En medio de las políticas de deportación impulsadas por Donald Trump —que han fracturado familias y comunidades—, resurge una pregunta ancestral: ¿Qué es la patria?
Para Cuba, tierra de idas y regresos, la respuesta no cabe en un mapa ni en un discurso. La poeta Excilia Saldaña, en su diálogo «Abuela, ¿qué es la patria?», nos recuerda que la patria es un tejido íntimo de memoria, afectos y lucha. Hoy, ante el retorno forzado o voluntario de miles de cubanos desde Estados Unidos, urge tejer un ambiente conciliador: uno que abrace a los que parten, a los que vuelven y a los que esperan.
La Patria no es un punto en el mapa… El poema de Saldaña reinterpreta los símbolos patrios para revelar una verdad universal:
«La patria es la tierra y la luz y la lengua y los muertos y los vivos y el poema que aprendimos de niños en la escuela […] Es tu vecino más cercano y el desconocido que se aleja».
Para los cubanos deportados o retornados, este verso es esperanza. Muchos llegaron a EE.UU. buscando «luz», pero hoy regresan a una Cuba que, aunque herida por la crisis económica y las tensiones políticas entre dos naciones, sigue siendo el sillón donde la abuela contaba historias, la mesa donde se sirve el café compartido. La patria es más que un gobierno y una bandera: es el olor a mar, el sonido de una rumba en un solar habanero, la mano que se extiende para reconstruir lo perdido.
Las políticas de Trump han convertido a miles de cubanos en fichas de un tablero geopolítico. Entre 2017 y 2021, las deportaciones desde EE.UU. aumentaron un 300%, dejando familias divididas y sueños rotos. Pero en este drama, hay una oportunidad ecuménica:
Para los retornados: Volver no es fracaso. Es reencontrarse con la tierra que, aunque imperfecta, guarda las raíces de su identidad.
Para los que se quedaron en Cuba: Acoger sin juicio… El «desconocido que se alejó» merece compasión, no reproches.
Para la diáspora: Romper el estereotipo de que el exilio es traición. Como dice Saldaña: «La patria también es luchar por la humanidad entera».
Cuba enfrenta un desafío histórico: integrar a quienes regresan sin rencores. Esto requiere políticas inclusivas, acceso e información a empleo y salud para retornados, sin estigmatización.
Diálogo intergeneracional: Los abuelos que vivieron la Revolución y los nietos que regresan deben hallar un lenguaje común. Los más sano, en estas circunstancias es recibir a los que se fueron y a los que volvieron, como partes de un mismo pueblo.
Ejemplo inspirador: En Santiago de Cuba, la comunidad de «Hijos de la Migración» organiza talleres donde se comparten experiencias, fusionando el inglés con el son cubano. Allí, la patria se hace tangible: es el pan partido, el abrazo que sana.
El ecumenismo no es solo religioso: es la capacidad de ver en el «otro» un reflejo de uno mismo. Los líderes políticos, aquí y allá podrían aprender del verso final de Saldaña: «La patria es el pasado y el futuro y el hoy que construye y crea».
O, en palabras de Makarios, arzobispo en Australia de la Iglesia Ortodoxa Griega, podemos vernos “desde afuera”: «Cuba es pequeña y por eso es tan grande. Cuba es un lugar de ecumenismo, son muy pocos los que existen en el mundo igual que Cuba. Por eso, a pesar de las dificultades que enfrentamos en estos tiempos, quiero decirles que se sientan orgullosos de ser cubanos. Tienen una rica historia, una rica cultura, tienen de todo y no necesitan comprarle a otra nación para sentir que tienen historia y cultura. Es de ustedes. Siéntanse orgullosos de su patria, de ser cubanos.»
Por ello, en lugar de usar a los migrantes como arma ideológica, exijamos a EE.UU. que detenga las deportaciones masivas y regularice a quienes aportan décadas de trabajo, y, por igual, invoquemos a la diáspora a tender caminos, no muros.
La patria no es un lugar estático: es el niño que vitorea ideales en hombros de su padre, pero también el joven que cruza el mar en busca de futuro. Al recibir a los retornados, Cuba no solo abre sus puertas: reafirma que la patria es, ante todo, un pacto de humanidad.
Como escribió Saldaña, la patria es «la noche»: oscura, sí, pero también un manto que cobija a todos bajo las mismas estrellas. En este viaje de regreso, solo el amor puede ser brújula.
Nota final: Este artículo no ignora las complejidades políticas de un fenómeno que se sostiene en el tiempo, pero elige centrarse en lo que nos une: el derecho a tener un hogar, incluso si está hecho de fragmentos de aquí y de allá.
No somos ingenuos, siempre llegará alguna que otra oveja descarriada… también las tenemos acá, quizá, son las que hacen recordar a Martí con “nuestro vino, agrio…”
Inspirado en el poema «La Noche» de Excilia Saldaña (1946-1999), voz esencial de la poesía cubana.
(Tomado del perfil de Facebook La mala palabra+)