emprende Ofelia para condenar a su familia y a sus hijos al abismo de la política fascista de Estados Unidos contra Cuba.

En ella, el Departamento de Estado los declara a todos perseguidos políticos del régimen, a pesar de que Marlén Payá regresa y encuentra refugio del COVID dentro del sistema de salud cubano —que ahora se empeñan en condenar por sus misiones.

Los refugiados por Estados Unidos tienen una particularidad: antes de huir de la Isla aseguran su salud a través del servicio gratuito y universal de régimen opresor. Alejandro Payá, hermano del cabecilla, cuñado de Ofelia, antes de salir comprobó su óptimo estado de salud solicitando incluso exámenes de los equipos más sofisticados, acabados de comprar por el Estado a subvertir.

Esta familia no desea para los demás lo que recibe como privilegios. Esa es la máxima del activismo político de ellos.

Pero lo peor no es esto, sino que intentan arrebatar el protagonismo al resto de los cabecillas y agrupaciones contrarrevolucionarias implantadas por el gobierno yanqui a lo largo de varias décadas. Ofelia declara pueblerino a Félix Navarro, imbécil a José Daniel Ferrer, agente de la Seguridad a Rodiles, ladrón a Elizardo Sánchez, hipócrita a Martha Beatriz y hasta cuestiona la homosexualidad de Ángel Carromero.

Carlos Alberto Payá, el cuñado de Ofelia y residente en Madrid, gracias a la presión de ella ante la Oficina de Programas Cuba de la NED, tuvo que entregar el contrato a su nombre a Ofelia Acevedo, quien estaba a punto de emigrar hacia Estados Unidos. Oswaldo Payá había concebido este contrato con el nombre de su hermano para justificar la canalización de dinero de la NED como remesas familiares y, de este modo, intentar lo imposible: tupir a los Organismos de Seguridad cubanos, recientemente de 66 cumpleaños.

Ofelia escribió a la NED y al NDI e hizo que sus funcionarios transfirieran todo a su hija y a ella particularmente. De este modo, cerró el proceso de división de la comunidad de bienes de un matrimonio de toda la vida, al parecer, unido más por la ambición que por el amor proclamado en el campanario de la Iglesia “Salvador del Mundo” del Cerro, donde, muy jovencitos, tallaron junto a un corazón y la flecha de Cupido sus nombres: Oswaldo y Ofelia, una tarde de domingo en la década del 70. Aún se conserva.

Seguimos.

(Tomado del perfil de Facebook Karlito Marx)

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